Chile: Un país sin bastante filosofía

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Tomando en cuenta la inquietud de periódicos impresos que el fin de semana publicaron apologías de la filosofía, la propuesta del Mineduc para retirar la asignatura del plan común en Enseñanza Media y fusionarla con otras ha generado un debate ingente. Si bien cuando se recortaron horas de Historia la cobertura no fue tan agresiva de parte de los rotativos, desde todos los flancos y sin importar su base ideológica se critica el trato que desde el ministerio se está dando a la asignatura, una opción que criaría a jóvenes dinámicos y efectivos en el mundo competitivo, pero analfabetos si se trata de reflexionar, una de las consecuencias más alarmistas que se han esgrimido.

Pero, ¿tiene realmente la filosofía ese lugar prioritario en la enseñanza chilena que refleja el editorial oportunista, por ejemplo, de El Mercurio? Somos un país de poetas y de nuevos narradores, si hablamos de tendencias actuales, no de filósofos. Así lo dictan méritos de fama mundial, como los dos premios Nobel, la explosión de las editoriales independientes o intervenciones artísticas mínimas que no están a la vista pero que son simbólicas, como un dibujo que descansa en una muralla perdida de Cartagena en donde se despliega un mapa que enumera a cada escritor y poeta que conforma el desvaído y hermoso Litoral de los Poetas (ese de Couve, Huidobro, Jonás, Parra, Neruda).

Chile no es ni ha sido un país de filósofos y no se ha destacado jamás en el área. Ahora bien, resulta curioso que algunas publicaciones intenten reflejar esa realidad tras la polémica. Lo cierto es que aleccionar con la obra de San Agustín y Santo Tomás de Aquino bajo el brazo es una de las estrategias de ciertos colegios y universidades para colar, a través de sus contenidos, doctrinas religiosas a los matriculados. Es preciso detenerse, ser escéptico y dudar de esas intenciones si es que se unen los cabos y se puede concluir que no hay un interés real para que los alumnos salgan pensando con criterio desde la ancha puerta de sus escuelas.

Pero no, no somos un país que piense filosóficamente ni que en realidad le preocupe institucionalmente este tema. Sin embargo, es romántico defender a la filosofía y recordar a Sócrates abnegando de los dedos acusatorios de los jueces de la polis. De hecho, si miramos al barrio cercano de la literatura parece ser que bastantes aspirantes o escritores chilenos actuales no tienen una formación filosófica sólida propiamente tal, donde Nietzsche es el más vanguardista y Putnam un desconocido. Es que para crear literatura no es necesario, en teoría, subirse a los hombros de gigantes de los que hablaba Newton. Sumado a que las mallas curriculares a nivel académico, tanto en las licenciaturas de filosofía como en literatura, están atrasadísimas y se acaban muchas veces en autores de finales de los 90.Filosofía

Para encontrar retazos de la importancia de la filosofía en la enseñanza universitaria, basta recordar una escena: un profesor de la Universidad de Chile detiene en seco las ansias de sus alumnos de dieciocho años por leer las imprescindibles recomendaciones del sabio que se para en frente, cual club de lectura enardecido. ¿Por qué? Para su decepción, lo primero que les hace leer es la Poética y la Política de Aristóteles más La República de Platón, cuyo contenido desconocen pero que en profundidad conforma nociones esenciales de los primeros teóricos de la ficción. En esta lectura transcurre su primer semestre y muchos terminan por decepcionarse. Es esta la importancia de la filosofía que propugnan eminencias académicas y que finalmente se imparte. Sin embargo, con filtros significativos (estudiantes de Literatura) y tardíamente. No para todos ni menos a tiempo.

Hasta ahora, la enseñanza de la materia en plan común se ha delimitado a unas tres horas semanales que son casi una anécdota y a profesores con buena formación y voluntad, pero con escasas oportunidades de desarrollo laboral. La afrenta a la formación filosófica a nivel estatal, entonces, no es algo nuevo, y la defensa se da más fuertemente desde grupos de docencia que desean conservar su fuente laboral. No debe sorprender la imagen del chico de tercero medio que conversa con su amigo y le dice que entre susurros han filosofado más de la vida en las dos horas lectivas que escuchando a su profesora de filosofía, una mujer que ronda los cincuenta años, evidentemente decepcionada de su opción laboral que, además de una breve mención a Phineas Gage para ilustrar la fenomenología —un caso que desmenuza olímpicamente por clases y clases— se limita a dar nociones de psicología y del psicoanálisis de Freud, Edipos y Electras mediante, para llamar la atención de sus alumnos. Esta imagen de profesor(a) de Filosofía es muy común y oscila entre la caricatura y la realidad, donde la variable del psicoanálisis puede reemplazarse en algunos colegios con libros de Cuahtémoc Sánchez.

Con todo, no hay que negar que las inquietudes y desasosiegos a temprana edad pueden encontrar regocijo en el Fedro o en la obra de Kierkegaard o Schopenhauer, e incluso en existencialistas como Camus o Sartre, ideas que competerían contra las ofertas simplistas de la industria de la autoayuda en algún alumno transido; es el pensamiento crítico, una de las razones por las cuales la enseñanza de la filosofía en el plan común es importante. Desde el otro costado, se puede alegar que la filosofía no es imprescindible, aunque las grandes obras de sus estandartes puedan significar un camino particular para alguien que admire la historia del pensamiento humano.

El primer concepto del átomo es responsabilidad de Demócrito. Otro presocrático, Anaxágoras, sostuvo en el siglo V a.C. que la Luna era una roca que reflejaba la luz del Sol. Las identidades trigonométricas y la geometría, que bastantes horas ocupan a los estudiantes en Matemáticas, son entendibles hoy gracias a los teoremas de Pitágoras y Tales de Mileto. Para llegar a concebir su teoría sobre las especies, Darwin debió de leer lo suficiente sobre filosofía natural. Los grandes cismas ideológicos y el derrotero de la historia del siglo XX tienen sus raíces en la obra de Marx, Engels y Smith… ¿No resulta evidente que todas las ramas del conocimiento humano existen gracias a que alguien filosofó?

Si pasamos de la obra de Giannini o de la autopoiesis de El árbol del conocimiento, esa obra fundamental de Maturana y Varela, Chile no es reconocido precisamente por su tradición filosófica y no ha sido inicio de grandes corrientes, es cierto, pero fundir a la asignatura con otras del plan común es un despropósito manifiesto y nada perdemos con aseverarlo. Solo por una cuestión de pensamiento, de aprender a razonar e hipotetizar, de metodología mental, de asunto vital si se quiere, que ya es suficientemente importante. Averroes, el filósofo andalusí, lo dijo con claridad: “La filosofía no es más que el examen de los seres existentes”. Si hoy se quiere estimular el progreso y la técnica en un país como Chile en detraimiento de las humanidades, tomar decisiones como esta puede condenar a la pobreza de reflexión a sus próximos ciudadanos y a la relación entre ellos, agregándole más incompetencias a un sistema educacional que desde hace décadas está roto. Y como se sabe, sin reflexión no hay crítica, y sin crítica la enseñanza se minimiza a un mero traspaso de conocimientos que deberán ser aplicados sin cuestionamientos.

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