Hienas (Eduardo Plaza)

Hienas

Por: Matías Claro

Hienas (2016)

Eduardo Plaza (1982)

Editorial Libros de Mentira

ISBN 9789569136207

103 páginas

“…yo seguía habituado a que los amores y los amigos no tardaban mucho tiempo en desaparecer” (pág. 49).

En el cuento que da nombre al volumen (“Hienas”), dos niños se hacen amigos en las largas y tediosas semanas de vacaciones de verano. Están en esa edad en que son demasiado grandes para algunos juegos, pero demasiado chicos para otros. Por eso, para pasar el tiempo, queman objetos: cuadernos, ropa vieja, pelotas rotas y descosidas. El fuego los distrae del sol, de los padres, de mirar a los autos pasar por la calle, del aburrimiento. Pero tal como cuando arde un bosque, el verdadero incendio está en las raíces de la adolescencia y la adultez que ellos apenas comienzan a sentir.

Aunque son ocho relatos independientes, bien podríamos decir que en los cuentos que componen Hienas existe un solo personaje principal. Es decir, el protagonista de las ocho historias es —de alguna manera— siempre el mismo: a veces un niño, a veces un adolescente que crece en Coquimbo; otras un hombre joven que trabaja y encuentra o pierde parejas en Santiago.

Estén o no conectados, los cuentos de Hienas se construyen sobre la resignación, sobre la “conformidad y tolerancia en las adversidades”. Por ejemplo, un joven en Coquimbo camina por la playa en vez de ir a clases a la universidad, y cuando lo descubre su madre, él no dice nada y al día siguiente sale de nuevo a caminar (“Mariposa”); un hombre que, al describir la relación con su mujer, dice que “…las cosas habían resultado de ese modo y si bien no era lo que habíamos esperado, tampoco era un martirio” (“Teresa”); un niño que intenta jugar fútbol con sus compañeros, se paraliza en una jugada y lo putean, por lo que se sale de la cancha trotando despacio: prefiere ir a tirar piedras al estero que seguir jugando el partido.  La resignación de que hay ciertas cosas que no te van a ocurrir nunca. O, peor, que ya no te ocurrieron.

Quizá el cuento que mejor resume este tono es el que primero citamos. En “Hienas”, el narrador y protagonista es un niño que vive en Coquimbo y que conoce a Miguel Rodewald, otro niño que junto a su familia viaja desde Temuco para pasar sus vacaciones allá. Durante cuatro veranos coinciden, se hacen amigos y pasan el tiempo dejando “marcas de zapatillas en las puertas blancas de las casas más bonitas” o quemando cualquier porquería que cayera en sus manos. Pronto, el narrador explica que “…llegó uno de esos febrero y ya no estuvo más. No volvieron. Nunca le pedí su teléfono, para qué, si nosotros no teníamos, no todos tenían por esos años. ¿Acaso pensaba llamarlo? Y fin. Los niños de la playa vivíamos siempre con ese destino precario: hacer amigos que desaparecían”. Y así es como su amigo desaparece varios años, hasta que se reencuentran: Rodewald trabaja en Santiago y está casado con Beatriz, una rubia, también de Temuco, que no conoce a nadie en la capital. El narrador, Miguel y Beatriz, pasan las siguientes semanas reuniéndose a diario, recordando sus historias de niñez: “…como las historias de alguien más. No éramos sino testigos de esos niños. Nosotros éramos hombres. Hombres tan lejos de nuestros cuentos como lejos de nuestras casas”; hasta que Rodewald —ahora sí— se va para siempre. En una ciudad que habían tomado prestada y que ahora ninguno quiere dejar, Beatriz y el protagonista se enfrentan a la soledad, tratando de aceptar que las cosas habían resultado de ese modo. Pero ese es otro juego, uno para el que nunca se es demasiado grande.

En su primer libro, Eduardo Plaza (La Serena, 1982) presenta un conjunto de historias pulcramente escritas, donde aborda la infancia y la adultez temprana de personajes perdidos, aislados y sometidos a las experiencias tristes de la vida. Ante ellas, los protagonistas apenas pueden oponer una resistencia frágil que se sostiene —como ya dijimos— en la resignación, incluso en la indolencia. Nosotros, los lectores, no podemos hacer nada, salvo acompañarlos en su pesar.


Matías Claro es conductor del programa de radio “Libros a la cancha”, un espacio de fomento a la lectura mediante los vínculos entre literatura y deporte (Facebook / Twitter / Instagram)

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