Bernardita Ojeda Labourdette: “El problema es que leer acentúa el ermitaño natural que es uno”

 

Créditos: Camilo Mendoza, www.mesagrafica.cl
                           Créditos: Camilo Mendoza, www.mesagrafica.cl

Bernardita es antropóloga, escritora y una lectora famosa por su voracidad. Su perfil en Goodreads acumula más de 12.000 volúmenes leídos, y una de las más detalladas listas de novela gráfica e historieta chilena; además mantiene un blog con consejos, noticias y ofertas para los cazadores de libros. Acá nos cuenta sobre su trabajo como guionista de premiados cómics, el mercado literario nacional y la lectura como pasión.

Junto a Ismael Hernández en el arte, publicaste ya dos tomos del cómic Varua Rapa Nui. ¿Cómo concebiste esta obra? ¿Desde tus recuerdos de niña viviendo allá o con la distancia de tus estudios en antropología?

Fue un trabajo por encargo de la editorial Rapa Nui Press, quienes me ofrecieron escribir un cómic que pudiera servir como introducción a la cultura e historia de Isla de Pascua. Traté de imaginar qué podría interesarle a alguien que conoce un poco sobre Rapa Nui y cómo podría contar la historia. Me decidí por la forma más práctica: de manera cronológica destacando algunos eventos importantes que sirvieran para motivar a quien lo leyera a saber más sobre la isla, o incluso animarse a viajar y conocerla. Cuando volví a los años de infancia que viví allá, pensé en cuáles eran las cosas que recuerdo mejor (porque me impresionaron mucho: el mar parece un espacio infinito, las cavernas, la sensación de soledad, entre otras) y cómo podría esto relacionarse con los estudios de antropología que tuve muchos años después. Traté de pensar en mí como “un otro” que estaba mirando una historia que le parecía muy lejana y a la vez familiar, y contar esta historia de la mejor manera posible, sin tener que sacrificar mucho rigor histórico.

En alguna entrevista afirmaste que un buen cómic nace de una comunión perfecta entre el guion y el arte. ¿Cómo consigues eso? ¿Cómo transmites tu panorama verbal a lo gráfico?

Primero trato de tener muy claro el tema principal de la historia. Luego escribo sobre el desarrollo de los personajes y me esfuerzo mucho en que sean claramente distinguibles y tengan una motivación o motivaciones que sean el vehículo para el tema principal, a favor o en contra. Luego trato de escribir un guion literario lo suficientemente evocador como para que el dibujante logre imaginar lo que se está describiendo. Trato de agregar descripciones detalladas, cuando algo en la historia no es muy común o el dibujante no tiene por qué saberlo. Luego escribo el guion técnico y también, aunque mi dibujo es pésimo, hago siempre storyboards con palitos para tener claro cómo se mueven los personajes dentro de la viñeta y cómo se arma cada página de la historia. En este caso, como es un cómic que tiene un trasfondo histórico, trato de adjuntar ejemplos (tatuajes, vestimentas de la época, incluso fotografías y grabados tradicionales como referencia).

¿En qué clase de escritora rehusarías convertirte? ¿Hay alguna forma de aproximación a la literatura que veas en nuestro ambiente que te provoque rechazo?

Me molestaría escribir cosas en las que no creo solo porque “hay que escribirlas, es el momento”. Por ejemplo, cuando aparecen con que es el momento de la novela fantástica “a lo Harry Potter, a lo Crepúsculo, a lo Tolkien”… y también tener una idea, no tener tiempo y pedirle a otra persona que la escriba y firmar yo.

Las redes sociales suponen un nuevo escenario para el escritor: hay una nueva forma de exposición, posicionando a algunos incluso como presuntos líderes de opinión. ¿Qué opinas de esto?

Me gusta que en Chile, aunque pensemos que no, siempre los escritores han tenido opinión y tribuna, como columnistas en diarios. Antes Jenaro Prieto y actualmente Roberto Merino o Leonardo Sanhueza, por ejemplo; en programas de radio o incluso hasta en la televisión. Lo que creo que ha pasado es que las redes sociales han amplificado la atención hacia quienes están atentos a la contingencia, son rápidos para leer algunas noticias importantes y están actualizando y subiendo información permanente, que no son todos, porque requiere mucho trabajo e inteligencia que además permita posicionar tu trabajo como inseparable de tu persona, con los beneficios y riesgos que eso trae.

A veces se nos olvida que la información que se comparte en redes sociales tiene una vida muy breve y eso permite que quienes tienen buenas “cuñas” sobresalgan un poco más. Pero dudo mucho, salvo algunas excepciones, que los escritores en general sean reales líderes de opinión.

En el año 2015 la producción fantástica nacional ha marcado récords de ventas (pienso en Logia de Francisco Ortega o Historia secreta de Chile de Baradit). ¿Cómo ves el panorama actual del género? ¿Crees que dure más que como moda?

No clasifico ni a Logia ni a Historia secreta de Chile como obras fantásticas. Creo que, salvo honrosas excepciones, la producción de fantasía nacional es bastante pobre y sigue anclada en clichés del género que se van actualizando a medida que pasan los años. Independiente que el género fantástico tenga un canon, la producción fantástica nacional todavía no marca récord de ventas.

Creo que lo que sí ha sido récord de ventas —sin gran sorpresa— son las novelas o libros de no ficción que tienen como argumento central la historia de Chile. Pienso no solo en Logia o en Código Chile, que para mí son thrillers históricos, sino en novelas en la más pura tradición de Adiós al Séptimo de LíneaHuáscar o Un veterano de tres guerras, el cómic Los años de Allende y, claro, Historia secreta de Chile, como libro de no ficción y fenómeno de ventas.

Pienso que no es una moda y, por lo mismo, va a durar y a evolucionar. La novela histórica tiene mucha tradición en la historia de la literatura chilena, incluso si incluimos el gusto por la trivia y por la historia en general, lo que explican las ventas de la Premio Nobel 2015: Svetlana Alexiévich. Estos años han formado un sustrato interesante para seguir rescatando la memoria y la historia de Chile. Seguramente vendrán más trabajos parecidos (viene La Catedral Antártica e Historia secreta de Chile 2, sin ir más lejos), ayudados por el boca a boca y la televisión, que se ha dado cuenta que son temas que a la gente le interesan, que siempre le han interesado y que dan rating. En esta revisión me resulta interesante que quienes han escrito bestsellers históricos no son justamente historiadores de profesión: hay un diseñador, dos periodistas, un ingeniero hidráulico y un abogado, lo que da un gran mensaje a la academia: la gente quiere saber más, hay un interés transversal y no hay por qué pelear espacios.

Asimismo, la publicación y editoriales de cómic han crecido enormemente en la última década, afinando y generando cada vez mejores obras. ¿Cómo notas a esta —aún pequeña— industria y sus creadores?

Creo que estamos bien. No hay una industria todavía, aunque en realidad pocos países a estas alturas la tienen, pero hay editoriales tradicionales apostando por este género (como Catalonia y Hueders, con éxito) y editoriales exclusivamente de cómic que han apostado por editar material chileno y extranjero con distintos modelos de negocios, y les ha ido bien. Esto sin olvidar el formato del webcómic, que ha permitido que muchas personas talentosas muestren su trabajo y los contacte una editorial para publicar en papel. Hay muchas y muy buenas ferias de cómic e incluso destaco dibujantes que a punta de mucho esfuerzo y perseverancia, han publicado en el extranjero, logrando vivir de manera exclusiva de su trabajo, incluso ganando un Eisner, como Gabriel Rodríguez.

 Eres reconocida como lectora vehemente, de aquellas que acaban un par de volúmenes al día. ¿Cómo llegas a la literatura? ¿Cómo obtienes ese gusto voraz?

La lectura, para mí, es una pasión y, como todas, es difícil de explicar a quien no la comparte. Es EL momento que tienes para ti, para pensar, para imaginar, para aprender, para emocionarte, para llorar, para reírte, todo. Antes tenía la preocupación que nunca alcanzaría a leer todo lo que quería y por eso terminaba hasta las novelas que me parecían malas, pero con los años ya creo que sale más a cuenta terminar novelas que me parecen buenas y seguir el método de siempre cuando descubro un autor que me parece increíble: leer su bibliografía completa, leer sobre su vida y así descubrir sus autores favoritos, sus influencias y leer sobre ellas, y así seguir el ciclo. Es tener una genealogía interminable de las primeras novelas y temas que amaste.

Sobre lo mismo, ¿cómo concilias tu vida laboral con la escritura y la enorme cantidad de lectura diaria? ¿Cómo son tus jornadas en este aspecto?

Es bastante complicado, siempre bromeo con mi vida funcionaria: trabajo de lunes a viernes de 9:00 a 18:00 (algunos días salgo más tarde). A eso le sumo el trabajo de manera freelance, haciendo informes de lectura para algunas editoriales y traduciendo. Trato de robar horas al sueño y los fines de semana; armando parches de tiempo para poder leer, y aprovecho todos los tiempos muertos posibles: cuando estoy en una sala de espera, en la fila de un banco, cuando viajo en metro, cuando espero a alguien. Como tampoco la idea es estar encerrada en casa leyendo, trato de juntarme con mis amigos, ir al teatro, al cine, a la ópera, hacer otras cosas. El problema es que leer acentúa el ermitaño natural que es uno y de cierta forma hay que obligarse siempre a salir, porque lo más cómodo es quedarse en tu casa, leyendo.

Se suele hablar del pésimo hábito lector del chileno como un correlato del alto precio de los libros: ¿cuál es tu posición al respecto?

No estoy de acuerdo con el lugar común que no se lee porque los libros son caros. Mi familia nunca tuvo mucho dinero y leí y sigo leyendo muchísimo, gracias a las bibliotecas públicas, bibliotecas de amigos y libros digitales. Lo que falta siempre son las ganas y el tiempo, la gente tiene jornadas laborales demasiado extensas, los traslados son muy largos y es difícil animarse a leer así.

El otro lugar común al cual le creo un poco más es eso de  “no puedo comprar libros (que no es lo mismo que leerlos) porque son caros”, el cual tampoco es tan cierto: le puedes encargar a los amigos que viajan, comprar en saldos, comprar libros usados, comprar por Internet. El problema que enfrentas acá es el espacio, dónde ir guardando los libros que compras. Los departamentos nuevos con suerte tienen espacio para que entren muebles.

Participaste en el libro Por la razón o la fuerza: Nuestra historia con Star Wars, que recopila testimonios con esa saga. ¿Qué otras influencias has recibido? ¿Qué películas, música, etc., han influido en tu escritura?

No sé si se reflejen en mi escritura necesariamente, aunque seguro algo se cuela. Soy muy fan del cine mudo (siempre menciono a Buster Keaton, que me parece un genio), del cine negro y de algunos cineastas como Takeshi Kitano. Hay películas que he visto mil veces, como Arizona Dream de Kusturica, After Life de Hirokazu Koreeda o Laura de Otto Preminger. Y películas animadas como El último unicornio.

De música tengo un sustrato base familiar con The Beatles y cantantes de tango como Julio Sosa y Carlos Gardel, donde se fueron añadiendo Blossom Dearie, Dean Martin, Andrew Bird y The Cure, entre otros.

Un autor o libro clásico que te pareció decepcionante.

Nunca enganché con El guardián entre el centeno. Nunca. Otro libro con el que no me pasó nada fue La conjura de los necios.

Hay una frase, atribuida a Malraux, que señala que en París había intelectuales que no sabían ni abrir un paraguas. ¿Cuál es tu relación con el trabajo convencional? Si no fueras escritora, ¿qué estarías haciendo hoy?

Creo que sería guía turística.

Recomiéndanos un buen vídeo.

Buster Keaton, The art of the gag:

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