Una sensación extraña (Orhan Pamuk)

Una sensación extraña (2015)

Orhan Pamuk (1952)

Penguim Random House Grupo Editorial

ISBN: 978-956-9766-00-8

636 páginas

Una sensación extraña es una novela inmensa, no solo porque  sobrepasa las seiscientas páginas sin agobiar al lector, sino  especialmente porque se trata de una obra que se enmarca en la tradición literaria de aquellas novelas que pretenden ser totales, de relatar todos los vericuetos de la vida de un hombre, y cabalmente desenmadejar no solo su historia, sino que cada uno de los recovecos de la mente de sus personajes, o al menos de su protagonista y del mundo en el cual ha vivido.

En Una sensación extraña nos encontramos principalmente con la historia de Mevlut Karataş, desde que nace hasta casi su vejez, cuando se ha jugado todas las cartas de su vida y parece haber definido qué es lo que ha pretendido, para qué ha servido su existencia, si es que esta ha tenido algún sentido. La historia se desarrolla en Turquía, entre 1954 hasta el año 2012 y durante todo el tiempo seguimos el desarrollo de Mevlut. Él es un hombre particular. Podemos definirlo como un hombre de otro tiempo: nació en un pequeño poblado y muy joven migró a la Estambul premegalópolis, donde se convirtió en vendedor callejero de yogurt y pronto en vendedor nocturno de boza, una bebida tradicional turca con un escaso grado alcohólico, con el cual se burló durante años la prohibición religiosa de beber alcohol. Es, como antigualla, lo que en nuestro país podría equivaler al ya extinto vendedor callejero de tortillas, ese que abunda en las crónicas de la primera mitad del siglo pasado y en tantos relatos de Manuel Rojas. O incluso podría asimilarse al también antiguo voceador de motemei. Por supuesto que eso convierte a Mevlut en un hombre pobre, en un momento del país en que este bullía y comenzaba a progresar a zancadas, dando cuenta de un avance que no se detiene ni espera a sus habitantes, que es tanto con ellos como a pesar de ellos. Y es justamente ahí donde radica la belleza de esta novela: en aquella historia pequeña que contiene todo un mundo que cambia, en la anécdota de este anacrónico comerciante, empecinado en mantenerse vendiendo un producto que la gente compra apenas por nostalgia, como un resabio de algo que ya no existe, gracias a la extraña sensación que les produce a los mayores la triste voz de aquel hombre que lleva un yugo sobre sus hombros, del que cuelgan tal vez treinta kilos o más y con los que recorre kilómetros cada noche, voceando sus productos. Mevlut camina mientras su vida se desarrolla; él se fuga con una mujer, Rayiha, sabiendo que jamás podrá pagarle al padre la dote que se acostumbra en Turquía a cambio de la hija. Pero pronto recibe el perdón paterno y se casa como es debido. Pero incluso ese matrimonio, que lo hace tan feliz, nace de un error: él pensaba que se fugaría con la hija menor del hombre y en cambio se ha marchado con la mayor.

Algunas noches, cuando las nubes se cernían bajas sobre Estambul, reflejaban esa luz amarillenta de la ciudad y parecían extrañas lámparas que la iluminaran desde arriba. (…) Mevlut sintió que las luces y las sombras del interior de su mente eran como el paisaje nocturno de la ciudad. Quizás por eso llevaba cuarenta años recorriendo las calles por las noches vendiendo boza, sin importarle lo poco que pudiera ganar. (pág. 615)

La ciudad es un personaje importantísimo, tanto o más que el propio Mevlut; la ciudad como componente en constante cambio, como lugar inestable que esconde una promesa de progreso, de fortuna para tantos que como él han migrado desde los poblados menesterosos, consiguiendo muchos de ellos su objetivo, fracasando otros tantos, porque la vida siempre juega aquel juego violento en el que, para que algunos triunfen parece ser necesario que otros pierdan, fracasen. En algo más de cincuenta años Estambul pasa de ser una ciudad pobre a una repleta de rascacielos, transita de parecer un poblado mayor a ser una megaciudad. Pero Mevlut apenas sí cambia. Mevlut más bien resiste, con su sensación extraña de estar buscando algo que no sabe qué es, sabiendo que su propia existencia debe ser la respuesta a una pregunta que no conoce, que sus hijas, su mujer, su padre y madre, el tiempo que se queda sobre todos ellos y hace que vuelva a estar solo no tienen ninguna respuesta, a pesar de a veces ser feliz, como cuando niño recién llegó a Estambul a vivir en una chabola, en una casa de una sola habitación, nada más que con cuatro paredes y su pobreza.

Estambul. La ciudad que crece. Mevlut que envejece. Un cúmulo de personajes, familiares, amigos entrañables que mueren por razones no bien aclaradas, por política, por conveniencia. Por el desarrollo económico de un país.

Una sensación extraña es una novela total, una de aquellas que aspira a imitar a otras grandes novelas que no solo quieren desenmarañar una anécdota o un cúmulo de estas, sino que a partir de un hombre pretende contar la vida de toda una sociedad, como emulando aquella frase de Tolstói: “describe tu aldea y serás universal”. Porque sí, la historia de Mevlut, el vendedor anacrónico de boza es el relato de la evolución social de un pueblo, de una nación, la historia política de un país, la historia humana pequeña que se repite, con sus diferencias y bemoles, entre territorios. Mevlut es un hombre que cruza la cordillera. Es el grito nocturno del vendedor de tortillas. El motemei calientito que se ofrece en un canasto. El aroma de un lugar conocido, a pesar de que este se llame Turquía y se encuentre a miles de kilómetros de distancia. Porque describir tu propia aldea es describir la universalidad del hombre, Una sensación extraña consigue ser una novela total.

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