Los entornos de la edición (Guillermo Quintás Alonso)

Los entornos de la ediciónLos entornos de la edición (2014)

Guillermo Quintás Alonso

JPM Ediciones

ISBN: 9788415499244

162 páginas

Guillermo Quintás Alonso es doctor en Filosofía de la Universitat de València y docente de enseñanza media y superior. Con estas dos marcas de desempeño, más su experiencia como director de colecciones sobre educación universitaria y enseñanza de la Filosofía, el autor ha llevado a cabo una serie de columnas en el Aula de Edición de la Universitat de Valencia, refiriéndose en ellos a temas tocantes al manejo de la cultura —y los libros por extensión— en las administraciones gubernamentales sucesivas en España y al irrespeto de la propiedad intelectual, un aspecto cultural que según su criterio se está pasando a llevar con descriterios constantes.

Este libro reúne esos artículos y los ordena en cuatro acápites: “Oficio de editor”, “Propiedad intelectual”, “Libros de texto” y “Ante la edición universitaria”. En cada uno de ellos se evidencia la pluma mordaz de este profesor, quien no esconde nunca su posición crítica tras el telón de una postura políticamente correcta, una comodidad (incómoda) que en las palabras del autor brilla por su ausencia.

Una de las primeras ideas que expresa y sostiene durante el transcurso del texto es la importancia que confiere al editor en cuanto a su rol dentro del desarrollo cultural de una sociedad. Discurre ante quienes piensas invisibilizar o anular su rol, ya sea por ignorancia o desidia, arrimándose desde un primer momento a la corriente por la cual transitarán sus argumentos: los editores no son meros difusores de libros ni mucho menos bases de datos. Por algo están ahí, y no precisamente para leer lo que les gusta y publicar basándose en ello. Si no fuera por su existencia, el saber después del franquismo se habría estancado en la censura de las aulas cerradas, y en ese ámbito cumplieron un objetivo fundamental desde los editores privados hasta los de texto y universitarios, que ampliaron los conocimientos de quienes iban a legarlos en sus respectivas materias.

Con un prólogo del director del Departamento de Contenidos y Servicios de red del Grupo Anaya, este libro fluye entre la docencia en las salas de clases y las aristas que definen la transmisión de ideas y conocimientos, englobando, por lo mismo, la inclusión de las TIC’s, redes sociales y la edición en soporte digital. En los nuevos contextos en los que tienen que insertarse las publicaciones y las estrategias para producirlas, en tanto garantes de la cultura, llama la atención que el autor no defienda la supervivencia del libro en papel con el argumento nostálgico que se utiliza usualmente. En cambio, toma un índice económico, lo analiza y matiza los términos para superar el advenimiento de este nuevo paradigma que no provocará un cambio total ni mucho menos una extinción del libro en papel: los productos culturales representan el no despreciable 2,6% del PIB de la Unión Europea, otorgando empleo a cinco millones de personas. Con esto, va más allá de la importancia de los libros como antiquísimos elementos portadores de la sabiduría, y aterriza la idea de la lectura como elemento constitutivo de una industria cultural que funciona dentro de una industria más grande, la nacional. Y critica a los gobiernos que tan rápido como se dan el relevo, relegan el sector cultural.

Ante estos temas un docente siempre ha de tomar posición; es más, como docente de Filosofía reitero que la desafección por el libro y la lectura, tan duramente sentida en la actualidad por los editores españoles, está relacionada, sin duda alguna, con un sistema educativo que ha reducido año a año los espacios escolares de la lectura, que no forma lectores ni habitúa a buscar los interlocutores en las bibliotecas. Nuestro sistema educativo no coloca a los sujetos en posición de lectores; le basta con que los estudiantes repitan lo dicho por el profesor y, por supuesto, premia la repetición fiel; no la pregunta, sea torpe o sagaz.

Un aporte indudable del profesor Quintás es su presentación de la propiedad intelectual como un concepto difuso y un derecho a defender del cual se dice mucho sin conocimiento de causa. Toma precauciones frente a los alarmistas que profieren el fin de la cultura; no titubea al decir que el futuro esplendoroso que promete la tecnología como medio de difusión no debería derribar el respeto por el medio de subsistencia de los creadores, su obra.

Los entornos de la edición posee directrices prístinas y sin velos, cuyo fondo no se esconde bajo presiones que llaman a la corrección de las posturas para centralizarlas. Apunta a los discursos demagógicos por los políticos (de todo color) que prevarican en nombre de la relamida palabra cultura y finalmente no provocan nada sistemático en las organizaciones que la deberían modelar por el bien de la sociedad y la educación. Y, por igual, fija la mirada en servicios como Google, que “democratizan” las ideas de redactores, investigadores y periodistas y que, por supuesto, elevan gracias a esto sus tarifas de publicidad, una de las muchísimas verdades incómodas que pueblan el texto.

Un libro que es un llamado serio al debate de ideas, pero sobre todo al rigor.

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