El Clímax (Daniel Busquets)

El Clímax

El Clímax

Daniel Busquets (Barcelona, 1953)

Editorial Desbordes (Santiago, 2015)

ISBN 978-956-358-849-1

 

El uso de drogas ha provocado, aparte del placer mismo de utilizarlas, una amplia línea de literatura. En toda la obra de Carver las borracheras siempre aparecen, las crónicas gonzo no pueden tener otra base que los psicotrópicos y el ícono preadolescente de Bukowski no se entiende sin sus excesos.

La Editorial Desbordes, regentada por el poeta Gonzalo Geraldo, publica El Clímax del catalán Daniel Busquets. A pesar de no ser popular, se nos informa en la solapa que Busquets no es nuevo, publicando principalmente en España. Esta es su primera edición en español, luego de que El Clímax fuera impreso en catalán en 2013. Se trata de una colección de breves poemas que dibujan las posibilidades de las drogas y sus efectos brillantes y terribles, de la noche y sus personajes subterráneos. “Si nuestra relación con el mundo es en parte metafórica, qué pensar de esta proliferación espectacular y fantasmagórica de una virtualidad alucinada”, dice el autor en el prólogo, consiguiendo en esa virtualidad abrir el ojo (y la voz) de otros actores, de diversos yonquis, de la droga misma, del traficante, de la prostituta o del grupo que se pincha la vena y pincha discos luego en una discoteca.

¿Nosotros éramos cursis
o cínicos mistificadores?
Tal vez eran culpables las balanzas de precisión
que nunca pesaban bien,
los coyotes en cada curva
del barrio de las pendientes (pág. 50)

El Clímax es  la vez cárcel y escape. Así como el uso excesivo de las drogas. Dibuja un horizonte con un pincel reventado que exagera cada rasgo de la existencia, haciéndola absurda o directamente ridícula. Busquets afirma que estos “poemas son cámaras de vigilancia o el reportaje de un enviado especial”. Una suerte de reality donde se cuestiona tanto el prejuicio social, como la porosa moral de la abstinencia y la aura ondera del drogadicto de turno.

Parece que en El Clímax no hubiese resaca, es un texto paralelo en el cual la mañana siguiente es fresca y relajada, donde hay suavidad y no existen las estridencias del cuerpo expuesto al exceso. Quizás lo que hay es simplemente resignación. Solo en la literatura de Philip K. Dick las drogas modifican realmente la vida, acá por el contrario hay afloje y estiramiento:

Conmueve la brisa,
Y el reciente clímax.
«Ahora todo se afloja
y también se estira.
Se está abriendo todo,
Y todo se adormecerá» (pág. 72)

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