Pequeña Flor (Iosi Havilio)

Pequeña florPor Gabriela Valdivieso

Pequeña flor (2015)

Iosi Havilio

Literatura Mondadori (Penguin Random House)

978-987-3650-67-3

128 páginas

 

El autor argentino, Iosi Havilio, vino a la FILSA 2015 para presentar su libro y de paso dio un taller de escritura musical que estuvo espectacular. Pequeña flor es una obra perfecta que merece, lo juro, tu lectura. Sí, debes leerlo, espero que esta nota te impulse a gastar diez lucas para consumir esta droga-obra que te volará la cabeza.

Eso sí. Esta obra dejará con gusto a pocazo tanto al que ama la sangre con locura como al que adquiere un libro como reemplazo a una revista. Al resto del mundo lo dejará, como a mí, boquiabierto.

Leerás Pequeña flor casi tan rápido como estornudas; tres días serán un plazo exagerado para terminar esta obra. ¿Por qué? La historia transcurre gráficamente en un solo párrafo. No hay capítulos o puntos aparte, y está tan bien construido que apenas te darás cuenta de que hay comas y puntos seguidos. Este libro será tu vicio, llegada la última página, lamentarás que exista el convencionalismo de que los libros terminen alguna vez.

La historia comienza con el protagonista yendo en bici y divisando a lo lejos cómo no tiene sentido seguir pedaleando porque la fábrica donde trabaja —que es adonde se dirige— ha sido consumida por un incendio terrible. Desde entonces comenzará tu dosis de adicción. Deberás saberlo todo sobre José, y lo harás, casi todo.

El personaje entra en un laberinto en el que también estás más que invitado a perderte. Partirán sus días sin trabajo, sin mayor ocupación que cuidar a su hija Antonia y hacer el aseo. Apenas te darás cuenta de su penosa realidad cuando todo cambiará.

Para poder realizar un proyecto doméstico irá a casa del vecino Guillermo a pedirle prestada una pala. Guillermo es un ridículo humano insufrible que te desesperará tanto como al propio José que, en un momento de impaciencia, hace algo que tú crees que no harías: le clava la pala en su cráneo y lo deja muerto, muertísimo.

José vuelve a casa eufórico, frenético y esconde la pala. La noche lo persigue con sus minutos. Durante el merecido insomnio revisa el escondite para darse cuenta de que lo peor, la pala ensangrentada sigue allí, la pesadilla no fue un sueño.

Pequeña flor

La angustia de sus horas tiene la misma angustia de las palabras que consumes, tus ojos leerán de lado a lado, eufóricos. José espera, y tú también, la consecuencia, el descubrimiento. Tú y él esperan el grito, el revuelo, la policía, la prisión. Pero no llega.

Pasan las horas-palabras y sigues encadenado a la inacción. Pasan incluso días-páginas, crees enloquecer, necesitas respuesta y José la busca por ti. No aguanta. Tras una semana toca el timbre de Guillermo. Aparece el mismísimo Guillermo, sonriente, despreocupado, invitador. ¿No lo entiendes? Pues José tampoco.

Sin darte cuenta, a las treinta y seis páginas del inicio tu alma se ha conectado al libro, estás enganchado y necesitas que José entienda qué cresta pasó. El libro no revelará sus cartas velozmente, pero te dará nuevos secretos, nuevas tramas para que no se te ocurra ver tu celular o levantarte para ir al mercado.

El libro te dará luces de lo que pasó con Guillermo, mientras te va adentrando en nuevas espinas. Por ejemplo esta, la más rica de la obra (incluso más que el misterioso caso de Guillermo):

Su señora, Laura, ha caído en las redes de Horacio, un místico charlatán y cocainómano que pretende resolver los problemas psicológicos de su grupo de pacientes-ilusos con desnudos, humillación, sexo, incesto, barbarie.

Por su parte, el pobre José se mantiene consciente de la charlatanería de Horacio pero sigue el juego, igual que explora y sigue haciendo macabros juegos con Guillermo y otras creaturas.

Cerrarás el libro pensando en las conexiones entre la engañada Laura y el curioso José, pensando en qué cara de esa moneda estás tú. El libro secará su garganta, te dejará sin palabras y te abandonará a ti, con un bullicioso silencio interior.

Si estas líneas no han podido convencerte, por favor saborea la intensa belleza o bella intensidad de estas citas que me animo a compartirte. Por favor inhálalas, imagina en qué maravilloso contexto se originan. Luego corre a una librería y prepárate. Como yo, tú pronto estarás promoviendo que otros caigan en la deliciosa trampa de leer Pequeña flor. ¡Qué joyazo!

Al fin y al cabo, suspiró, la vida es un gran teatro… y casi nunca uno elige el personaje que le toca.

No hay nada como el cansancio físico para recuperar porciones de ser.

Me acerqué como pude, en cuatro patas, recibiendo chicotazos en las mejillas, cerca de la incomprensión.

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