Chancho Cero (Pedro Peirano)

Chancho Cero, 2015

Chancho Cero (2015)

Pedro Peirano (1971)

ISBN: 978-956-8935-56-6

Hueders

144 páginas

 

1. La universidad a la que asistí parecía, ella completa, la Escuela de Lobotomía que Chancho Cero presenta. En esa misma universidad una mañana de 2002 encontré decenas de diarios fuera de la biblioteca, listos para la basura. Revisándolos rescaté varios ejemplares de la Zona de Contacto de los que recorté las viñetas de estas historias grotescas y cómicas, pasando a juntarse con las que ya tenía.

2. La Facultad de Lobotomía de la Universidad Nacional recibe entre sus integrantes a un chancho rosa que les hace ganar un partido de fútbol contra los bien alimentados de la escuela de Economización Económica. A partir de este hecho glorioso e inédito, entramos a conocer a los personajes de esta olvidada escuela: el presidente eterno del centro de alumnos y sus secuaces, la matea a la que nadie pesca mucho, al legendario estudiante que ha pasado por variadas carreras sin acabar ninguna, al soplón que los acusa a carabineros, al pérfido rector o al dueño de la botillería alrededor de la cual se construyó la facultad —y no al revés.

3. Con el paso de los años confirmé mi impresión inicial, aunque a principios de siglo me reía igualmente con las similitudes de mi universidad con el cómic: en las asambleas de alumnos, los rumores sobre algunos profesores, en la fama que alumnos tenían, las historias que pasaban por los pasillos, en la paupérrima infraestructura, y toda el resto de la vida universitaria. Nos reímos mucho porque para qué llorar.

4. Pedro Peirano no es un desconocido, muy por el contrario: participó en los programas Gato x Liebre, Plan Z y Factor Humano del Canal 2, para luego participar del equipo del famoso 31 Minutos. Luego de Chancho Cero siguió en las historietas entregando viñetas memorables y cada vez más trabajadas en sus aventuras y humor: dibujó en el suplemento infantil Timón de El Mercurio: Las excelentes aventuras de Timón el legendario y El computador loco, donde niños le planteaban preguntas a una máquina que respondía con absurdos y salidas de madre graciosísimas. Luego en 2012 publica El Club de Los Juguetes Perdidos a partir de la pregunta por los juguetes que ya no están con sus niños, los dueños, una aventura digna del mejor Themo Lobos, del cual es fanático declarado.

5. La Facultad de Lobotomía es más que un documento de su época, aunque tenga referencias a la Primera Dama Larraechea, a la pésima banda Saiko o algunos cineastas que no son del gusto del autor. Chancho Cero exagera, claro, pero en cada historia hay elementos que buena parte de los universitarios pueden reconocer: la deficiente infraestructura, las regadas fiestas mechonas o las pugnas absurdas contra otras escuelas. Y si hay tantos y de distintas universidades que se ven reflejados en Lobotomía, entonces quizás hay más paralelos que otra cosa, y mucho menos ficción de la que se cree.

6. No hay que ser genio para entender que la figura de dominó vacía y el nombre de la facultad apuntan a la nula inteligencia de sus estudiantes, a la flojera dominante incluso entre los ancianos y agrios profesores, y a una universidad que mediante la parodia amplifica la vida universitaria promedio, donde siempre habrá improvisación y baños destruidos, pruebas que se repiten año tras año, y la certidumbre de que ni siquiera las universidades se toman muy en serio la educación que entrega. Chancho Cero se reeditará dentro de 15 años, y acá estaremos riéndonos de lo mismo con nuestros hijos: un pronóstico que habla mejor de estas cómicas y absurdas historias que del futuro.

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