Cristóbal Gaete: “La opinión de un escritor siempre está sesgada por la respuesta crítica que se obtenga”

Cristóbal Gaete
Foto por Raúl Goycoolea

Garceta Ediciones acaba de reeditar Valpore, que se lanza hoy miércoles a las 19.30 en Santiago y mañana jueves a las 21.00 en Valparaíso, esa primera novela que posicionó a Cristóbal Gaete (1983) en el panorama literario nacional, y en donde se despliega una acerada crítica contra el imaginario patrimonialista de un puerto que cada cierto tiempo se nos aparece como un lugar donde campea la inoperancia política y una violencia solapada. Autor además de Paltarrealismo (Cinosargo, 2014) y Motel Ciudad Negra (Hebra Editorial, 2014), acá nos cuenta sobre la influencia del cómic y la televisión, su trabajo de rescate de ciertas tradiciones porteñas, sus autores imprescindibles, entre otros.

Hablemos de tus influencias extraliterarias. Tanto en Valpore como en Motel Ciudad Negra se dejan entrever algunas evidentes. En el primero los protagonistas ven, mientras se drogan, Gummo de Harmony Korine y Naked Lunch en la adaptación que hizo Cronenberg. El parto de la madre, por otro lado, me pareció una escena muy lyncheana: me fue casi inevitable no pensar en Eraserhead y ese pequeño monstruo que, en tu caso, aparece más bien como una parodia de la miseria porteña ¿Qué otras películas, bandas musicales, cómics aparecen como base de tu formación como escritor?

Mi forma de acercarme a la lectura fue a través de los cómics, yo vivía en La Cruz y no llegaba el cable. La película que sí dieron en televisión abierta y me rompió el cerebro fue Akira. Cuando llegó el cable —la revolución en mi pieza—, vi Pink Flamingos, de John Waters. Sin duda, entre ambos films arman la base desviada de Valpore, que me la imagino musicalizada por Pirómanos del Ritmo o Anarkia Tropikal.

Creo que en adelante las influencias son más literarias por un aspecto vital. Me convertí en padre, tengo que trabajar, se acabó el caudal de absorción. De ahí en adelante solo leo libros, me cuesta mucho oír o ver algo.

Sigamos con Valpore. Hay una escena que, me parece, condensa perfectamente el efecto que, sospecho, la novela busca: el protagonista se encuentra con un viejo amigo, Phillip Rastelli, quien lleva escrito en la frente “Valpo te voy a hacer tira”. ¿Es Valpore un ajuste de cuentas, un panfleto incendiario anti-patrimonialista, una salida de madre contra el falso imaginario del puerto?

Es interpretable de ese modo, sin duda, pero la realidad es menos deliberada. Cualquier persona que llega a Valparaíso después de un rato quiere hacer tira todo. Es cosa de ver cuando se juntan muchos, el Año Nuevo o los Mil Tambores. El discurso patrimonial es violento de manera solapada, excluye lo identitario y, claro, la novela es una provocación contra una ciudad que se vende barato a los extranjeros. La hice para molestar a todos, contra la moda de la corrección política en todo ámbito. El ajuste de cuentas es contra los ciudadanos también, que cuando aparece un gringo o un capitalino le tiran una alfombra en todo ámbito de cosas, si al final la autoridad no lee, no lo va a leer el guatón Pinto. Acá dejamos que cualquiera haga lo que quiera, somos súper huevones para creernos los más choros.

Sé que, además de tus novelas, te has dedicado a recopilar algunos trabajos inéditos de Carlos Pezoa Véliz, así como un trabajo sobre El Cardonal. En ese sentido, tu trabajo se encuentra profundamente arraigado el territorio en el que te desenvuelves a diario. Háblanos un poco de esos trabajos y si han tenido una incidencia posterior en la gestación de tus novelas.

Lo que hice con Pezoa Véliz fue sintetizar parcialmente su prosa con anotaciones en cuadernillos de entrega gratuita, para que diera luces de Valparaíso al 1900 y se pudiera valorar. Lo hice en respuesta al relato de que Valparaíso era bullente a principios del siglo XX, cuando lo preciso es que esto siempre fue Chile, había dos barrios forrándose y los otros sobreviviendo a duras penas a la peste y a los conventillos de la miseria.

El efecto que tuvo Pezoa Véliz en mi escritura es el desparpajo para hibridar los géneros literarios, de producir sin el gran proyecto. Al final la obra la construyeron los antologadores y él solo se preocupó de desparramarla en distintos soportes, de trabajar.

En caso de El Cardonal y Monedas Callejeras, son investigaciones de memoria social que salieron impresas. Si pagaran algo por hacer algo así constantemente, lo haría encantado. Me gusta generar tramados textuales con las historias de vida, que sean libros amables y no de testimonios separados que aíslan la experiencia. Indagué en formatos que incluían ilustración o generación de iconografía, pero en algún momento dejé de ganar fondos en esas líneas de concursos por motivos que me parecen sospechosos. Aparte de Pabla San Martín, no conozco a nadie en Valparaíso que haya trabajado el patrimonio inmaterial con buen impacto, y sí conozco un montón de trabajo de operadores culturales que hacen mierda.

Y no, en este caso no tiene nada que ver con el trabajo literario. Aunque a veces dejo crónicas inconclusas y pienso que debería probar convertirme en un peso ligero, ya que me son ajenas las formas narrativas eficientes. Ese, probablemente, sería el cruce de las paralelas. 

En Paltarrealismo la mayor apuesta es, a mi parecer, abordar literariamente un tema que a veces parece lejano: la brutal explotación de la agroindustria en el campo chileno desde la contrarreforma en adelante. ¿Cómo empiezas a trabajar ese libro?

Soy de La Cruz, desde chico se entronizó el ícono de la palta, tanto en los árboles de las parcelas como en las calles. Después de la Universidad me puse a trabajar con mi viejo en su pilastra del Mercado El Cardonal y ahí tuve que vender paltas, cosa que hago la mitad del tiempo hasta hoy. Hay, como en cualquier oficio, una trama que contar en la cadena de producción y se va revelando en la medida en que te insertas ahí.

Por otro lado me tenía un poco colapsado la idea de ser un escritor porteño, en lo que me había convertido Valpore y los libros de memoria social. Ante todo, me lo debía, especialmente considerando cambios como las autopistas.

Para la crítica Patricia Espinosa, Motel Ciudad Negra es una de las mejores obras en narrativa chilena del año 2014. El texto, a diferencia de los anteriores, es mucho más arriesgado en términos formales, pese a tener nuevamente como foco una suerte de espejo oscuro de Valparaíso. ¿En qué momento empiezas a escribirlo y cuánto tiempo te tomó?

Es más arriesgado porque es más literario que temático como son los otros dos, pero la mayor parte de los capítulos de Valpore eran solo un párrafo, como Motel Ciudad Negra; los editores le van dando aire al texto y no problematizo mucho. Los otros libros fueron de una producción rápida, Motel… es un libro que sintetiza mi vida como ser humano y escritor de manera más desnuda, es lejos más personal, pero al tratar de una experiencia colectiva —por la que todos debemos atravesar— es abierto. Creo que cuando uno encuentra algo en la búsqueda de la escritura, escribe también por los demás.

El riesgo es deliberado, hay una espontaneidad mayor en otros libros que por lo mismo poseen distintas estructuras. Dejé, en algún momento, a Motel Ciudad Negra como pequeños fragmentos, lo construí como versos, probé buscando un modo hasta que quedó.

Respondiendo finalmente a la pregunta, lo estuve escribiendo y viviendo desde el 2004, lo terminé el 2013, siempre en pequeños tramos; había mucho más papel pero era poco esencial. Y podría haber seguido escribiéndolo, pero al cerrar el libro, dejarlo ir, mi vida comenzó a ordenarse lentamente.  

Me parece que tu imagen crítica de Valparaíso se asemeja un poco al trabajo de Raúl Goycoolea en La isla, cuyo ensayo fotográfico intentar dar cuenta de la cara más periférica de la ciudad, un poco jugando a moverse en los bordes, lo invisible. ¿Qué opinas al respecto?

Totalmente, fue súper potente conocer a Raúl, encontrar a alguien que tuviera una mirada similar respecto a la ciudad. Los rostros, cierta violencia y erotismo contenida en ellos, la poética de la mirada cerro arriba. De hecho, le pedí fotos para intervenir la lectura de Valpore en las presentaciones. Paralelamente a Raúl existe otro fotógrafo llamado Víctor Calzadilla, que viene de vuelta del trabajo en medios, que está sacando fotos que nadie saca, donde la ciudad se borra.

Durante un tiempo escribiste reseñas y críticas para El Ciudadano. ¿Qué opinas de la crítica literaria en medios como periódicos o Internet?

La opinión de un escritor siempre está sesgada por la respuesta crítica que se obtenga. No me parece que haya espacios críticos en medios que no se ensucien con la realidad editorial chilena, y agradezco los que se hacen cargo (Tal Pinto, Patricia Espinosa) aun con las diferencias estéticas normales entre individuos. Leerlos da la esperanza que un libro puede llegar a alguien que asuma su experiencia de lectura desde cero, pues antes que ellos me comentaran no tenía “carrera” o algo así.

Internet, pese a lo infinito, ofrece dos posibilidades marcadas: la crítica anónima que en su adjetivación se anuncia, posible de resumir según la plataforma, y los que están trabajando en serio. Yo no creo que haya algo más hermoso sucediendo que una persona destinando parte de su tiempo en comentar un libro ajeno para subirlo a la web sin que le paguen. Es un acto de amor a la literatura, es alguien escribiéndole una carta de respuesta a un autor, es la raja, incluso si el comentario no es positivo.

 Y respecto a la especializada, ¿lees? ¿Qué opinas al respecto?

No, casi nunca, me gustan las cosas pedestres. Menos para opinar. Hace cinco años entré a un magíster en Literatura, del que me retiré a los dos meses.

¿Qué pasa con la literatura en Valparaíso? ¿Qué autores porteños te llaman la atención?

Hoy estoy mirando más hacia atrás que lo que hay ahora, porque trabajo en un proyecto llamado ciudadenletras.cl. Escribo una entrada por semana de un escritor de Valparaíso, y en total serán 64, con énfasis en salir de las referencias sobadas.

Creo que gracias a los medios de circulación actuales es más importante invitar a leer Mundo herido de Méndez Carrasco (la única novela de cerro de Valparaíso), los cuentos de Franklin Quevedo, el poema dramático sobre la peste de Zygmunt Remenyk, el vínculo de la geografía con la narrativa en Teresa Hamel, porque son puntos para volver a repensar la literatura de Valparaíso antes de echarle para adelante no más, que es como casi todos escribimos.

Actualmente hay salud. No podría ser de otro modo si están Pinos, Mellado, Guajardo, Berbelagua, entre otros.  Sugiero conocer los libros de Carlos Altamirano y Daniel Tapia.

Durante un tiempo estuviste a cargo de la editorial Perro de Puerto. Cuéntanos un poco sobre esa experiencia y sobre cómo ves el panorama actual, en donde las “independientes” han proliferado tanto.

Perro de Puerto era una microeditorial. Tirajes pequeños, y un campo de experimentación de formatos tanto para escritores y artistas gráficos. Tenía un vínculo con la localidad que se fue volviendo más laxo porque partió para imprimir a cinco autores muy buenos que conocí. De los veinticinco títulos que salieron en cinco años, unos nueve fueron apoyados por fondos, el resto fue autogestión dura, como imprimir en un ciber cerrado donde trabajaba un amigo, cambiar trabajo por impresión. Se acabó porque hoy tengo otras prioridades.

El panorama actual es absolutamente paradójico. Cuando comencé a escribir existían un par de editoriales independientes y asomarse a la última Primavera del Libro muestra la amplitud de la producción actual. Hay de todo, ediciones estandarizadas desean convertirse en editoriales que tachen al independiente y otras que operan como proyectos de difusión literaria como Cuadro de Tiza. Hoy pareciera que un buen libro va a encontrar su medio de llegar al público. La única salvedad que hago es que se debe discutir cómo colocar en valor al autor, porque no puede ser que un editor venda cuatro mil Valporno y tramite pagar, es una vergüenza. Abandonar la informalidad es también parte de los escritores. Los editores que cobran deberían ir dejándose de lado abiertamente para mejorar, aparte de cumplir con responsabilidad para difundir los libros. Conductas éticas básicas, propias del rol.

Volvamos a lo literario: ¿qué autores o libros marcaron de forma, digámoslo así, decisiva tu formación como escritor?

Es una lista complicada, porque se enfrentan a las confeccionadas anteriormente, pero ahí va el modelo 2015: Lamborghini, Céline, Buzzati, Alcalde, Kerouac, Fogwill, Sbarra, Symns, Reynoso,  Rivano, Marín, Arlt, Palacio, Hamsum, Bukowski, Genet, Gombrowicz.

¿Qué otros autores te gustaría ver entrevistados en esta sección?

Verónica Jiménez, Rodrigo Olavarría, Florencia Smith, Felipe Becerra, Ernesto Guajardo y César Cabello.

Un video de YouTube que hayas visto últimamente.

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