Gonzalo Hernández: «El género negro es exactamente lo contrario a un corsé: no restringe, sino que amplía las posibilidades narrativas.»

GH

 

Gonzalo Hernández (1978) se ha colado con mérito propio en el reducido círculo de la novela negra chilena al publicar Colonia de perros en 2010, sumando además varias participaciones en el festival noir Santiago Negro. En 2012 escribió sobre un personaje perverso y violento en El mal de Hugo, ofreciendo un bosquejo de la maldad sin solución. Mezcla la escritura con sus clases universitarias, y diversos talleres literarios en cárceles de la capital.

 

Una banda, una película u otra obra (que no sea un libro) que haya tenido un impacto decisivo en lo que escribes.

Una serie: The Wire. Los creadores David Simon y Ed Burns, junto a un tremendo equipo de guionistas, lograron una proeza: elevar el carácter de una ciudad —Baltimore— a la categoría de clásico universal. Tal como San Petersburgo o París son el espejo de sus épocas en las obras de Dostoievski y Balzac, eso es The Wire. Una novela decimonónica en formato televisivo. Los problemas ahí tratados son globales: el comercio de drogas, la violencia, la corrupción policial, judicial, política, portuaria; la relación del capital con la prensa; las eternas deudas sociales: educación, vivienda, trabajo, miseria. Podemos trasladar el conjunto a prácticamente cualquier ciudad del mundo que replique la forma capitalista moderna. The Wire evita los melodramas y las explosiones, pero tiene la crudeza visceral de la crisis nihilista de nuestro tiempo. Al verla, te das cuenta de que las actuales democracias no sirven más que para alimentar y reproducir los tentáculos del poder, las burocracias y su danza de millones aparejada. De ningún modo intentan resolver nuestras degradadas formas de convivencia, lo que debiera ser el principio de la política. Una catástrofe sin solución, de momento, ya que las alternativas socializantes son mal vistas y la izquierda es un ente teórico impotente. En fin. No sé si la serie ha influido decisivamente en mi trabajo, pero creo que mi manera de entender el realismo cambió después de que la vi. Me encantaría lograr un efecto narrativo así, o participar de un proyecto de ambiciones similares.

¿Qué piensas de la categoría “escritor joven”?

No me dice mucho. Aunque la juventud, en general, es algo que indica inexperiencia, impaciencia, ansias impúdicas de figuración; razones que sustentan legítimas desconfianzas. Pueden existir excepciones, por supuesto, como el buen David Hume. Pero son raras. Ahora bien, cuando a la categoría joven se le añade el yuxtapuesto poeta, es como para salir arrancando.

¿La envidia y el resentimiento juegan algún papel en tu trabajo? ¿Cuál?

La envidia la tengo relegada a un cuarto plano. No es algo relevante para mí. Tiene que ver con el hecho de estar concentrado en tu labor. Ya sabemos que el mirar mucho hacia el lado fue la perdición del corredor de larga distancia. Hay que mantener los egos a raya. Hay mucho de vanidad, y por lo tanto de imaginario, en eso de justificar tus éxitos y fracasos en base a la envidia de la que supuestamente eres objeto. El resentimiento… bueno, es distinto. No concibo la vida sin ira. Hay que reconocer la función balsámica del odio, admitir que cumple un rol sazonador en nuestras existencias. ¿Qué sería de la literatura sin el resentimiento? Nada, probablemente.

Tu primera novela, Colonia de perros (Tajamar, 2010), son las aventuras iniciales de un detective y sus circunstancias tormentosas (sin dinero, a punto de ser desalojado, lector de Heráclito, siempre con resaca), un clásico argumento noir. ¿Por qué decantas por este género? ¿Encuentras ventajas con respecto a otros?

Siempre me gustó el negro, pero nunca, hasta que escribí la Colonia, creí tener dedos para el piano. No es que haya decantado ahí porque vea una ventaja comparativa respecto a otros géneros. Sería feliz componiendo algo como el maestro Lovecraft, o algo tipo ciencia ficción. Aún no ocurre, y no es tan fácil decir por qué. Veo, eso sí, muchas potencialidades en la novela negra. Desde la ficción criminal se pueden montar plataformas para abordar temas y géneros vecinos. No es algo nuevo. Los buenos novelistas siempre lo han hecho, en el género en que se planten. Chandler, Highsmith, Ellroy, por nombrar a tres [email protected], pero también se puede leer una rareza como El gran reloj, de Kenneth Fearing, y quedar boquiabierto. Tal como ocurre con The Wire. Considero que el negro es exactamente lo contrario a un corsé, en definitiva. No restringe, sino que amplía las posibilidades narrativas.

Las redes sociales suponen un nuevo escenario para el escritor: hay una nueva forma de exposición, posicionando a algunos incluso como presuntos líderes de opinión (en Facebook o Twitter). ¿Qué opinas de esto?

Pienso que las redes sociales son una versión renovada del cuento del tío, y por desgracia la mayoría de los escritores contemporáneos sueltan sus números de cuentas con extrema facilidad. No hay ni que apretarlos. Dale un micrófono al más brillante de nuestros pensadores: a los cinco minutos estará hablando huevadas, revoloteando alrededor de su ego. La inmediatez de las redes decanta en eso. Es la definición griega de la doxa: lo espurio, lo efímero. Infumables polémicas de un par de horas en donde relucen sendos Foucaults y Russells que hasta entonces han permanecido anónimos. ¿Qué relevancia tienen, al final del día? ¿Qué consiguen? Me parece penoso cuando alguien que ha escrito algo de valor cae en la perorata del líder de opinión, so excusa de “mantenerse vigente”. Prefiero estar alejado de esa exposición, no es mi escenario.

Háblanos de algunos lineamientos de tu, permítenos llamarla así, poética. ¿Qué imágenes o preguntas o temas se reiteran en tus libros?

No soy el más indicado para responder a esa pregunta. Siento que el autor, una vez hecha su puesta en escena, no tiene mucho pito que tocar en la interpretación de esta. Seguro que hay obsesiones, temáticas y preguntas que se repiten aquí y allá en mis ficciones. Y en mi vida, por cierto. Pero de ahí a hablar de una poética… no sé. Que sea otro el que baje a esa cloaca.

Con El mal de Hugo (Tajamar, 2012) presentas a un personaje extremista, violento e irracional, y sin embargo un ciudadano que pasa por normal. ¿Por qué tienen tanto atractivo esta clase de sociópatas? ¿Por qué en esta novela solo hay perversión y nada de redención?

Hugo nació en un verano en donde me había quebrado la rodilla; andaba de un humor de perros. No buscaba más que desparramar misantropía y en ese sentido fue el desahogo perfecto. No lo proyecté como un tema de redención, aunque sí de cambio. Como la transformación en Hulk de David Banner. También hay crítica social, como es obvio. Aunque ahora pienso que quizás no daba para una historia tan larga; hubiese funcionado mejor como personaje de cuento. O tal vez como haikú. Pero ya no tiene remedio. Hay gente a la que le gustó harto el personaje, como la persona que me edita. Tal vez porque leyó en él su propia psicopatía reprimida. Así que supongo que Huguito cuanta con cierto atractivo subjetivo. Con todo, no siento muchas ganas de rescatarlo en una nueva aventura criminal. Aunque no puedo asegurar que no ocurrirá a futuro.

¿En qué clase de escritor rehusarías convertirte? ¿Hay alguna forma de aproximación a la literatura que veas en nuestro mundo literario que te provoque rechazo?

En escritor de Facebook, por las razones ya mencionadas.

¿Qué estás leyendo ahora?

La biografía de Jim Thompson: Arte salvaje. Una prodigiosa obra documental de Robert Polito que ilustra no solo la vida y obra de uno de los grandes exponentes norteamericanos del género; también es un trazo vívido de la historia subterránea de Estados Unidos durante el siglo pasado, con toda la violencia y perversidad fundacional que ello implica.

Has participado en las distintas versiones del festival “Santiago Negro”, ¿cuál es el estado actual del género actualmente en Chile? Pensando no solamente en literatura, sino cómic y cine, por ejemplo.

El género tiene un presente promisorio, a pesar de que Chile es un país difícil para todo tipo de literatura, en términos de público lector. Las distintas versiones del Santiago Negro muestran que hay gente interesada en la ficción criminal. Quizás no una gran masa, pero supongo que nadie que escribe un policial se proyecta como un superventas, a menos que venga precedido de un apellido calado en lo comercial. El gran mérito de estos festivales, su posibilidad y éxito, lo tiene Ramón Díaz Eterovic. Fue él quien construyó a pulso, durante años de labor subterránea, lo que podríamos llamar la “escena negra” en Chile, con expresiones no solo en la literatura sino también en el cómic y otros medios. Quisiera mencionar también el trabajo de Bartolomé Leal, José Gai, Gabriela Aguilera, Juan Colil, Lorena Díaz, Eduardo Soto, entre [email protected] [email protected] que hoy por hoy le dan vida al género con su talento y perseverancia.

Sobre lo mismo, recientemente se anunció el cierre de la librería “Negra y Criminal” de Barcelona, un bastión del género y un golpe duro. Acusan falta de lectores a pesar de afirmar que la novela negra está de moda. ¿Es así en el resto del mundo? ¿Qué piensas de este cierre?

Es muy lamentable el ocaso de la Negra y Criminal. Tuve la suerte de conocer a su dueño, Paco Camaraza. Es un pulento, un gran lector, una enciclopedia viva de crímenes literarios. Y, además, el español más afable que he tenido ocasión de tratar. Supongo que el cierre del local se debió a las condiciones del mercado librero. La última vez que hablé con él, el año 2012, me comentó algo del temporal financiero que hasta ahora azota a España, y sus consecuencias en el negocio. La culpa es de Europa, naturalmente; más allá de eso, no sé decir cómo será el estado de la cuestión en el resto del mundo, ya que no cuento con esa información. ¿Falta de lectores? No creo. Competitividad extrema, más bien, y la difícil supervivencia de cualquiera que intente salir a flote con algo personal en un mundo dirigido por multinacionales. Otra pena más.

Parece haber cierto consenso generalizado en torno a ciertas obras decisivas en la formación literaria en general (los clásicos de siempre: Cervantes, Homero, Borges, etc.): ¿podrías nombrar cinco títulos que no entren en esta categoría que hayan sido importantes para ti?

Desde luego. Todo el Cuarteto de Los Angeles, de James Ellroy. La saga que comienza con la Dalia negra, El gran desierto, L.A. Confidential, culminando en Jazz blanco. Una obra maestra que su autor no ha podido superar, por más que lleve años anunciando que se dedicará a la gran literatura. Y hablando de eso último, no se puede evitar la lectura de Las partículas elementales, de Michel Houellebecq, aunque puede que no a todo el mundo le gusten sus conclusiones. Más divertido, aunque no menos pesimista, es Kurt Vonnegut. Ya todos saben que Matadero 5 es grandiosa, por lo que prefiero nombrar aquí a Desayuno de campeones y Cuna de gato, que debieran ser lecturas estimulantes —y por ende no obligatorias— para los niños en los colegios. Finalmente, creo que cualquier canon actual serio debiera incluir a 1280 almas, de Jim Thompson, y seguramente también a Los timadores. No es posible vivir en paz sin releerlas de tarde en tarde.

Hay una frase, atribuida a Malraux, que señala que en París había intelectuales que no sabían ni abrir un paraguas. ¿Cuál es tu relación con el trabajo convencional? Si no fueras escritor, ¿qué estarías haciendo hoy?

Prefiero evitar esa división entre trabajo intelectual y convencional. He tenido hartas ocupaciones, desempeñando tareas variopintas y siempre me he mantenido escribiendo. De hecho, por un lado prefiero las labores de fuerza bruta a la escritura. Transmiten más vitalidad. La pelea por dar sentido a las palabras en algún momento acaba con [email protected] que nos dedicamos a esto. Lo único que tengo claro, en realidad, es que las lucas me las voy a ganar en la calle, por así decirlo, con pegas que pueden estar directamente relacionadas con las novelas —como los talleres literarios—, o indirectamente. Hoy soy profesor, labor que me gusta y que considero noble. Mañana quizás me dedique a otra cosa, ¿quién sabe? En cuanto a lo que pude haber sido… es una pregunta traidora, porque desde chico he tenido la intención de escribir. Pero me hubiese gustado ser un sicario. Un profesional. Nunca tuve la determinación, sin embargo. Soy indisciplinado, disperso. No sirvo para ese arte.

Un video de Youtube que hayas visto últimamente.

¿Pueden ser dos? Gracias. Creo que al mundo le hacen falta más gentes como este señor:

Y más discos como este:

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5 Comentarios

  • lector de el mercurio dijo:

    Gente como este señor hernandez le hace mal al país. Cómo es posible que un ciudadano de esta nación en vias de desarrollo, que puede acceder a todas las bondades del sistema capitalista heredado por nuestros proceres economistas y facilitado por la influencia de EEUU predique en función de la ira el odio y el resentimiento. Díganle por favor que chile es la envidia de sus vecinos por tener una economia estable, por ser un estado de derecho que respeta la gloriosa constitucion de 1980 redactada por las mentes más brillantes que vio nacer la Pontificia Universidad Catolica de Chile. Es un pésimo ejemplo para nuestros jóvenes llegar a leer o escuchar la opinión tan ciega y apocalíptica del señor hernandez…pero en qué mundo vive este señor. En una de sus novelas el personaje principal es un pseudodetective privado que defeca en sus pantalones y en la otra un exitoso empresario que se vuelca psicópata. En cada rincón de sus novelas se esconde el germen de la maldad; desprecia a viktor frank y su legado “el hombre en busca de sentido”, deja inferir que la clase politica es corrupta y que la aristocracia junto con el hacer fortuna son sinónimos de criminalidad…porfavor. Más criminal es hacer clases de literatura en una cárcel y dar erramientas de sublebación y desarrollo intelectual a ese lúmpen asqueroso que esta cumpliendo condena seguramente por atentar contra la propiedad privada, violar o asesinar…
    Este supuesto escritor de novelas negras que cita a Diaz Eterovic o a Juan Colil, Lorena Díaz, Gabriela Aguilera, representa a una generación de absurdos nihilistas que profesan la destruccion, la anarquía y el desorden. Por qué no citar a Edwards o ampuero. En fin, es de esperar que personajes de esta calaña, que carecen de una percepción real de chile y el mundo en general, no proliferen en el sacro mundo de la literatura. Le recomiendo a ese señor que lea a Gonzalo Rojas Sanches, la ‘lumen fidae’ y ‘laudato sí’ , para que despierte de su letargo y se santifique.

     
  • Jonnathan Opazo dijo:

    Para el comentario de arriba no cabe otra cosa que aplicar la Ley de Poe.

     
  • Luis San Martín dijo:

    Yo creo que la parte que invoca más a la Ley de Poe es la última sobre el “letargo” y la santificación, con esas exquisitas referencias a la “opus” de Gonzalo Rojas.

    Este es uno de los comentarios que estarán de seguro en el top 3 de mejores comentarios a final de año. Muchas gracias, señor Lector de El Mercurio.

     
  • Sandoval dijo:

    Así versa

    Así que este punto queda claro: no se debe plagiar, a menos que desees que te cuelguen de la plaza pública. Aunque a los plagiarios, hoy en día, no los cuelgan. Por el contrario, reciben becas, premios, cargos públicos, y, en el mejor de los casos, se convierten en best-sellers y líderes de opinión. Qué término más extraño y feo: líder de opinión. Supongo que significará lo mismo que pastor de rebaño, o guía espiritual de los esclavos, o poeta nacional, o padre de la patria, o madre de la patria, o tío político de la patria.

    All Hail the Nation!

     
  • j. dijo:

    Sandoval ni dijo nada y dijo todo, lo que puede -en un juego perverso de dobles sentidos- significar nada y significar todo.

    California über alles!

     

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