Sin sangre (Alessandro Baricco)

Maquetaci—n 1

.

Alessandro Baricco (1958)

Anagrama

ISBN 978-84-339-7702-1

112 páginas

 

Manuel Roca contempla en la lejanía un Mercedes acercándose por el camino que conduce a Mato Rujo, la granja apartada en donde vive. Dentro de él van Salinas, El Gurre y Tito, un veinteañero. Todos con pinta de mafiosos, armados y nerviosos. A medida que el automóvil avanza, Roca va preparándose: le da un rifle a su hijo y a su hija la esconde en una trampilla. Que por favor no se mueva, le dice, que aunque truenen las ametralladoras y se rompan los vidrios, que no salga de ahí.

Así empieza esta novela de Baricco, una de las más breves de su extensa obra. Con la pluma a la que nos tiene acostumbrados, pacífica y poética, nos cuenta la historia de un hombre que alguna vez hizo mal a otros y que debe pagar, ya sea en forma de venganza o infierno personal. Pero también nos introduce en la vida de su hija Nina, una testigo presencial de su propio trauma y quien decide analizar el pasado resquebrajado que la definió, y hacer algo por ello.

ABaricco

Con juegos en la estructura convencional, aliteraciones constantes y metáforas muy cercanas a la exactitud (“Al pasar frente al niño, se agachó un instante y le cerró los ojos. No como lo haría un padre. Como alguien que al salir de una habitación apagara la luz”), el italiano se refiere a hombres y mujeres que poseen un pasado en común y que participaron, de una u otra forma, en una guerra indeterminada pero igualmente cruel, donde hubo médicos que curaron y mataron enfermos. Una situación como una nebulosa en donde solo se vislumbran sombras que son odios, y la inminencia consecuente de esas sombras.

Esta novela en dos capítulos parece decir que nadie es suficientemente bueno o suficientemente malo en términos morales. La naturaleza de los personajes junto al clima inspirado por la narración desconciertan y alientan a la vez, para situar —sin complicar mucho las cosas— un panorama en donde el horror y la redención se vuelven cotidianos.

Me hubiera gustado verla. No habría tenido nada que decirle, pero me hubiera gustado ver de nuevo su rostro, tantos años después, y por última vez. Pensaba en eso precisamente mientras caminaba por allá, por el pasillo. Y sucedió algo curioso. En cierto momento, una de aquellas puertas se abrió. Por un instante, tuve la certeza absoluta de que usted saldría por allí, y que pasaría junto a mí, sin decir una palabra.
El hombre sacudió ligeramente la cabeza.
—Pero no sucedió nada, porque a la vida siempre la falta alguna cosa para ser perfecta.

¿Te gustó este artículo?
Tags from the story
,
More from Luis San Martín

La estupidez (Rafael Spregelburd)

La estupidez (2003) Atuel Rafael Spregelburd (1973-X)
Read More

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *