Pedro Ivanovic, terrorista (Luis Rivano)

RIVANOPedro Ivanovic, terrorista (2015)

Luis Rivano (1933)

Alfaguara (2015)

ISBN 978-956-9583-19-3

156 páginas

 

Pedro Ivanovic preparó un atentado terrorista. Tramaba matar a cincuenta personas en un paradero de micro, utilizando su arma de francotirador (o tirador escogido, como él prefiere decirle) desde un lugar elegido con anterioridad. Su intención última jamás queda claramente explicitada; él mismo se ve haciendo el progreso necesario para aprender a utilizar su arma, capacitándose, fraguando las circunstancias, sin nunca poner en palabras de forma ordenada el profundo malestar social que lo ha llevado hasta la decisión de llevar a cabo la matanza.

—Usted tiene toda la razón, doctor. Es un acto terrorista. Sin duda.

—¿Y podría explicarlo?

—Un día comprendí que la última tabla de salvación, cuando empieza a hundirse la democracia, es el Estado de derecho. (…)

Yo estaba seguro de que sin el imperio de la ley, la democracia es un mal chiste. Lo único que la hace legitima es si los que gobiernan tienen el poder y las ganas de hacer respetar el Estado de derecho. Si no, todo se va a la mierda. (pág 139)

La narración transcurre en un único racconto. Comienza cuando el protagonista es llevado ante una comisión médica investigadora que debe dilucidar si él, Pedro Ivanovic, se encuentra en sus cabales para ser juzgado por el acto que pretendía cometer y que se vio frustrado. La intención del protagonista es, por consejo de su abogada, ser considerado cuerdo para que de esa forma se le juzgue por la tentativa de la comisión de su delito y que no se le encierre por loco, desde donde, según la teoría de la abogada, sería mucho más difícil sacarlo.

Es así como Pedro Ivanovic se enfrenta a esta comisión compuesta por tres médicos donde intentará, de la forma más lúcida posible, explicar los motivos y circunstancias que lo llevaron a decidir llevar a cabo el acto terrorista.

En su mente se mueven dos ideas principales que no terminan de encajar definitivamente una con otra. Por un lado está su carga histórica: su ascendencia croata, que convirtió a su abuelo y al padre de su abuelo casi en unos apátridas, que lo ha llevado a pensar con insistencia en el desarrollo histórico de ciertas formas de gobierno y, especialmente, en su rabia contra Tito y ciertos momentos históricos que él atribuye principalmente al comunismo, del que es opositor. Por otra parte está la segunda idea, la de este hombre sentado en el metro cada día, que ve a la sociedad cambiar a su alrededor, y que como un viejo enfurruñado, siente que se ha perdido el respeto por todos los órdenes sociales, partiendo por la ley. Esto último llega a tal nivel, que su deseo íntimo es que los países retornen a las monarquías, ya que considera que es ahí donde se mantiene con mayor pureza un respeto hacia las instituciones y el poder constituido.

—Tanto en una sociedad monárquica como en una sociedad democrática el efecto de imitación es determinante. En una sociedad monárquica todos quieren parecerse a la élite y a la nobleza, pero en el segundo caso todos quieren parecer pueblo hasta que poco a poco de tanto querer ser pueblo terminan todos transformándose en lumpen. Sé que siempre habrá pobres y desesperados. Yo solo deseo una sociedad en que todos no sintamos perteneciendo a ella y que las diferencias de cuna y riqueza sean aceptadas y soportables. Nada más.

—¿Y los cincuenta muertos?

—¿Cincuenta muertos? ¿Y qué son cincuenta muertos? A mí también me duelen pero son muy pocos tomando en cuenta lo que se busca. (pág 154)

Pedro Ivanovic, terrorista, podría enmarcarse dentro de aquellas publicaciones que se denominan novelas de ideas. Es más, en un nivel basal recuerda a Los demonios de Dostoievsky. Tras esta novela subyace la idea del nacimiento de un hombre defraudado por la sociedad y enrabiado contra esta, de forma intolerable e irreconciliable, hasta convertirse en una suerte de revolucionario. Es el nacimiento del fascismo desde los sectores más pobres, enojado contra todos, contra la juventud y sus formas peculiares de vestir, contra el lenguaje coloquial que se oye en la calle, contra una supuesta falta de orden y pulcritud en el comportamiento y en las maneras.

Para cualquier lector que conozca la obra narrativa previa de Rivano hay un par de cosas que saltan a la vista. Lo principal es el progreso de su prosa, el cómo se ha alejado de formas más precarias de contar y cómo se ha llenado de recursos con el paso del tiempo. Si no me equivoco, su última obra narrativa data de los años 70, por lo que bastantes lecturas han pasado por este hombre que ha hecho oficio y carrera de librero. Por otro lado está la perspectiva de su temática: seguimos hablando de gente pobre, pero ya no de la marginalidad, sino que ha puesto una idea férrea ahí donde antes mostraba la carencia de oportunidades, como si él mismo se viera reflejado (a escala) en aquel personaje que se ha apartado de una sociedad que lo asquea por sus muchos e innegables defectos, pero que, de cierta forma, ya no logra ver todo aquello que antes sí brillaba en sus relatos, con el vigor que tenían sus personajes.

Se trata, en suma, de una publicación compleja. Por el perfil del protagonista ya no es posible que el lector se sienta par con él, ni que se hermane con sus ideas como podría serlo con libros anteriores de Luis Rivano. Pero aquel deliberado distanciamiento significa un riesgo interesante, en un autor que ha pasado toda una vida ligado a la literatura y que más fácil le habría resultado hacer un libro cómodo, seguro, del mismo estilo de aquellos que le han valido la reputación que bien merece. Tal riesgo tiene también sus méritos y no pocos.

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