Mike Wilson: “No me compro el lugar común de que exista una voz generacional”

 

Fotografía: Carla Mckay
Fotografía: Carla Mckay

Por Rodrigo Salgado (@SalgadoBoza) y G. Soto A.-

 Mike Wilson, además de escritor es docente universitario. Ha publicado varias obras que le han valido el reconocimiento no solo de la crítica y de sus pares, sino que también el de un esquivo público lector chileno. En la última de sus novelas, titulada Leñador (2013) incluso cometió el atrevimiento de no poner su nombre en la portada, liberándose hasta del más mínimo rasgo de ego, anteponiendo su obra a quien la firma. Otras de sus publicaciones son: El púgil (2008), Zombie (2009) y Rockabilly (2011).

 

1.- Una banda, una película u otra obra (que no sea un libro) que haya tenido un impacto decisivo en lo que escribes.

Depende del momento. Cine de Lynch y Malick, bandas como Low, Daniel Johnston y Joy Division, fotografía de Crewdson, Arbus, fotos anónimas de la época de la Gran Depresión. Otras cosas como Adventure Time, personas, Minecraft, el metro, algunos parques nacionales.

2.- Te ha tocado en buena parte la vida del migrante, especialmente en tu infancia. ¿Cómo incide eso en tu ficción?

Creo que mucho, pero no pienso en eso, sé que está ahí y es quién soy. También creo que es bastante evidente en lo que escribo, sea por el lenguaje, los lugares, las temáticas.

3.- Hace ya varios años dejaste de utilizar internet, al menos en su modo social, ¿a qué obedeció esta decisión? Sobre todo considerando que buena parte de tus colegas la utilizan de manera sino hábil, al menos recurrentemente.

Sí, hace unos cuatro años había dejado las redes sociales. Más que nada por un tema de tiempo y agotamiento. Esa combinación de exhibicionismo y voyeurismo puede cansar, y no es que sea algo malo pero sí puede agotar. Este año regresé a Facebook y bien, lo uso para compartir fotos y piola.

4.- ¿Cómo fue la experiencia de ser fichado por una agencia literaria reconocida como la de Guillermo Schavelzon? ¿Cómo llegaste a ellos y por qué, según entiendo, dejaste de trabajar con ellos?

Estuvo bien. Él me buscó después de publicar El púgil. Schavelzon ayudó bastante para no tener que lidiar con temas de contrato y derechos en editoriales más grandes. Siempre fue generoso conmigo. Me representó para Zombie y Rockabilly. Cuando escribí Leñador yo sabía que no iba a seguir publicando en editoriales grandes y dejamos de trabajar juntos.

5.- ¿Cómo explicas una novela de la magnitud de Leñador (en cuanto a volumen, sentido y riesgo) luego de textos más acotados y “estándares” como lo fueron El púgil, Zombie o Rockabilly?

No sé, sé que otra gente lo ve así, pero no jerarquizo lo que escribo. Cada libro representa lo que quería escribir en su momento. Para mí Leñador tiene mucho que ver con El púgil.

Fotografía: Michelle Wilson
Fotografía: Michelle Wilson

 6.- Resulta curioso que te hayas movido desde una editorial transnacional como Alfaguara a una independiente como Orjikh, donde publicaste Leñador sin siquiera poner tu nombre en la portada; más bien parece una declaración de principios (además, creo que coincide con tu alejamiento de la agencia Schavelzon, aunque puedo estar equivocado). ¿Cuáles fueron tus motivaciones? ¿De qué querías alejarte y qué buscabas encontrar? ¿Lo conseguiste?

Sabía que con Orjikh iba a poder publicar el libro exactamente de la forma que quería. Es una editorial que cuida bien los libros. Además el perfil de Orjikh es más bien de ensayo filosófico y me gusta eso, publicar una novela en un contexto como ese. En parte también quería alejarme un poco del ruido, similar al alejamiento de las redes sociales, publicar la novela en una editorial pequeña, que no es conocida por sacar narrativa. Me pareció un buen refugio. También creo que quería que el libro pasara relativamente piola. Siento que sí, que conseguí lo que buscaba al publicar ahí.

7.- ¿Cómo divides tu tiempo entre la labor docente, la escritura y lectura?

Por suerte la vida académica me da cierta flexibilidad para administrar mi tiempo de modo que puedo dedicarme a investigación, lectura y clases y también encontrar tiempo para escribir. Igual, no me presiono, escribo cuando siento el impulso, nunca me obligo, no tengo rutina ni régimen de escritura. Si en un periodo llego a escribir todos los días es porque se da así, no porque me lo aut-imponga. Tampoco tengo un horario específico para escribir, mis ritmos de escritura están sujetos a mis estados de ánimo. A veces no escribo ficción, pueden pasar años y no me angustia.

8.- Por ahí leí que entrando a tu oficina en la universidad, se notaba de inmediato un ejemplar de Watchmen. ¿Cuál es tu relación con el cómic?

Sí, antes daba un curso de novela gráfica. Me gusta. Hay excelente literatura ahí. Charles Burns, Alison Bechdel, Craig Thompson, Jason.

9.- Has dicho que tus publicaciones son “libros espejo, las mismas preguntas, pero distintas respuestas”. ¿Dejaste en ellos respuestas para ti, o te contentaste con formularlas?

Creo que son preocupaciones existenciales que siempre me han interesado. Pienso que cuando mencioné eso me refería en especial a El púgil y Leñador. Mismas preguntas, respuestas contrarias. La primera más escéptica, más nihilista, la segunda más optimista. Y sí, siempre busco respuestas cuando escribo, solo que a veces no son explícitas. En las otras novelas también están presentes. Escribir para mí es una búsqueda de sentido.

10.- Has publicado además dos libros de ensayos (‘Where Is My Mind? Cognición, literatura y cine’, y ‘Wittgenstein y el sentido tácito de las cosas’), ¿cuál es tu relación con la academia cognitiva y militante intelectualmente?

Mi interés en la filosofía nunca ha sido muy académico, aunque claro en cierto sentido lo es porque tengo esa formación, pero viene de mucho antes. Leo y escribo sobre pensadores como Wittgenstein por la misma razón que exploro esas preguntas en las novelas. Es un interés genuino, personal y egoísta. El querer resolver problemas fundamentales, entender, o quizá mejor dicho saber dejar de querer “entender” de la forma que se nos enseñó. Eso es un impulso elemental para mí. Pero sin atarme a creencias reduccionistas, ni a militancias, siempre busco huir del dogma, me parece que los dogmas de todo tipo (políticos, ideológicos, religiosos, literarios, estéticos, filosóficos, nihilistas) atentan en contra de la lucidez y empobrecen la experiencia de ser.

11.- Participaste en la ucrónica ‘Chil3, Relación del Reyno’, ¿Cómo es tu relación con los escri-tores de tu misma generación de gustos?

Bien. Tengo amigas y amigos que escriben, que admiro y que leo. También me parece que hay bastante diversidad. No me compro el lugar común de que todos se parecen ni que exista una voz generacional, me parece que hay muchos textos buenísimos y distintos circulando, tanto en narrativa como en poesía. Por suerte ya casi nadie hace caso a las aduanas de antes ni a expectativas ni a supuestos paisajes. Está bien que todo eso deje de importar. Me parece que se está escribiendo con libertad y eso es bueno. Ya casi nadie anda preguntándose si pueden escribir o no, ni pierden tiempo pseudo-filosofando sobre “la condición del escritor”. Me parece admirable el dedicarse a vivir y de paso escribir lo que uno quiere sin calcular ni pedirle permiso a nadie. Creo que lo que facilita esta libertad, abundancia y diversidad tiene mucho que ver con la aparición y consolidación de muchas editoriales independientes (Hueders, Das Kapital, Montacerdos, Alquimia, Cuneta, Chancacazo, Orjikh, Ajiaco, Libros de la Mujer Rota, y muchísimas más) se abrió espacio para muchas cosas buenas y distintas.

12.- ¿Cómo ves el estado de la crítica literaria en Chile? ¿Lees crítica literaria?

No sé, es difícil de evaluar porque depende del tipo de crítica, sea la académica, la de los medios o versiones híbridas que son interpretativas y evaluativas, o también creativas. Hay excelentes lecturas críticas circulando que son muy valiosas, en especial las que buscan abrir lecturas y visibilizar las posibilidades de un texto, van más allá de simplemente sentenciar si algo es bueno o no. Y otras críticas que supongo que no aportan mucho (y da lo mismo si es positiva o negativa). A la vez, a veces la crítica especializada y académica de pronto aturde y cae en el sobreanálisis, el reciclaje de ideas, o se asoma teoría que podría ser útil pero termina siendo manoseada, o el empleo de teoría obsoleta y tardíamente ondera que se usa para disimular o para contrabandear la apariencia de disidencia, sofisticación o de corrección política, y que al final tiene poco y nada que ver con el texto. En este sentido, a veces la crítica de los medios termina siendo la más coherente. Aunque la verdad es que no creo que mi opinión sobre el tema sea muy relevante.

13.- ¿Cuáles son tus próximos proyectos literarios?

No lo tengo claro. Escribo cosas a veces. A veces funciona y sigo, a veces no.

14.- Un video de Youtube que hayas visto últimamente.

La línea delgada entre la locura y la lucidez en la angustia de Daniel Johnston.

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