Cuartos oscuros (Jorge Marchant Lazcano)

portadaCuartos oscuros (2015)

Jorge Marchant Lazcano (1950)

Tajamar editores

ISBN 978-956-9043-80-2

238 páginas

 

Cuartos oscuros de Jorge Marchant Lazcano es una novela sobre la vida en el desarraigo, la homosexualidad como forma de sociabilizar o estar completamente solo, donde las ideas, el discurso, pelean su espacio con la historia sobre la que se teje el relato.
Narrada en primera persona, la novela nos muestra a un escritor chileno radicado en Estados Unidos, West Harlem (un barrio de inmigrantes hispanos), que acostumbra a ir a comer al Gay Men´s Health Crisis, una institución de ayuda a hombres con SIDA. Ahí se encontrará con Pat Venske y entablará una extraña especie de relación. Pat es ciego, cosa que Marchant utiliza con agudeza para crear un juego sutil entre la oscuridad visual de aquel personaje y su existencia difusa en el texto, una especie de no-estar-estando que también evoca una oscuridad, que se suma a la penumbra del recorrido del protagonista: su vida alejada de Chile, un cine que sirve para encuentros homosexuales e incluso la casa del mismo ciego, como un lugar habitado pero carente de los objetos y muebles que normalmente hallaríamos en una casa común y corriente, como si Pat sufriera de un despojo que va más allá de su mera visión, más allá incluso de lo que el SIDA le ha producido.

Ya sabemos que la vida es un largo y agotador camino hacia la muerte, pero en ese camino nos distraemos de pronto y, sin casi darnos cuenta, nos rebelamos contra ella. Es lo que hacen a diario todos esos hombres en el viejo cine perdido en Queens. (…) No hay que darle tregua al sexo, que nos hace sentir tan vivos (página103)

Al mismo tiempo a esta historia la cruza otra, probablemente la más interesante, y es que en su estancia en Estados Unidos el protagonista descubre las huellas que dejó años atrás el escritor argentino Manuel Puig, en su paso por ahí. No es mucho más lo que puede profundizarse en este punto sin develar detalles que es preferible que el lector descubra por sí mismo.

Ese texto hablaba tanto de todo lo que nos había ocurrido alguna vez, y de lo que nos seguía ocurriendo. No sabré yo que nos graduamos en el arte del sufrimiento. (página 163)

A pesar de la enfermedad potencialmente mortífera del narrador, esta no es una novela quejumbrosa. La temática del SIDA es tan potente que podría repletar cualquier relato, asfixiando la ficción en torno a ella. Juan Marchant Lazcano tiene oficio de sobra para incluir un aspecto como ese sin que engulla, como un hoyo negro, todos los matices, anécdotas y detalles que conforman la complejidad de esta novela, y eso es una gran virtud.
Sin embargo, se trata de una publicación que tiene sus altibajos. Su principal falencia probablemente esté en el ánimo discursivo del narrador, en la tendencia a desviarse de lo relevante y de discurrir en argumentaciones que vienen escasamente al asunto. Es más, la novela pareciera demorarse en comenzar, como si la acción, el tiempo, no partiera antes de la página cincuenta o sesenta, cuando por fin el narrador sigue a Pat Venske y la historia es algo que empieza a ocurrir. Es como si el autor hubiese dudado largamente hacia dónde quería llevar a su personaje, qué quería hacer con él, deteniéndolo a meditar hasta el momento en que por fin, ya bien construido, lo libera. Es por eso que la primera mitad del libro, en comparación con la segunda, se vuelve un tanto espesa. Por el contrario, la segunda mitad del libro posee una agilidad en la prosa, una ligereza que matiza muy bien el afán discursivo del protagonista (que jamás es sacrificado), además de agregarse a la historia varios elementos  que crean cierta tensión, como si el relato diera un paso en dirección a transformarse en un thriller.
Pero está claro, la ambición del autor va harto más allá que limitarse a contar una anécdota. Así, en los largos momentos en que realmente logra trenzar a cabalidad historia y discurso, esta novela alcanza su punto más alto y abre posibilidades de diferentes lecturas, puntos de vista e interpretaciones dentro de ella. Y esa es su principal virtud.

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