El tren marino (Daniel Villalobos)

05_laurel_tren_150313-page-001El tren marino (2015)

Daniel Villalobos (1974)

Libros del Laurel

ISBN: 978-956-9450-06-8

Páginas 296

 

La idea central de El tren marino es bastante simple, aunque a medida que la novela avanza se va llenando de vericuetos que la complejizan: algo está haciendo desaparecer a los niños de Chile.

Una niña, Catalina, presencia el rapto de Roberto, su pequeño hermano. Apenas al comenzar la historia nos enteramos, sin muchos preámbulos, que el libro que estaba leyendo Roberto se lo tragó, arrastrándolo hacia el interior de las páginas por una serie de tentáculos brillantes. Aquel hecho, que por supuesto sus padres no creen cierto, la lleva a buscar y a encontrar a la ilustradora del libro que Roberto leía al momento de ser raptado: El tren marino. De ese encuentro entre ambas surge la búsqueda del autor del libro y pronto esa búsqueda se transformará en fuga, en un constante escape de este monstruoso Tren marino, que es una especie de tren o de dragón marino recubierto de remaches y fierros, un animal del que salen tentáculos y que se mueve por las aguas de Chile, como ser mitológico, y que es capaz de emerger en cualquier lugar donde haya de este líquido y luego, prácticamente en cualquier lugar, sin importarle ninguna regla y destruyendo ciudades completas a su paso.

“Pero El tren marino habla de niños que desaparecen. Hay un eclipse y un terremoto y un tren marino, que es como un enorme ferrocarril acuático, que de pronto queda libre de su prisión debajo de las aguas, en el sur, en Chiloé o no sé dónde, y sale a recorrer el mundo. Y a capturar niños para sus vagones” (pág. 43)

Se trata de una historia que, contada fuera de la construcción que realiza el autor, puede sonar disparatada o tremendamente infantil, y quizás lo sea, pero Daniel Villalobos salva aquel escollo gracias a la efectividad de su prosa, algo que ya resultaba muy visible en su primera publicación. Es más, probablemente uno de los principales sustentos del relato sea aquella prosa ágil y sumamente sencilla (con el expreso reconocimiento del alto grado de dificultad que posee el escribir de una forma limpia y llana, tal como lo hace Villalobos). Justamente gracias a su pluma es que va logrando y urdiendo un mundo, que si bien parte de lo real, transmuta hacia lo fantástico de forma absolutamente convincente, logrando una sensación de velocidad y diversos niveles de angustia en el lector. Además es capaz de construir de forma acabada cada uno de los inverosímiles escenarios, con lo cual recrea imágenes que ayudan a que el lector se sitúe con perfección en la narración.

Daniel Villalobos hizo el año 2012 su estreno literario con la excelente El sur; una especie de biografía ficcionada, algo que se quedaba a medio camino entre el cuento y la novela y por la cual obtuvo un amplio y merecido reconocimiento. En esa novela por sobre todo resaltaba el relato de lo íntimo, lo doméstico y vivencial, siempre en un plano de absoluto realismo dentro de la subjetividad de la voz del narrador. Quizás por eso resulta doblemente llamativo el giro que significa, luego de haber tenido tan buena acogida con un libro que tocaba cierta tecla, abandonar aquel lugar confortable para ahora, desde una vereda completamente distinta, abordar El tren marino, que es una novela fantástica.

Villalobos respeta a cabalidad el género, transitando por su cúmulo de reglas no escritas. Construye su historia fantástica sobre un mundo que todos conocemos, lo que hace aun más latente aquella ruptura con la realidad y, finalmente, gracias a su prosa y a su inteligencia para construir el relato, consigue absorber al lector por completo en esta historia repleta de aventuras, accidentes escabrosos, muertes y salvatajes de último momento, además de uno que otro giro inesperado.

La única debilidad que se le puede achacar a El tren submarino es la economía de su final, donde el autor cae en la trampa de destruir sus propias reglas fantásticas para resolver el conflicto de una forma inesperada, casi fortuita y, más aun, termina por asfixiar la excelente construcción ficticia bajo una normalidad doméstica, bajo una apariencia de realidad que, en el fondo, es una manera de decirle al lector que sin importar lo colosal de la historia, nada tuvo efectos reales, nada produjo consecuencias, como si nada de la historia hubiese importado realmente. Pero a esas alturas del relato, cuando ya restan no más de diez o quince páginas para concluirlo, el lector ha sido conducido de un tirón por las casi trescientas páginas que totalizan este libro, corriendo con velocidad entre el espacio, el tiempo, la angustia y el dolor físico que experimentan los personajes y que el lector podrá presenciar de primera mano. Un excelente y ágil relato, además de resultar entretenidísimo, incluso para un lector no habituado a la literatura fantástica.

¿Te gustó este artículo?
Tags from the story
,
Written By
More from G. Soto A.

Recuerdos del Pasado (Vicente Pérez Rosales)

Recuerdos del Pasado (1882) Vicente Pérez Rosales (1807-1886)
Read More

1 Comment

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *