Leonardo Sanhueza: “No tengo una poética, nunca hice esa parte de la tarea”

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Fotografía: Cecilia Hormazábal

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“Si tuviera una poética estaría rascándome los sobacos debajo de un parrón”, nos dice Leonardo Sanhueza. Una una revisión a vuelo de pájaro de sus libros publicados permite constatar este gesto de evasión e incomodidad ante cualquier cristalización: en el premiado Colonos (Cuneta, 2012), son las voces de estos nuevos habitantes del sur de Chile, la miseria y la inopia de quien llega a tierras nuevas con algo más que su cuerpo, las que toman la voz en una pequeña sinfonía de la desgracia; o en La edad del perro (Random House, 2014), texto de corte biográfico que nos remonta al Temuco de los 80 en un viaje a través de la memoria del propio escritor. Obras cuyo hilo rojo es un cuidado trabajo en el lenguaje, que le valió el premio Pablo Neruda en 2012.

1. Una banda, una película u otra obra (que no sea un libro) que haya tenido un impacto decisivo en lo que escribes.

Nunca he tenido ese tipo de experiencias “decisivas” con la música o el cine o lo que sea. No al menos de manera traumática. De hecho, me dan desconfianza los escritores deslumbrados por películas, discos, grupos, pero bueno, allá ellos. Lo único que sé al respecto es que he ido acumulando cachureos mentales, como todo el mundo, supongo, y el resultado es un gabinete de curiosidades sin pies ni cabeza que me determina de manera más bien misteriosa. A mí me gusta mucho Fellini y Duke Ellington, pero no tengo la menor idea de cómo han determinado lo que escribo, si es que lo han hecho, ni si eso ha sido más importante que Buster Keaton o Frank Zappa, o el spaghetti western y Zitarrosa, o Los Tres Chiflados y las canciones de Agustín Lara.

2. ¿Qué piensas de la categoría “escritor joven”?

Que suele durar demasiado.

3. Una breve descripción de cómo son tus jornadas de escritura y lectura.

Lo primero que hago en la mañana es toser. Una vez hecho eso, improviso.

4. ¿La envidia y el resentimiento juegan algún papel en tu trabajo? ¿Cuál?

No sé la envidia, pero sí el resentimiento, en todas sus formas: cultural, social, biográfico, etcétera. Sin resentimiento, ahora sería millonario, no tendría dudas de ninguna especie y usaría pantalones color barquillo.

5. Las redes sociales suponen un nuevo escenario para el escritor: hay una nueva forma de exposición, posicionando a algunos incluso como presuntos líderes de opinión (en Facebook o Twitter). ¿Qué opinas de esto?

El único cambio sustantivo al respecto ha sido la invención de la imprenta. Así que no alcanzo a entender eso de que las redes sociales supongan un “nuevo escenario para el escritor”. Lo que sí suponen es un cambio en su relación con el “público”, cosa que por lo demás no es nada nuevo. El folletín, el periodismo escrito, la radio o la televisión también modificaron la relación entre los escritores y sus lectores. Las redes lo único que han hecho es trasladar el espacio del pelambre y la propaganda desde el bar a la red. Pero escribir, lo que se llama escribir, sigue siendo una actividad primitiva, tecnológicamente cavernaria.

6. ¿Cómo ves el estado de la crítica literaria en Chile? ¿Lees crítica literaria?

No sé de qué se habla cuando se habla de crítica literaria. ¿Se refieren a las reseñas en la prensa, a las investigaciones en las universidades, a los ensayistas? Creo que sería mezquino hacer un “diagnóstico” así, al voleo, echando al mismo saco una diversidad tan grande.

7. Háblanos de algunos lineamientos de tu —permítenos llamarla así— poética. ¿Qué imágenes o preguntas o temas se reiteran en tus libros?

No tengo una poética, nunca hice esa parte de la tarea, por suerte: si no, ya estaría echado rascándome los sobacos bajo un parrón. No tengo un “proyecto”. Es una de las razones por la que soy escritor, porque no sé lo que quiero decir y trato de averiguarlo.

8. ¿En qué clase de escritor rehusarías convertirte? ¿Hay alguna forma de aproximación a la literatura que veas en nuestro mundo literario que te provoque rechazo?

No tengo prejuicios al respecto, a mí me gusta el orden del zoológico que admite toda clase de bichos. Cada quien elige si visita al ratón colilargo o al tigre de Siberia. En ese sistema animal, no sé en qué clase de alimaña mutante puedo convertirme, y en realidad me da lo mismo, pero ya que estamos en esto me daría sincera pena y frustración que, siendo tan flaco como soy, de pronto me saliera una papada como la de Jorge Edwards.

9. La distribución de los libros ha cambiado: aumentó el influjo de las editoriales llamadas independientes. ¿Qué ves de bueno y malo en este escenario?

Lo bueno: la proliferación, la variedad. Lo malo: nada, salvo la autocomplacencia.

10. Algunas editoriales cuyos catálogos te llamen la atención.

Ninguna. Me llaman la atención los libros y los escritores, no los catálogos.

11. Se suele hablar del pésimo hábito lector del chileno como un correlato del alto precio de los libros: ¿cuál es tu posición al respecto?

La lectura no tiene nada que ver con los precios de los libros. Leer puede ser una actividad completamente gratuita.

12. ¿Qué estás leyendo ahora?

Hoy comencé una novela de Jérôme Ferrari que me regalaron, El sermón sobre la caída de Roma.

13. Parece haber cierto consenso generalizado en torno a ciertas obras decisivas en la formación literaria en general (los clásicos de siempre: Cervantes, Homero, Borges, etc.): ¿podrías nombrar cinco títulos que no entren en esta categoría que hayan sido fundamentales para ti?

Podría nombrar cincuenta o quinientos, pero por no joder nombro no cinco, sino seis, tres chilenos y tres de otros lados: Escritura de Raimundo Contreras, de Pablo de Rokha; La pieza oscura, de Enrique Lihn; El panorama ante nosotros, de Alfonso Alcalde; las Etimologías, de Isidoro de Sevilla; la Relación del primer viaje alrededor del mundo, de Antonio Pigafetta; y Locus Solus, de Raymond Roussel.

14. Un autor o libro clásico que te pareció decepcionante.

La Eneida.

15. Hay una frase, atribuida a Malraux, que señala que en París había intelectuales que no sabían ni abrir un paraguas. ¿Cuál es tu relación con el trabajo convencional? Si no fueras escritor, ¿qué estarías haciendo hoy?

Yo soy geólogo titulado, así que quizás estaría siendo eso si no fuera escritor. Pero entiendo que lo de Malraux tenía que ver más bien con la experiencia, cosa muy vieja, por lo demás. Vallejo reclamaba que los poetas de su tiempo no supieran cómo suena un leño al partirse con un golpe de hacha. Horacio decía, dos mil años antes, que un poeta debía saber cuánto cuesta un kilo de porotos. Y bueno, yo les encuentro la razón ambos, a Vallejo y a Horacio.

16. Para bien o para mal nos estamos quedando sin vates, sin figuras totémicas como lo fueron Lemebel, Bolaño, Millán, etc. ¿A quiénes te imaginas encumbrados en esa posición?

La palabra “encumbrar” yo la uso solo para los volantines.

17. ¿Qué otros autores te interesan y crees que deberíamos entrevistar aquí?

Podrían entrevistar a Matías Celedón, que es demasiado quitado de bulla.

18. Un video de Youtube que hayas visto últimamente.

No es un video propiamente tal, sino una canción de Los Ángeles Negros con Manuel García:

https://www.youtube.com/watch?v=qJxU2ZDveoU

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