Cristian Geisse: “Un poeta de verdad es una suerte de talismán humano, un monstruo hermoso, un agujero negro”

 

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En los últimos años, Cristian Geisse ha creado una trilogía de cuentos, nada menos, y un par de libros muy interesantes y difíciles de clasificar, “imbunches” los llama él, mezclas de poesía y ficción novelística. La trilogía de cuentos será lanzada en un futuro próximo y, según nos cuenta, se titulará igual que su primer volumen, En el regazo de Belcebú. ¿De qué se tratan? A grandes rasgos se podría decir que de encuentros con el diablo, cuestionamientos sobre la realidad de la realidad, alucinaciones y temporadas infernales provocadas por distintas drogas. También nos encontramos en sus cuentos con un narrador torrencial, con un gran manejo del registro oral y con un especial cariño o compromiso hacia sus personajes. Geisse, informamos, editó la reciente antología de cuentos de Alfonso Alcalde y pronto presentará Ñache, una selección de sus cuentos en la editorial Bordelibre. También publicará Tres poemas  próximamente, en la editorial Hebra. Acá nos habla de sus influencias, de sus gustos por algunos films de animación, de cómo escribe poesía desde cierta impostura y de la idea posible de que nuestro nuevo escritor canónico, nuestro modelo, sea un escritor ficticio, entre otras cosas.

por Nicolás Campos F.

 1. Una banda, una película u otra obra (que no sea un libro) que haya tenido un impacto decisivo en lo que escribes.

Creo que los dibujos animados han influido poderosamente en mí desde siempre. Sin ser otaku, los largometrajes de animé me han volado la cabeza varias veces: Katsuhiro Otomo, Miyazaki, Paprika, Tekkokinkreet. Las trillizas de Belleville, por ejemplo, me pareció formidable: películas como esas me dejan pensando en imágenes, en ángulos, en ritmos de narración. Creo que Las desventuras de Flapjack y el Capitán Nudillos, Hora de aventuras y El mundo de Gumball alcanzan a veces categoría artística. Soy un gran consumidor del género.  Creo que muchas veces me he visto escribiendo cuentos y hasta novelas como si fueran animaciones.

2. ¿Qué piensas de la categoría “escritor joven”?

En poesía algunos manganzones de cuarenta años todavía son poetas jóvenes. También sucede con la narrativa: la narrativa joven de este país la conforman autores que a veces pasan de treinta o incluso llegan a los cuarenta. Es posiblemente porque a esa edad hoy en día la gente todavía no se ha ido de la casa de sus padres. Por lo demás, algunas veces puede ser que algunos nombres cobren relevancia, simplemente porque el campo cultural lo requiere y porque hay un mercado de consumo tanto simbólico como comercial que necesita saber qué mierda están haciendo los querubines. Yo creo que ya no fui poeta ni narrador joven, lo que escribí cuando tenía veinte años me da vergüenza. A esta edad ni siquiera vislumbro algo parecido a una consagración. Aspiro a alguna vez escribir algo que realmente valga la pena y siento que todavía me falta un par de años para eso. O sea que cuando suceda, si sucede, seguramente ya voy a haber dejado de ser un adolescente sensual, como ahora a los treinta y siete.

3. Una breve descripción de cómo son tus jornadas de escritura y lectura.

Considero la escritura el oficio más importante que tengo, pero soy un pésimo jefe de mí mismo: soy muy permisivo y nunca me echaría del trabajo —aunque te confieso que varias veces he estado a punto de hacerlo—. Como escribir no me da mucha plata, tengo que pagarme yo mismo sacando fondos de otros trabajos, que son lo que la Gabriela llamaría “oficios laterales” y que son los que me dan el dinero y la dignidad. Así puedo ayudar en la casa y mantenerme a mí mismo. Igual en ellos trabajo poco, para tener tiempo para leer y escribir lo que pueda. De todas formas gasto muchas horas en el oficio lateral que me estorba bastante. En estos momentos tengo veintidós horas en un colegio. Pero trabajar veintidós horas en un colegio implica a veces trabajar un tiempo considerable fuera de él. Intenté reducirlas pero no me dejaron. En estos momentos puedo escribir los lunes en la mañana, los jueves en la tarde y los viernes el día entero. El resto es puro tiempo robado. Leo a picotazos durante el día y con un poco más de intensidad en las noches. Trato de andar con un libro para todos lados. Los fines de semana no hago mucho. Pero pienso que el escritor obsesivo está pensando y estudiando casi todo el día todos los días en esto que hace o trata de hacer.

4.-  ¿La envidia y el resentimiento juegan algún papel en tu trabajo? ¿Cuál?

Yo envidio a los escritores, a los que les va bien. Me gustaría que a mí también me agarraran y me malcriaran y me dijeran: “Mira, nos gustan tus libros, eres un genio, te queremos y te vamos a ayudar”. Mejor aun: “Te vamos a pagar por escribir y te vamos a llevar a ti y a tu literatura a pasear por el mundo”. Incluso: “Te vamos a publicar sin que tengas que pagar”. A mí no me pescan mucho, pero a la larga es mejor. Siento que si me llegara a ir realmente bien, podría empezar a escribir peor. Como te dije, mi máxima aspiración es escribir algo que verdaderamente valga la pena. La gente que tiene reconocimiento muy temprano a veces —a veces— corre el riesgo de pasmarse, de paralizarse, de quedar ahí no más. Es posible que me pasara algo así. Pero es la envidia la que habla.

5. Las redes sociales suponen un nuevo escenario para el escritor: hay una nueva forma de exposición, posicionando a algunos incluso como presuntos líderes de opinión (en Facebook o Twitter). ¿Qué opinas de esto?

No conozco ni sigo a líderes de opinión, ni en las redes sociales, ni fuera de ellas. Lamentablemente soy justo de la generación anterior a la digital. Yo alcancé a escribir a máquina. No nací con computador, tuve que alfabetizarme cuando mi cerebro dejaba de ser  tan moldeable. Creo entonces que mis habilidades son precarias. La otra vez publiqué unos poemas en Facebook y no tuve ningún me gusta. A mí me parecieron buenos, pero ni mi polola me compró. Creo que cada vez que hago un comentario, la cago. Tengo la impresión de que me sacan de sus listas por pavo o por desubicado. Entonces no me manejo bien, por lo que se me hace difícil seguir las redes sociales. Estoy al debe.

6. ¿Cómo ves el estado de la crítica literaria en Chile? ¿Lees crítica literaria?

Yo sí leo crítica literaria, no mucha, pero leo. Incluso escribo cada tanto.  Hablé de eso en un artículo que está en letrass5. Es algo así como una inversión paródica de un artículo académico. Aprovecho de transcribirte la bibliografía que agregué, de dónde uno se puede hacer una idea:

— De Silva, Feliciano. “La lectura aberrante como posibilidad interpretativa: ¿Era Pablo de Rokha homosexual?”, en Revista Adorno, N° 7, Chile: Agosto de 1977.

— Moreno, Mario, Manual para triunfar en la academia: Cantinfleo y otros trucos, Santiago: Editorial Universitatis, 2013.

— Power, Max, Irradiación literaria de la Herméutica Cuá(n)tica, Vicuña: Editorial Tintenfische, 2012.

— Varios Autores, “Debe haber andado con la regla: Reacciones sexistas a la crítica de Patricia Espinoza”, Revista El desasosiego, N° 13, Chile, 2014.

7. Háblanos de algunos lineamientos de tu —permítenos llamarla así— poética. ¿Qué imágenes o preguntas o temas se reiteran en tus libros?

En estos momentos tengo dos líneas de trabajo, una bastante metaliteraria y otra ligada a la narrativa. En la primera me dedico a inventar poetas y —eventualmente— teóricos. Lo hago fundamentalmente porque me da vergüenza que me vean como poeta. Y no necesariamente porque los desprecie, sino todo lo contrario. Un poeta de verdad es una suerte de talismán humano, un monstruo hermoso, un agujero negro. Yo no me siento a la altura, entonces utilizo ese recurso e invento poetas que me gustaría ser, o que me gustaría que existieran. Eso me libera por lo demás de mantener un pose, o de casarme con una vida artística para la que no siempre tengo estómago. En la narrativa ya estoy terminando —espero— un ciclo narrativo relacionado con el demonio.  La figura del diablo, la gente atormentada por la culpa, la gente confundida y mala, los que lo han echado todo a perder, el miedo, la debacle, la caída, los espíritus débiles y degradados me llaman la atención. Pero ya me estoy cansando de todo eso. Quiero terminar el último tomo de la trilogía y descansar, descansar de eso tóxico que está ahí y que aflora en mí cada vez que trabajo en eso.

8. ¿En qué clase de escritor rehusarías convertirte? ¿Hay alguna forma de aproximación a la literatura que veas en nuestro mundo literario que te provoque rechazo?

No estoy muy seguro. No quiero echarlo todo a perder, pero siento que siempre estoy a un paso de hacerlo. Estoy hablando de quedar malherido, incapacitado por mis propias debilidades. De llegar a eso que he visto en algunas personas, que se pierden antes siquiera de que llegaran a hacer algo notable, antes de probar su real capacidad. Me da susto también llegar algún día a “venderme”, como se dice por ahí, pero creo que estoy lejos de eso, porque nadie aparece para tentarme siquiera. Hace como tres años leí una novela de Skármeta ganadora del Premio Planeta. Me pareció una verdadera mierda, y eso que suelo ser indulgente con mis juicios porque entiendo el sacrificio y el esfuerzo que puede significar hacer arte, también porque puedo llegar a equivocarme mucho cuando juzgo. Pero esto era un bodrio sin perdón de dios. Y había ganado un premio millonario. Desde entonces no me interesa leer nada de Skármeta ni de esa editorial, no entiendo bien qué fue lo que vieron en esa novela, no sé por qué ese viejo decidió publicarla, porque me imagino que él también se dio cuenta de que era una basura. Skármeta empezó bien y terminó como las hueas. No me gustaría que me pasara eso, me gustaría que me pasara todo lo contrario.

9. La distribución de los libros ha cambiado: aumentó el influjo de las editoriales llamadas independientes. ¿Qué ves de bueno y malo en este escenario? 

Las llamadas editoriales independientes me gustan. Entre otras cosas porque en general hay escritores y no empresarios detrás de ellas. O bien son una mezcla. Cuando se les nota mucho lo comerciante es que la están cagando —son los menos—. Cuando se les nota lo escritor es que la están haciendo —son los más—. He escuchado a muchos decir que los editores independientes se están empezando a aprovechar de los tristes hueones que somos escritores, quienes nos robamos a nosotros mismos y a nuestras familias para escribir y eventualmente publicar. Porque hay gente que simplemente puede llegar a cagarte, no saca el número de ejemplares de los que te hablaron; te dejan botado, no hacen la pega, no distribuyen los libros, no los presentan, no los mandan a la crítica, no los llevan a las ferias, no les buscan librerías; fueron a Dimacofi, sacaron los diez libros que te pasaron y después hasta se cagan con el .PDF.  Tengo un amigo que dice que es una relación tipo traficante-adicto y supongo que puede llegar a eso. Yo hasta el momento he pagado por todos mis libros —excepto por uno, creo—. No mucho, pero he pagado. Lo digo con cierta vergüenza, pero es la verdad. De hecho no me parece tan mal, quizás no debiera decir he pagado, sino he ayudado con plata. Porque cualquiera publica un libro, es decir, lo manufactura. Pero todo lo que viene después es lo jodido: llevarlos a donde tienen que llegar, ponerlos en librerías, mostrarlo en ferias, ayudarte a que te lean los que te tienen que leer, moverlo, generar opiniones, todas esas cosas que son tan difíciles de hacer cuando uno está solo. Y ese tiene que ser un trabajo permanente, constante, es bastante pega que hacen por unas doscientas lucas, y yo no estoy seguro de que ellos ganen verdaderamente con esto. De todos los libros que he hecho y por los que he pasado plata, he recuperado algo así como unas trece lucas en total y me da igual. Creo que la mayoría de los escritores no les interesa ganar plata con sus libros, les interesa tener lectores. Creo que yo lo he conseguido, muy modestamente quizás, pero ha resultado, si no, no estaría haciendo este cuestionario. Con nefandas excepciones, los editores independientes que me han publicado han hecho bien la pega dentro de todas sus limitaciones. Creo entonces que son necesarios e importantes, importantes para los escritores emergentes, importantes para los procesos de canonización y contracanonización.

10. Algunas editoriales cuyos catálogos te llamen la atención.

Son tantas y a veces sus catálogos son bastante dispares. Me gustan Das Kapital, Libros del Pez Espiral, Alquimia, Ajiaco, Chancacazo, Cuneta, Ocho libros. Me llama la atención Montacerdos, pero todavía no tengo ningún libro de ellos.  Y bueno, los que me han publicado o supuestamente me van a publicar dentro de poco: Cinosargo, Inubicalistas, Hebra, Bordelibre. También me gustan las que han publicado a mis amigos imaginarios: Chúcaro, Tintenfische, Río Arriba, Moraleda, Nefilim, Cuatro Viajes. De afuera, me parece maravilloso el trabajo que hace una editorial española que se llama Libros del Zorro Rojo, pero jamás he visto uno de sus libros físicamente.

11. Se suele hablar del pésimo hábito lector del chileno como un correlato del alto precio de los libros: ¿cuál es tu posición al respecto?

Creo que los chilenos nos la comamos atravesada a cada rato. Estamos acostumbrados a que nos caguen. A veces pareciera que no pudiéramos pasar más de cinco minutos sin humillarnos a nosotros mismos. El tener uno de los impuestos al libro más elevados del mundo y no poder regular los precios para volverlos accesibles habla de nuestras prioridadades, de lo que queremos ser, de las maneras como nos dejamos avasallar, de lo mucho que nos gusta que nos pongan el pie encima. No hablo solo de los libros. El neoliberalismo nos cagó y nos está cagando a la mayoría. Reclamamos por las redes sociales, los humoristas hacen sus rutinas en grandes escenarios, todo el mundo hace pataletas, pero no pasa nada, no cambia nada. Digo esto acá y no pasa nada ¿o sí? Se parece a lo que un teórico canadiense describió como dictablanda: te mantienen sedado, tienes tele, cable, teléfono, puedes comprar lo que quieras, no te quejes, dicen, y  no te metes en nada, no te interesa organizarte, pero una vez que el problema es tuyo no tienes a quién recurrir. Y te cagan fácilmente. Creo que lo de los libros es parte de ese esquema. Yo mismo estoy hundido hasta el cuello en ese esquema.

Yo, entonces, no compro muchos libros. En todo caso, el que quiere leer, lee. Uso mucho bibliotecas públicas, también Internet, aunque me cuesta leer en formatos digitales. Creo que los hábitos lectores guardan más relación con el entorno directo, ver a la gente leer a tu alrededor. Recuerdo a mi padre poniendo velas frente a un espejo para leer en la noche los días en que se cortaba la luz. Mis hábitos lectores derivan de haber tenido experiencias como esa.

12.- ¿Qué estás leyendo ahora?

2666. No es una novela negra, es una novela oscura. No soy precisamente un fanático de Bolaño, pero entiendo que haya tanta gente obsesionada con su obra. Este libro me está dando a cada momento nuevos madrazos, como dice uno de sus personajes. Es una apuesta importante, temeraria, pero inteligente. Eso da vértigo y produce admiración. Se puede leer ágilmente, pero tiene momentos densos, duros y verdaderamente brillantes. Cuando leo un libro que me gusta, como que me emborracho, me entusiasmo, hablo mucho, a veces de más. Me voy a contener entonces de decir más hasta terminarlo.

13.- Parece haber cierto consenso generalizado en torno a ciertas obras decisivas en la formación literaria en general (los clásicos de siempre: Cervantes, Homero, Borges, etc.): ¿podrías nombrar cinco títulos que no entren en esta categoría y que hayan sido fundamentales para ti?

Creo que fue fundamental para mí leer Las enseñanzas de don Juan de Carlos Castaneda, con el prólogo de Octavio Paz incluido.  Esta idea de no saber si lo que leemos ahí es una obra de ficción o no, me voló la cabeza. Las aventuras del El Salustio y El Trúbico de Alfonso Alcalde, que es un libro muy irregular pero lleno de una poesía demente y graciosa, me dejó en claro lo lejos que puede ir la imaginación, sobre todo el primer cuento. Peter Pan, la novela, me llenó de asombro, creo que todavía no me recupero del todo: para mí es claro que no es literatura infantil. Por otro lado la literatura infantil con todas sus posibilidades, de lecturas, de relación texto-imagen, de agilidad, de humor: hablo de libros como Pinocho, de autores como Roald Dahl, Goscinny, Janosh, Sendak, Dautremer,  Shaun Tan, Kitamura, hay tantos, tan buenos. En Chile y en Latinoamérica todavía no encuentro a ninguno que me provoque lo mismo. Por supuesto Papelucho, pero se pone pechoño muy seguido y hay algunos donde ya se le nota que es una copia de sí mismo.

14. Un autor o libro clásico que te pareció decepcionante.

Shakespeare está sobrevalorado. Mentira, era para indignar a alguno. La verdad es que ningún clásico me ha decepcionado hasta el momento. Suelo pensar que mi juicio es solo eso, un juicio personal. El que un libro no me guste a mí puede ser una equivocación mía, una falta de preparación, o bien un disenso en la perspectiva, una cosa de gusto personal. Yo, por ejemplo, no pude terminar uno de Musil, pasé de las cien páginas, pero no entré, no pude y lo dejé. Creo que nunca trataría de leer completa La Araucana, sería masoquismo. Me lo perdono y lo perdono en un autor también. Está además el problema de las traducciones. ¿Qué mierda sabe uno de autores o libros chinos o persas cuando lee versiones totalmente manoseadas? Uno no puede juzgar desde ahí. Sucede que casi nadie puede terminar el Ulises, pero en su idioma original es un libro mucho más gracioso, musical, con un delirio mucho más brillante del que uno puede llegar a percibir sin notas al pie de página.  Qué falsa puede llegar a ser entonces esa decepción. Y es notable además que los clásicos estén llenos de imperfecciones. Moby Dick, por ejemplo, tiene esa parte donde describe y clasifica ballenas. Es una parte muy fome, quizás innecesaria; pero lo demás es tremendo. A Faulkner se le entiende la mitad, pero es uno de mis favoritos. Dicen que Homero se queda dormido. Es lo más seguro, pero no voy a ser yo el que lo condene por eso.

15. Hay una frase, atribuida a Malraux que señala que en París había intelectuales que no sabían ni abrir un paraguas. ¿Cuál es tu relación con el trabajo convencional? Si no fueras escritor, ¿qué estarías haciendo hoy?

Yo soy un tremendo inútil. No sé manejar, por ejemplo. Creo que me costaría cambiar el vidrio de una ventana. Pero no estoy seguro de que eso tenga que ver con escribir. Me acuerdo de un poema donde Neruda dice que lamenta no haber aprendido a hacer trabajos manuales, hacer una escoba, por ejemplo. Era un poema bien como las hueas si mal no recuerdo, pero me hizo sentido. Es un tema para mí.

Respecto a lo otro, en un momento llegué a estar totalmente convencido de que había errado el camino, que había desperdiciado más de veinte años de mi vida tratando de ser escritor y que tenía que abandonarlo del todo y empezar de cero. No era bluff. Me di cuenta de que estaba en la quemada. Y también me di cuenta de que no sabía hacer nada más que hablar de literatura. Pero no había progreso, no llegaba a ninguna parte. Esa vez pensé casi al tiro en agricultura. Además tengo ese temperamento quejumbroso que los caracteriza. Creo entonces que por ahí iría la cosa.

16. Para bien o para mal nos estamos quedando sin vates, sin figuras totémicas como lo fueron Lemebel, Bolaño, Millán, etc. ¿A quiénes te imaginas encumbrados en esa posición?

Y eso que Lemebel todavía está tibio. No lo sé, no tengo candidatos. Yo he leído un par de libros de Germán Marín que me hacen sentir que él hace rato debiera estar ahí, y quizás lo está, qué se yo. ¿Pero ya tiene olor a gladiolos dices tú? Entonces habría que sacar a Parra. Ese como que no se quiere morir. También a Jodorowsky, que a mí me gusta, digan lo que quieran. Les saca la chucha a todos, llegó más lejos que la mayoría de los que podrían decirle algo. Su literatura eso sí va más allá de la literatura y es una de las cosas que me gustan de él. Ni sus cuentos ni sus poemas me gustan mucho. Pero esa transgresión de los límites me parece totalmente admirable. Que trate que el teatro sea más que teatro, que el cine sea más que cine, que el comic sea más que comic. ¿Has leído eso que cuenta de Pachita, la bruja mejicana? ¿Y cuando él mismo cuenta sus hazañas? ¿Y el proyecto fallido de Duna?  Viejo, eso es literatura. ¿Si no son esos quiénes entonces? Uno de los mapuche. Quizás Bertoni. Y no es que me gusten mucho tampoco. Ojalá alguna vez llegara a convertirse en tótem un escritor ficticio, uno que inventáramos entre varios, me encantaría que sucediera algo así.

17. ¿Qué otros autores te interesan y crees que deberíamos entrevistar aquí?

Mario Verdugo, Daniel Rojas Pachas, Cristóbal Gaete, Marcelo Mellado, Óscar Barrientos, Rolando Martínez, Marcela Parra, Óscar Petrel, Daniel Tapia. Son todos capos y creo que la mayoría van a llegar a hacer algo verdaderamente memorable alguna vez, si acaso ya no lo han hecho.

18. Para terminar, un video de Youtube que te haya llamado la atención o repitas mucho últimamente.

https://www.youtube.com/watch?v=tQo9MyT7LXQ

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