Camilo Marks: “Cada vez confío más en los libros entretenidos: es dificilísimo construirlos”

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Camilo Marks es escritor, abogado y crítico literario. En dos ocasiones ha sido finalista del premio Rómulo Gallegos, uno de los más importantes galardones hispanoamericanos de literatura. En su faceta de crítico, domingo a domingo publica sus reseñas literarias en la “Revista de Libros”, en el suplemento Artes y Letras de El Mercurio. Desde ahí va construyendo una forma de aproximarse a la literatura, en una búsqueda constante por aquellos componentes que a él, luego de casi treinta años dedicados a la crítica, todavía le transmiten aquella sensación de placer que un buen libro provoca.

1. Como escritor, ¿cuáles dirías que son tus temas recurrentes, aquellos que atraviesan tu propuesta narrativa?

No tengo un tema recurrente primordial, sino varios, que siempre acuden a mi memoria si escribo ficciones —y también otras cosas—. Uno de ellos es la infancia, hasta la infancia tardía embozada de adolescencia, que aparece en todos mis relatos, desde La dictadura del proletariado hasta el último, Preparativos para un viaje a Kiev: si los protagonistas no son niños o jóvenes, siguen creyendo serlo y se aferran, mal o bien, engañándose o manteniendo un grado de lucidez, a esa especie de arcadia que todos creímos vivir, que todos falsamente creímos vivir. Otro es, por supuesto, la forma en que me tocó experimentar la tragedia de los pasados cuarenta años en este país, desde la UP, pasando por la dictadura, para llegar al estado actual de cosas. En fin, hay muchos otros temas, como la influencia decisiva de mi madre en mi formación —ella hablaba varios idiomas, venía de Francia y cometió el error de casarse con mi padre, que después de todo no fue tanto si nací yo—. Claro que todo eso lo pienso ahora, cuando llevo, no sé, casi treinta años haciendo crítica y unos quince publicando libros, la mayoría de los cuales no son obras de la literatura de la imaginación.

2. Como lector por simple gusto, como “víctima” del llamado vicio impune por Alone, ¿qué cosas buscas en los libros? ¿Qué hallazgo o sensación es la que te mantiene leyendo o hace que la lectura te siga provocando placer?

Lo primero, lo primerísimo de todo, es el lenguaje, el rango del vocabulario del escritor o escritora, la madurez que exhibe, que nada tiene que ver con la edad —Rimbaud escribió entre los dieciséis y diecinueve años, Dostoievski empezó a los veintiuno, Emily Brontë murió a los treinta después de concebir la monumental “Cumbres borrascosas”—, su manejo del idioma y claro, su formación cultural, que no tiene por qué ser explícita, si bien se nota desde la primera página. No se trata de que escriban como en el Siglo de Oro Español, aun cuando se percibe enseguida —al menos yo lo percibo de inmediato— el dominio lingüístico que detentan. Noto que estoy contestando anticipadamente una pregunta que viene después, así que agregaré que, en general, los libros recientes, en especial esos de afuera que vienen tan aclamados, tan cacareados por los reseñistas, están lejos de producirme una sensación de hallazgo, por lo que me quedo definitivamente con la poesía, la novela, el drama, el cuento a partir del Renacimiento y después el siglo XVIII, el XIX y comienzos del XX.

3. Finalmente, desde el punto de vista de una lectura crítica o más bien técnica, ¿qué aspectos de juicio son aquellos que consideras capitales al abordar un libro que más tarde debes reseñar? ¿Qué aspectos hacen, desde tu prisma, a un libro rotundamente fallido o logrado?

Ya respondí en parte a esto en el número 2 del presente cuestionario. Así que agregaré que hay otros elementos capitales que me pueden llamar la atención: la originalidad, que no es lo mismo que escribir a la moda, la responsabilidad moral y política, que se bate en retirada, a diferencia de lo que era la literatura de hace una o una generación y media, la pasión, que se nota enseguida en el tipo de personajes —si son abúlicos, lateros, fomes, es difícil que posean un grado de atractivo—, en fin, para contestar derechamente a la primera parte de esta pregunta, cada vez confío más en los libros entretenidos: es dificilísimo construirlos. Un libro es rotundamente fallido cuando el lector, cualquier lector, no logra pasar de las diez a veinte primeras páginas porque se da cuenta de la receta que le sirven y es logrado… Quizá si es capaz de conquistar y absorber al cada vez más esquivo público que compra o se consigue libros.

4. Hace mucho tiempo que dejó de existir la figura del “crítico único”, como prescriptor de lecturas. ¿Cuál es tu opinión del estado de la crítica chilena actual? ¿Acostumbras a leer las reseñas del resto de los críticos?

Ese término, “hace mucho tiempo”, con el que comienzas tu planteamiento, sugiere cierta fijación en el aquí y el ahora; resulta un presentismo peligroso creer que el pasado es el de las dos últimas décadas y no los miles de años que lleva la literatura en el mundo y los varios siglos desde que en Chile se escriben libros. Verdaderamente jamás ha existido el crítico único en este país, digamos, hasta 1973: Omer Emeth competía con Pedro Nolasco Cruz, Raúl Silva Castro, Domingo Melfi, Armando Donoso; Alone coincidió con Juan Emar, Ricardo Latcham, Hernán del Solar, Ignacio Valente, aun cuando, claro, eran otros tiempos, ya que solo en Santiago había decenas, repito, decenas de diarios y revistas. Y la crítica chilena no nació ayer, sino hace más de un siglo y medio, desde José Victorino Lastarria y Pedro Balmaceda en adelante: somos quizá el país de habla española con una de las tradiciones críticas más ricas y variadas que se conocen. El único monocrítico que ha habido es José Miguel Ibáñez Langlois —Ignacio Valente—, durante la dictadura, cosa que le ha costado caro y también marcó una especie de impronta, ya que el público se acostumbró a una voz patriarcal, autorizada y autocrática, distante, que persiste hasta el presente.

Sin embargo, esto es un poco irse por las ramas, porque la institución misma de la crítica literaria ha experimentado tales mutaciones que, si comparamos los mínimos esbozos que vemos en diarios y revistas o hasta en publicaciones universitarias de hoy, con los artículos de los mencionados Alone, Ignacio Valente, Ricardo Latcham y un extenso etcétera, bueno, es como comparar el Mapocho con el Amazonas. Así que no estoy en condiciones de opinar sobre el estado actual de la crítica chilena, porque tengo que leer mucho, demasiado, y no doy abasto para enjuiciar ese espacio. Pero, ojo: en España, un país enormemente más culto que Chile, la situación es muchísimo peor: si lees El País creerás que todos los actuales escritores y escritoras españolas son genios: es realmente abominable el servilismo de los críticos hacia los narradores y poetas peninsulares.

5. Alguna vez te escuché decir o leí, no recuerdo bien, que “en Chile nadie lee a nadie”. De esa aseveración claramente pesimista sobre el estado y la importancia que tiene nuestra literatura para el común de la gente, ¿cuáles crees tú que son los principales factores que provocan que exista tan poco interés en la literatura? ¿Pasa por los autores y sus libros o por los lectores y su bajo número? ¿Es tu impresión que alguna vez en Chile sí se leyó con un fervor que ahora ya no queda?

Mira, en tanto tiempo que llevo en esto ha sido inevitable que diga muchas estupideces, como eso de que en Chile nadie lee a nadie. Tú, Gerardo, estuviste un par de temporadas en mi taller de cuentos que imparto en Libros de Mentira y ya llevamos leídos, estudiados y trabajados, no sé, como ciento cincuenta relatos sobresalientes de la literatura universal, lo que prueba que las personas sí que leen cuando son estimuladas. En cuanto a nuestra literatura del presente, claro que la cosa es un poco lamentable, porque hay autores y autoras realmente de calidad, tales como Alejandra Costamagna, Claudia Apablaza, Lina Meruane, Patricio Jara, Sergio Gómez, Álvaro Bisama, Benjamín Labatut, Juan Forch, Jorge Marchant, en fin, una treintena de narradores que jamás verán sus libros en las listas de los más vendidos. Aun así, ¿tiene eso alguna importancia? En cuanto a la última parte de tu interrogante, sí que se leyó con fervor hasta 1973: las tiradas de la Editorial Quimantú alcanzaban 300 mil o más ejemplares cuando éramos 9 millones de habitantes, los autores del Boom Latinoamericano llegaban aquí apenas salían y la gente los arrebataba de las librerías. Este fenómeno pareció resurgir, en forma más tímida, con la llamada Nueva Narrativa Chilena, pero duró un Jesús.

6. Relacionado con la pregunta anterior: ¿Qué escritores estás siguiendo? ¿De qué autores, sin importar de qué parte del planeta sean, estás siempre esperando que publiquen algo nuevo? ¿Por qué?

Hay autores, llamémosles, consagrados, que siempre logran sorprenderme, como Mario Vargas Llosa, que pareció estancado y salió con La fiesta del chivo, una novela magistral; otro sudamericano que me fascina es Santiago Gamboa, que concibió Necrópolis, una narración atrapante y espléndida; Haruki Murakami parece incapaz de escribir nada malo; Michela Murgia y Melania Mazzucco, ambas italianas, son brillantes, perturbadoras, interesantísimas; la llamada narrativa poscolonial en lengua inglesa —Jhumpa Lahiri, Arundathi Roy, Vikram Seth, Hanif Kureishi, por nombrar a los primeros que se me vienen a la cabeza—, es excelente. Una vez más, debo advertir que tengo la impresión de percibir una tendencia, en todos o casi todos estos escritores, a pasmarse y esto se aplica en particular a aquellos y aquellas autoras “serios”, que parecen publicar para universidades y para que se hagan tesis doctorales en torno a ellos: Cormac McCarthy, Philiph Roth, Don DeLillo, Thomas Pynchon… Así que vuelvo al siglo XIX y comienzos del XX: no se divisa a nadie como Balzac, Stendhal, Flaubert, Hugo, Maupassant, Dumas, Dickens, George Eliot, Jane Austen, Henry James, Edith Wharton, los rusos, Virginia Woolf, Marguerite Yourcenar, en fin, tiendo cada vez más a pensar que la novela llegó a su culminación en ese período; sin embargo, hago una excepción, y es una excepción espectacular, con la actual novelística policíaca escandinava, angloamericana, francoitaliana, hasta asiática. Y mejor no hablemos de la poesía, mi género favorito, que en Chile parece agonizar o en España es risible. Y desde luego que sí, quedan todavía unas pocas excepciones de genuinos creadores y creadoras más o menos recientes —la literatura se mide en 2000, 1000, 500, 100, 50 años—, aunque casi todos están muertos o recordando su gloria en asilos de ancianos.

7. ¿Cuál consideras que es, si le cabe alguno, el rol de la crítica en el contexto actual? ¿Qué importancia tiene o conserva?

Yo solo puedo referirme al caso chileno, porque los otros que conozco, el español y argentino, son patéticos, lamentables, desastrosos, execrables: una sociedad de halagos mutuos infinitos, donde todos se tratan como divinidades. Y además, solamente me puedo circunscribir a mi posición personal, debido a lo que ya dije antes. Ahora bien, sin arrogancia, me consta que me siguen, sé que hay gente que lee libros que yo he recomendado o bien que he hecho pedazos, para comprobar si tenía razón. Si me hubieses planteado esto, digamos, hace cierto tiempo, un par de años, te habría respondido directamente que la crítica no tiene ninguna importancia; no obstante, he ido cambiando mucho de opinión al respecto.

8. ¿Tienes una visión optimista o pesimista del estado de nuestra narrativa actual? Y de lo anterior: ¿Cuáles dirías, tomando el título de tu libro, que son las Cenizas y diamantes de nuestra literatura chilena contemporánea, los autores que actualmente se encuentran publicando y aún haciendo carrera y que consideras que tienen obras que pueden soportar el paso del tiempo?

La parte final de tu planteamiento me parece que fue respondida en el número 5 de este cuestionario, por lo que no voy a repetir nombres de escritores actuales que me parecen valiosos y que afirman mi creencia de que la narrativa chilena pasa por un buen momento. Y bueno, tú leíste ese libro que citas. Creo recordar que lo comentaste muy bien en este espacio virtual, así que puedo volver a decir que Baldomero Lillo, Federico Gana, González Vera, Manuel Rojas, María Luisa Bombal, José Donoso, Guillermo Blanco, Marta Brunet y varios más han resistido gloriosamente el paso del tiempo. Para qué vamos a hablar de la poesía de Neruda, Mistral, Huidobro, de Rokha, Anguita, el formidable Óscar Hahn, Lihn —aunque sea algo así como una moda—, Teillier, Gonzalo Rojas, Díaz Casanueva, mejor no sigo, porque eso de que Chile es un país de poetas es la pura y santa verdad, lo que no es óbice para que también tengamos a grandes prosistas. Sin embargo, tengo que reiterar que me es literalmente imposible opinar en detalle sobre cada uno de los que ahora están publicando y haciendo lo que tú llamas “carrera”. Si bien hay talento, desde luego que lo hay. Con todo, el tiempo es el único juez válido en términos de vigencia literaria.

9. Para un lector que no conoce todavía al Camilo Marks escritor, y haciendo el intento de abordarlas con la mirada crítica que quizás resulta más conocida de ti: ¿cuál dirías tú que es tu mejor novela o por cuál invitarías a un lector a iniciarse en tu literatura?

Mira, yo creo que todas son buenas o al menos se dejan leer. Humildemente, me parece que son entretenidas, vitales, divertidas y, claro, harto convencionales en su estructura, ya que, en lo que a mí concierne, no soy partidario de los experimentos literarios per se (por lo demás, tengo la impresión de que, tanto aquí como afuera, se está volviendo al realismo, lo que no quiere decir el positivismo anacrónico, y eso lo hallo sano). Yo nunca pienso en el lector si estoy escribiendo algo, sea lo que sea, pero, de todas formas, no puedo ser un buen juez de lo que escribo: llevo demasiado tiempo haciéndolo y, valga la redundancia, mis críticas semanales las someto a un escrutinio crítico devastador, de modo que puedes hacerte una idea de lo que me pasa con mis libros.

10. La distribución de los libros ha cambiado: aumentó el influjo de las editoriales llamadas independientes. ¿Qué ves de bueno y malo en este escenario?

Desde luego, es excelente y muy positivo que existan editoriales independientes y que surjan canales diversos para la distribución de los libros, porque al paso que vamos, las transnacionales lo van a dominar todo, desde la comida y la bebida, hasta el arte. Pese a lo anterior, veo en los editores independientes un afán grotesco, malsano, desproporcionado por figurar. Y por venerar, hasta el nivel de la idiotez, los espacios tradicionales, como ferias nacionales y extranjeras, o pelearse por asistir a seminarios en Seattle, USA, festivales en Cardiff, Gales, encuentros en Alma Ata, Kazajistán; de hecho, parece que ya son todos pasajeros frecuentes de LAN y todas las líneas aéreas asociadas a One World; si paran una semana del año en Santiago, es muchísimo tiempo. Recientemente, participé en un programa de televisión y se dio la increíble paradoja de que Arturo Infante y yo, que somos, más o menos, de edades cercanas, nos enfrentamos a editores “alternativos” mucho más jóvenes, que decían…bueno, no me alargo, pero glorificaban su paso por la última FILSA como si los hubiesen invitado a la Academia Sueca; en cambio, Infante y Marks fueron, fuimos, los únicos que hicimos reparos, muy comedidos, a ese evento.

11. ¿Puedes nombrar algunas editoriales cuyos catálogos te llamen la atención?

Me limitaré a editoriales que funcionan en Chile, ya que no deseo caer en la pedantería de mencionar otras en otros idiomas que leo. Por supuesto que el de Penguin Random House, al que hay que añadir ahora a Alfaguara, es sensacional. En general, todas las multinacionales tienen los mejores catálogos, por razones obvias. Sin embargo, Hueders, Cátedra, el viejo Fondo de Cultura Económica, Siruela, Salamandra y, por qué no decirlo, Chancacazo, Das Kapital y hasta Libros de Mentira están haciendo cosas muy interesantes, valiosas, jugadas, valientes, arriesgadas, lo que despierta mi optimismo sobre el futuro del libro en Chile.

12. Como escritor, ¿qué libros y/o escritores han sido fundamentales para ti en tu formación? ¿Cuáles dirías que son tus influencias directas?

Esa pregunta es demasiado amplia para responderla y daría para un ensayo de unas quinientas páginas, impublicable, desde luego. Ahora, contestándote derechamente, yo diría que depende de la época de mi vida: en mi primera juventud, los rusos, franceses y más tarde ingleses y norteamericanos, y, en general autores y autoras de la posguerra determinaron mi vocación de lector, y seguramente de escritor. Ahora, cuando ha corrido tanta agua bajo el puente, te diría que me inclino cada vez más y más hacia la literatura en lengua alemana. De hecho, desde que hace cinco o seis años voy anualmente a dictar un curso a la Freieuniversität de Berlín, quedo tan sumergido en la lengua germana, sobre todo su poesía, que casi soy incapaz de leer otra cosa. El problema es que aquí no tengo con quien practicarla, así que, como premio al enorme trabajo que me he dado frente a tu cuestionario, podrías conseguirme a alguien que me haga mantener la lengua de Goethe, Schiller, Nietzsche, Schopenhauer, Celan, Heine, Trakl, Hoffmann, Hofmannsthal… Así que ya sabes la tarea que te impongo…

13. ¿Con qué escritores de tu “generación” te sientes par, te hermanas o consideras que existe algún tipo de correlato entre tú y sus formas de aproximarte a la literatura, ya sea temática o formal? O, por el contrario, ¿te parece más bien que como escritor has conseguido una forma completamente original o exclusiva de abordar la literatura?

La verdad es que no me siento cercano a absolutamente nadie de mi generación, ni tampoco de la generación mayor o menor que yo. Y no es porque me considere original ni exclusivo. Si bien llevo cerca de treinta años haciendo crítica -veintisiete, para ser exactos-, llegué un poco tarde a escribir ficciones y no logro ver a qué otros relatos de autores y autoras chilenos o en lengua española se parecen los míos. Así que te dejo la tarea a ti, y esto otro sí que va en serio: lee a tus contemporáneos y a los mayores, porque vives en Chile y hay que saber lo que pasa aquí.

14. ¿Qué piensas de la categoría “escritor joven”? ¿Existe algún escritor que quepa en esa denominación que estés siguiendo o del que tengas altas expectativas literarias?

Esas categorías solo sirven para confundir y malinterpretar y, mira tú lo que me está pasando: cada vez desconfío más de las categorías, clasificaciones, catálogos, listas. Por otra parte, como es inevitable, me he equivocado muchas veces, en ocasiones de modo garrafal, a saber, he apostado por escritores o escritoras que, después de un primer o un segundo buen libro, la inspiración, o el oficio, o la imaginación o vaya uno a saber qué, los han abandonado. Así que, por ahora, dejemos los pronósticos de lado.

15. Háblanos de tus próximas publicaciones ¿Qué tienes en carpeta?

En mayo, la editorial de la Universidad de Talca, con la cual estoy feliz y recientemente asociado, publicará El gusto de criticar, una recopilación de críticas y columnas (de Cooperativa) que es, en cierto modo, continuación de La crítica: El género de los géneros, que apareció en 2007, bajo las ediciones de la UDP. Del otro libro que estoy preparando, no te puedo hablar nada, nada de nada, porque firmé un contrato de confidencialidad con Penguin Random House, de modo que si digo algo, por más ínfimo que sea, tendré que pagar una multa sideral.

16. Un video de Youtube que hayas visto últimamente.

Muchos: me encanta la publicidad de Evian con niñitos que apenas caminan, toddlers, bailando mientras los mayores hacen pasos de ballet detrás de un inmenso vidrio transparente, me fascina el final de la ópera Lulú, de Alban Berg, dirigida por Daniel Barenboim y, por supuesto, el que tomaron alumnas mías cuando presenté Biografía del crimen.

https://www.youtube.com/watch?v=pfxB5ut-KTs

 

 

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