Tal Pinto: “Los escritores no son ni líderes de opinión, ni sacerdotes, ni héroes culturales”

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Dice Adrián Gorelik: “La tarea de la crítica es colocar al creador (el técnico o el artista) en un cuarto en el que no parece haber ni puertas ni ventanas, para llenarlo de agua hasta ahogarlo. No por espíritu negativo, sino para que el creador descubra que el cuarto en realidad no tiene paredes ni techo (…), que no existe ningún cuarto, y de tal manera se vea obligado a inventar un nuevo espacio”. Aunque sociólogo de profesión —lo que sea que eso signifique—, el trabajo de Tal Pinto ha estado consagrado casi exclusivamente a la literatura: crítico en The Clinic desde 2007, además de editor y traductor en diversas editoriales; receloso del posestructuralismo y la verborragia académica, la labor de Pinto consiste en desentrañar los textos hasta llevarlos a una zona incómoda, desmantelando sus artilugios. Sobre eso y mucho más conversamos en la siguiente entrevista.

Por Jonnathan Opazo Hernández

1. Una banda, una película u otra obra (que no sea un libro) que haya tenido un impacto decisivo en lo que escribes. 

Pertenezco a la opaca generación de los 90, una década cuyo estribillo fue algo parecido al sonsonete de la apatía. Quizás por eso la banda en la que pienso cuando pienso en una banda es Radiohead. Y sobre todo el Kid A. Un disco glorioso de principio a fin. Ahora, no creo que la música afecte o influya “mi estilo”; la mayor escuela literaria es la vida.

2. ¿Qué piensas de la categoría “escritor joven”?

En general, la etiqueta “joven” me parece nefasta. Refiere a un período muy poco caracterizado y relativamente nuevo. Ni “joven” ni “nuevo” me dicen demasiado. Pound decía que ningún gran poeta, salvo Rimbaud, había escrito una gran obra, buen arte, antes de los 30 años. Creo que la juventud es porquería ideológica concebida por los mayores.

3. Una breve descripción de cómo son tus jornadas de escritura y lectura. 

Intento leer todas las noches hasta quemarme las pestañas. No siempre resulta. Desde que fui padre todo lo que podría llamarse mi tiempo pasó a ser el de alguien más. Leo en todos los tiempos muertos. Leo cuando voy al baño; es más, me angustio en un baño si no tengo a mano algo para leer.

Trato de anotar ideas todos los días, de escribir. Me compré una grabadora digital hace un tiempo y ha sido utilísima para evitar que las pocas ideas de algún mérito que pueda tener se desvanezcan sin pompa en el aire. Llevo sin regularidad un diario que a nadie más que a mí mismo le importa.

4.  ¿La envidia y el resentimiento juegan algún papel en tu trabajo? ¿Cuál?

Esta es casi una pregunta terapéutica. No lo sé. Son emociones comunes y es posible que se entrometan en el trabajo. La rabia, que abarca tanto la envidia como el resentimiento, sí que me motiva. Pero hay que tener cuidado de no terminar como uno de los tantos personajes humillados de Dostoyevsky, sintiendo que el mundo te debe algo por ser quien eres. La experiencia de la humillación, que en el fondo es religiosa, me parece muy interesante.

5. Las redes sociales suponen un nuevo escenario para el escritor: hay una nueva forma de exposición, posicionando a algunos incluso como presuntos líderes de opinión (en Facebook o Twitter), ¿Qué opinas de esto? 

Los escritores no son líderes de nada. Puede que alguno logre empujar a un pobre diablo al despeñadero heroico del martirologio o, por el contrario, a refrendar todas sus creencias cínicas, contrarias a la vida compartida, pero no son ni líderes de opinión ni sacerdotes ni héroes culturales. Alguna vez lo fueron; ya no.  Las redes sociales no hacen más que descubrir que una porción nada desdeñable de los escritores no son particularmente brillantes (noticia vieja). La antigua privacidad les ofrecía más en términos de reputación. Quizás les permita acceder a una que otra prebenda del Estado. El resto es conjetura.

6. ¿Cómo ves el estado de la crítica literaria en Chile? ¿Lees crítica literaria?

Valdría distinguir entre la crítica de los medios y la crítica académica, y hasta de la crítica que circula por la web. No leo con mucha regularidad lo que se dice en los medios; ocasionalmente leo a mis “colegas”, pero nunca si el libro del que escriben es uno que pienso reseñar. Gracias a dios no leo mucha crítica académica. Ya leí suficiente. El 90% de los teóricos de la literatura le imponen al texto su cosmovisión o equipaje teórico. Ven la literatura como un hecho social, solamente. No se detienen a medir el impacto que tiene sobre su yo; no tienen fuerza, su energía es pastosa y casi siempre ausente de riesgos. Hace mucho tiempo que las ciencias sociales colonizaron el estudio de la literatura o, como lo dije hace poco en un coloquio organizado por Estudio Panal, ganó la universidad (la universidad del mal, como dijo uno de los asistentes), la universidad donde la inclemente competencia por los fondos hace de todos buitres repetitivos y hoscos, damas y caballeros que escriben sesenta páginas de análisis que pueden condensarse en cinco o seis de lugares comunes. No sé si eso contesta la pregunta.

7. ¿En qué clase de crítico rehusarías convertirte? ¿Hay alguna forma de aproximación a la literatura u crítica que veas en nuestro mundo literario que te provoque rechazo?

Creo que ya contesté esta pregunta, pero nada malo hay en el énfasis: rechazo la crítica teórica tal como se concibe hoy. Rechazo la prosa infectada por el postestructuralismo francés que se estima brillante y solo es borreguil. Rechazo dificultar las cosas porque sí: la claridad es una meta. Rechazo tratar a la literatura solo como una representación social. Eso es ridículo. Ahora, aun si un grupo importante escribe la crítica que describo, hay otro grupo, menos numeroso, que emplea todo su conocimiento para dar forma a textos increíbles. No hay que dejarse llevar por los cacareos de algunas mayorías enquistadas, cuestión a la que nadie es inmune, yo mismo, sin ir más lejos, he caído en esa trampa varias veces.

8. La distribución de los libros ha cambiado: aumentó el influjo de las editoriales llamadas independientes. ¿Qué ves de bueno y malo en este escenario? 

No me parece que haya nada bueno ni malo en sí. Las editoriales independientes —es más preciso llamarlas pequeñas (¿independientes de qué? ¿Del mercado? ¿De las “dependientes?— tienen que probar su valía. Hay muchas muy buenas en Chile hoy: Cuneta, Tajamar, Hueders, Calabaza del diablo, Alquimia, Das Kapital, etc., y su labor es importante, cuando realmente se la juegan, porque permiten que mucha de la producción que no está afinada con el gusto masivo que muchas casas editoriales grandes persiguen, circule por la sociedad. Veo con interés cómo las editoriales pequeñas han salido de Chile, y se esmeran por hacer circular sus libros en América Latina. Ahora, no se puede caer en la estupidez de afirmar que solo estas editoriales publican libros de valor: las editoriales grandes también lo hacen. No tengo la información para elucidar si estas editoriales cambiaron las prácticas del mercado de los libros, aunque la verdad lo dudo.

9. Algunas editoriales cuyos catálogos te llamen la atención.

Extranjeras: Graywolf Press, Europa Editions, cosas de McSweeney’s, New Directions (una institución), Dalkey Archive, y docenas más. En Latinoamérica: El Cuervo, Mansalva, Entropía (un catálogo realmente bueno), Eterna Cadencia, Mondadori y más. En Chile: Hueders, Tajamar, Cuneta, Alquimia, Das Kapital, Chancacazo. De todos modos, si algo me llama la atención, lo leo. Escribo de memoria por lo que se me pueden haber pasado muchas por alto.

10.  Se suele hablar del pésimo hábito lector del chileno como un correlato del alto precio de los libros: ¿cuál es tu posición al respecto?

Y sí, se suele hablar pésimo con razón. Creo que, según los últimos datos, la lectoría de libros en Chile es una de las más bajas en América Latina. Sin embargo, tiendo a dudar si la disminución de los precios haría crecer la compra de libros. Hay argumentos económicos para ambas posiciones. A su vez, no creo que leer haga de nadie una mejor persona, ese argumento me parece pasado de moda y demasiado optimista. No escribo para que la gente lea más, escribo con la secreta esperanza —bueno, ahora es pública— que la gente que ya lee lea un poco más. Supongo que la labor del crítico serio es incitar a los lectores a que se acerquen al original. Se sabe que los comentaristas pasan al olvido, lo que me parece perfecto, deseable.

11. ¿Qué estás leyendo ahora?

Leo y releo con admiración Airships de Barry Hannah. Tengo unas cinco novelas chilenas en el escritorio para reseñar. Leo los cuentos de Elena Garro, esa mujer difícil y compleja e insondable. Leí hace poco Lumbre de Hernán Ronsino y me pareció excelente. Hace meses que leo y releo los Ensayos literarios de Ezra Pound, así como Personae, partes de Los cantos y el ABC. Trato de leer a Rubem Fonseca tanto como pueda (El gran arte es una de las mejores novelas escritas en América Latina o en cualquier parte).  Me llegó “El impostor” de Javier Cercas y pienso leerlo pronto. Admiro a Adam Kovacsics, un chileno que ha hecho más por la traducción que cualquier otro. Trato de leer todo lo que publica.

12. Parece haber cierto consenso generalizado en torno a ciertas obras decisivas en la formación literaria en general (los clásicos de siempre: Cervantes, Homero, Borges, etc.): ¿podrías nombrar cinco títulos que no entren en esta categoría que hayan sido fundamentales para ti?

La imaginación liberal, de Lionel Trilling. La poesía de Lihn, toda, o casi toda. El arco iris de la gravedad de Thomas Pynchon. El oficio de vivir, de Pavese (y su poesía, que es desoladora, cautivante, magnífica). El congreso de futurología, de Lem. Los ensayos de Natalia Ginzburg. Los ensayos de la Sontag, los ensayos de la Ozick. Son cientos. Conocidos y menos conocido. Ubik de Philip K. Dick me reventó la cabeza. Pero seguramente el libro más importante de mi vida sea uno que fue tan importante para los escolares jodidos: El extranjero, de Camus. Como todos, creo, rayé cuando joven con los vitalistas como Bukowski, Kerouac, etc.

13. Un autor o libro clásico que te pareció decepcionante.

Un libro. La montaña mágica. Me aburrí un mundo. De los “nuevos clásicos” apenas sí puedo leer a Paul Auster. Vila-Matas a ratos me parece insoportable. De Cortázar solo quedan los cuentos.

14. Hay una frase, atribuida a Malraux, que señala que en París había intelectuales que no sabían ni abrir un paraguas. ¿Cuál es tu relación con el trabajo convencional? Si no fueras crítico, ¿qué estarías haciendo hoy?

Sería astronauta, futbolista o notario.

15. Para bien o para mal nos estamos quedando sin vates, sin figuras totémicas como lo fueron Lemebel, Bolaño, Millán, etc. ¿A quiénes te imaginas encumbrados en esa posición? 

A nadie.

16. ¿Qué otros autores te interesan y crees que deberíamos entrevistar aquí? 

Me da igual. Pero intenten abrir puertas, no cerrarlas.

17. Un vídeo de Youtube que hayas visto últimamente.

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