Emilio Gordillo: “Cada día intento vivir más y escribir menos”

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Fotografías: Natalia Martínez
Decodificar. Claves. Contraseñas. Gran parte de Croma, la novela con que Emilio Gordillo se dio a conocer hace un par de años, podría verse a la luz de esas palabras. Muestra una voluntad de leer la realidad como una red que se debe desenmarañar, que se debe desencriptar. Santiago, el personaje de la novela, artliano en lo que tiene de terrorista y de trágico, lee todo en clave, con desconfianza. Algo de eso tiene Gordillo, aunque en esta entrevista lo encontramos más relajado. Actualmente es profesor y ha vuelto a Chile después de una temporada en México, donde publicó hace poco su novela Indios verdes, la cual se puede descargar gratis en el siguiente enlace. Hablamos con él sobre sus lecturas, sobre escritores de gremio, sobre homenajes que son también una falta de respeto y sobre la posibilidad de abrir una taquería, entre otros asuntos.

 

por Nicolás Campos F. / @NicolasCamposF

 

1. Una banda, una película u otra obra (que no sea un libro) que haya tenido un impacto decisivo en lo que escribes. 

Quizá el proyecto musical de Fernando Cabrera. Su modo de descomponer y reacomodar tradiciones muy disímiles e inventar algo nuevo, latinoamericano y a la vez no, al servicio de comunidades pequeñas y muy locales. A sus conciertos van niños,  adolescentes, adultos y ancianos, aunque su música pueda aparentar hermetismo.

2. ¿Qué piensas de la categoría “escritor joven”?

Que envejeció mal.

3. Una breve descripción de cómo son tus jornadas de escritura y lectura. 

Me gusta leer en medios de transporte, a medio camino entre un texto y el mundo. Me encanta leer en buses. Esperar a que aparezca en el mundo lo que necesito para escribir en un libro. Por lo general escribo de un tirón, y dejo que todo descanse. Al final intento corregir sin alterar mucho esa pulsión de la primera experiencia de escritura. Escribo poco y deshecho menos. Cada día intento vivir más y escribir menos.

4. ¿La envidia y el resentimiento juegan algún papel en tu trabajo? ¿Cuál?

Creo que sí, el resentimiento. Pero, bueno, el resentimiento es una institución en lugares donde la injusticia social es tan rotunda. Espero alejarme de ese lugar porque es agotador. Guido Arroyo sacó párrafos completos de Croma porque disparaba a medio mundo, y tenía razón. Eugenio Santángelo me hizo cambiar completa la parte final de Indios verdes y me ayudó a escribir un libro más humorístico, menos grave, y a escribir con cariño. Ellos tuvieron visiones generosas para menguar el resentimiento. En el futuro espero escribir un libro para la gente que quiero más. Un libro hecho con amor, que se llamará Sitio.

5. Las redes sociales suponen un nuevo escenario para el escritor: hay una nueva forma de exposición, posicionando a algunos incluso como presuntos líderes de opinión (en Facebook o Twitter), ¿Qué opinas de esto? 

Diez mil likes no hacen lo que puede hacer un solo buen lector con tu trabajo. Hay que usar estos medios como superficies, para difusión. Para ayudar a construir sentido, no para buscar sentido en ellos. No es posible obviarlos, y se puede jugar usándolos a favor, para comunicar algo más que vacío.

6. ¿Cómo ves el estado de la crítica literaria en Chile? ¿Lees crítica literaria?

Ganan más que un escritor. Deberían estar en buena posición para escribir textos inteligentes, ¿o no? Y claro que la leo…

7. Háblanos de algunos lineamientos de tu —permítenos llamarla así— poética. ¿Qué imágenes, preguntas o temas se reiteran en tus libros?

Lo pienso ahora que preguntas…

Tal vez la pregunta por la identidad. Cómo se construye, de qué depende. La identidad y las formas, y uno al centro de todo, intentando construir sentido a través de algo tan inútil como la literatura, con una pizca de esperanza y capacidad crítica. Juegos con formas.

8. ¿En qué clase de escritor rehusarías convertirte? ¿Hay alguna forma de aproximación a la literatura que veas en nuestro mundo literario que te provoque rechazo?

En un escritor de gremio. Y es difícil, porque todo es corporativismo, desde las editoriales independientes hasta los cargos institucionales. Es difícil seguir de pie esquivando, hasta cierto punto, las formas gremialistas.

Yo llegué a la literatura leyendo Mampato. Y jugando con figuritas de acción. Como no había dinero, tenía una figurita de cada serie, y me veía obligado a cruzar a un Transformer con un Thundercat y He- Man, inventarles una historia común jugando. No creo que haya malas formas de aproximarse a la literatura. Una vez dentro, se puede aprender.

9. La distribución de los libros ha cambiado: aumentó el influjo de las editoriales llamadas independientes. ¿Qué ves de bueno y malo en este escenario? 

Lo bueno es que se visibilizan proyectos de escritura que, de otro modo, jamás habríamos podido ver. Lo malo es que no existe la independencia porque no es negocio. Las editoriales independientes no pueden tener un equipo de trabajo remunerado si no es con fondos concursables. Así y todo son muy valiosas.

10. Algunas editoriales cuyos catálogos te llamen la atención.

Alquimia, donde edité por un tiempo, y que en el fondo es Guido Arroyo y su trabajo incansable y el impecable trabajo de diseño de Nicolás Sagredo. Me parece interesante lo que hace Sexto Piso en México. Y el equipo de Hueders, que debe ser la única editorial profesionalizada en Chile. Das Kapital tiene lo suyo. Casi todo lo de UDP. La colección que arma Ovando en Cuneta podría visibilizar textos nuevos. Los Libros del Perro negro, que buscan generar comunidad ahí donde no la imaginábamos. Montacerdos está muy bien, aunque parezca que por detrás están haciendo relaciones públicas para visibilizarse en el extranjero. Y ya en otro nivel, Editorial Periférica, que tiene un catálogo impresionante.

11. Se suele hablar del pésimo hábito lector del chileno como un correlato del alto precio de los libros: ¿cuál es tu posición al respecto?

La lectura de libros está sobrevalorada. Y su asociación a la literatura, mucho más. Nunca imaginé que acabaría usando la palabra “sobrevalorada”.

12. ¿Qué estás leyendo ahora?

Releí la tercera parte de Los detectives salvajes mochileando por Sonora con mi mujer, de paso por comunidades yaquis y mayos y ciudades del norte de México, y lo que resultó fue una lectura totalmente distinta, y una teoría nueva sobre ese libro. Cuando no puedo dormir leo la Poesía no completa, de Wislawa Szymborska. Estoy leyendo a José Revueltas. También ese libro nuevo de Zambra, que está increíble. El libro nuevo que Nona Fernández está escribiendo. Y estoy muy concentrado en editar y escribir un prólogo justo a un libro de crónicas de Cynthia Rimsky, escritora con una ética tremenda y que debería ser más reconocida en Chile.

13. Parece haber cierto consenso generalizado en torno a ciertas obras decisivas en la formación literaria en general (los clásicos de siempre: Cervantes, Homero, Borges, etc.): ¿podrías nombrar cinco títulos que no entren en esta categoría que hayan sido fundamentales para ti?

Me cargan las listas. Me ponen tenso. Pero déjame intentar. Los siete locos y Los lanzallamas de Arlt, y hacemos trampa y ya tenemos dos, que en realidad son uno. Salón de belleza, de Mario Bellatin. El limonero real, de Juan José Saer. Quizá Bonsái, de Zambra. El informe Tapia, de Marcelo Mellado. Los poemas de Szymborska. Los libros de Esterházy. Y ya me pasé. Ah, y Onetti, por supuesto: Un sueño realizado, Bienvenido Bob o El Astillero. También Sobre el arte de la novela de Fogwill, un chingo, probablemente más que todos los anteriores.

14. Un autor o libro clásico que te pareció decepcionante. 

Todos los que no se puedan leer a la luz del presente.

15. Hay una frase, atribuida a Malraux, que señala que en París había intelectuales que no sabían ni abrir un paraguas. ¿Cuál es tu relación con el trabajo convencional? Si no fueras escritor, ¿qué estarías haciendo hoy?

Casi ningún escritor vive de escribir libros. A mi me gustaría ser cocinero, o músico, siempre quise tocar música en las micros. Pero en cierta medida soy esas cosas, solo que es un regalo para quienes quiero. De hecho, ya está decidido, voy a ser taquero muy pronto, solo me falta el nombre del negocio… Acepto sugerencias.

16. Para bien o para mal nos estamos quedando sin vates, sin figuras totémicas como lo fueron Lemebel, Bolaño, Millán, etc. ¿A quiénes te imaginas encumbrados en esa posición? 

Si la palabra es “encumbrado”, creo que habría que agarrar a peñascazos a quien sea y “desencumbrarlo”. Me gustan solo los homenajes que son, en parte, una falta de respeto. Yo creo que ya están, ¿no? Autores que construyeron lenguajes y formas de mirar que antes no existían, y usaron tradiciones para lograrlo. Está Zambra, está Rimsky, está Nona Fernández y Bisama. En la poesía Anwandter lo hizo, y sin duda el pesado de Germán Carrasco. Está Marcelo Mellado, que nos mostró que en Chile nadie escapa al corporativismo. Todos ellos han inventado lenguajes en la escritura chilena, para subsanar el vacío entre lo escrito y lo dicho. Y estoy seguro de que hay muchos más que ahora se me van.

17. ¿Qué otros autores te interesan y crees que deberíamos entrevistar aquí? 

A Mike Wilson, que escribió Leñador. Quizá a Francisco Ovando, cuando se quite de encima el peso académico y la influencia de David Wallace y escriba un libro de puta madre. Siempre a Rimsky. A Elias Hienam, que tiene un proyecto integral. Y a todos los que escriban pensando en comunidades: a Cristóbal Gaete, a Claudio Maldonado, a Juan Domingo Urbano y Jaime Pinos. A los chicos de Estudio Navaja. Quizá a Alia Trabucco y a Luis López Aliaga, y a ti, Nicolás, aunque estarías haciendo trampa.

18. Un video de Youtube que hayas visto últimamente.

Este, porque estoy aprendiendo a bailar:

 

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