Viaje al fin de la noche (Louis-Ferdinand Céline)

Viaje al fin de la noche portada.
Voyage au bout de la nuit (1932)

Louis-Ferdinand Céline (1894-1961)

Edhasa

ISBN 978-843-503-498-2

576 páginas

$14.000

 

Es difícil hablar sobre los clásicos, pero es especialmente difícil hablar de Viaje al fin de la noche (1932) de Louis-Ferdinand Céline. Y no porque sea una novela compleja de seguir, intrincada en estructura o hermética, porque de hecho seguirla es simple, además de ser absolutamente lineal y clara. Sino porque la cantidad de temas que aborda es abismante, atravesados todos por el concepto de la miseria física y espiritual de los hombres, la pena de vivir en una sociedad de aprovechados y abusadores, el dolor primigenio de los ciudadanos en la guerra y en la “paz”, entrecomillada.

Ferdinand Bardamu, especie de alter ego del autor, es el protagonista de esta historia de viajes azarosos, pesimismo y desdicha. Estando en un café con un amigo, en plena Primera Guerra Mundial, un joven Bardamu ve a una tropa de soldados avanzando y siendo admirada por las calles de París y se une a ella como una broma, mofándose del reclutamiento. Es absorbido por inercia, y por inercia conoce los horrores de la guerra y el absurdo de matar a otro por colores y banderas, en una crítica directa y mordaz a las decisiones estúpidas de los grandes hombres del siglo veinte.

Con que ¿no había error? Eso de dispararnos, así, sin vernos siquiera ¡no estaba prohibido! Era una de las cosas que se podían hacer sin merecer un broncazo. Estaba reconocido incluso, alentado seguramente por la gente seria,¡como la lotería, los esponsales, la caza de montería!… Sin objeción. Yo acababa de descubrir de un golpe y por entero la guerra. Había quedado desvirgado. Hay que estar casi solo ante ella, como yo en aquel momento, para verla bien, a esa puta, de frente y de perfil.

Luego de conocer los horrores de las batallas y a personajes de la milicia cegados por el odio y el sufrimiento, nuestro protagonista es asignado a una colonia francesa en África. Con una invectiva desvergonzada hacia el sistema de organización de las naciones que estaban ocupando el continente negro, y un racismo y clasismo propios de la época y de él, por lo cual el escritor francés fue durante criticado, se hace una descripción fiel de paisajes, personas y situaciones en tiempos en que este continente era prácticamente desconocido. Esta exposición constituye uno de los episodios más impactantes del libro, narrándose escenas en donde negros entrenan con mímica para tomar las armas —que no poseen—, o son estafados por los terratientes desvergonzados a causa de no conocer el concepto del dinero. El juego de la ignorancia en una de sus máximas expresiones.

Apenas te daba tiempo de verlos desaparecer, hombres, días y cosas, en aquel verdor, aquel clima, calor y mosquitos. Todo se iba, era algo repugnante, en trozos, frases, miembros, penas, glóbulos, se perdían al sol, se derretían en el torrente de la luz y los colores y con ellos el gusto y el tiempo, todo se iba. En el aire no había sino angustia centelleante.

Pero la aventura no termina ahí, aunque a esta altura del libro —de más de quinientas páginas— piensas que no necesitas más para considerarlo uno de los mejores de la literatura universal. Bardamu termina en una galera que arriba a Nueva York, el otro continente más allá del Atlántico, la América de luces blancas resplandecientes, una perspectiva extraña y extrema, la pobreza y la frivolidad. Allá conoce a una mujer, se enamora, le plantea su visión de mundo, racionaliza y se marcha de nuevo porque no puede dejar de moverse: ahora a trabajar como médico licenciado en una población ruin y maloliente, Rancy, de nuevo en París, para luego decaer en un manicomio del cual se convierte en un administrativo observador y crítico.

Céline autor

A veces, mientras se avanza en la lectura del libro, da la impresión que es muy poco un solo personaje para tanto desplazamiento, conociendo otros países por miedo a la incomodidad que propicia el estar estático; inmiscuyéndose con otros, involucrándose con ellos, dejándolos de lado y a veces volviéndolos a ver, como pasa con su amigo, el desagradable de Robinson, coprotagonista casi, un aparecido constante cuya falta de ética llega a ser tierna… Pero Bardamu es así, este francés es así, nos acostumbra a este trajín ficticio por conciencias, momentos, así como Céline nos cobija en esta historia mediante una prosa casi poética, con un lenguaje coloquial que por supuesto, al ser leído en el francés original, debe ser mucho más preciosista y digno de gozo.

Viaje al fin de la noche es uno de los clásicos franceses que no se pueden dejar pasar. Nos ayuda a entender su potente influencia en obras posteriores (en la generación beat, por ejemplo) y el desarrollo de la novela contemporánea hasta nuestros días.

Para el pobre existen en este mundo dos grandes formas de palmarla, por la indiferencia absoluta de sus semejantes en tiempos de paz o por la pasión homicida de los mismos, llegada la guerra. Si se acuerdan de ti, al instante piensan en la tortura, los otros, y en nada más.¡sólo les interesas chorreando de sangre, a esos cabrones! Princhrad había tenido más razón que un santo al respecto. Ante la inminencia del matadero ya no especulas demasiado con las cosas del porvenir, sólo piensas en amar durante los días que te quedan, ya que es el único medio de olvidar el cuerpo un poco, olvidar que pronto te van a desollar de arriba abajo.

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