El subrayador (Pedro Mairal)

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El subrayador (2014)

Pedro Mairal (1970 – X) – 

Ed. Libros del Laurel

ISBN 97-956-9450-02-0

156 páginas

 

El subrayador de Pedro Mairal es un libro compuesto por un conjunto de columnas que el escritor publicó durante cinco años para el diario argentino El Perfil; al menos eso es lo que nos informa la solapa del libro.

Las temáticas de las columnas son diversas. Al comienzo pareciera radicarse preferentemente tópicos como la familia, la infancia, la vida pasada y cierta nostalgia. En la medianía del libro abundan un par de temas futboleros, tratados con alegría, con una felicidad doméstica que rebasa al deporte y se radica en la cotidianeidad. Finalmente la literatura se toma el contenido de las columnas.

Un pelotazo de Paraguay pega en el palo, un casi-gol peligrosísimo, una taquicardia bien disimulada por el Pelusa. (pág. 50)

Y sin embargo, el conjunto de columnas poseen algo en común al relacionarse entre sí, en el efecto que producen al ser leídas una tras otra, algo que no es precisamente el tema —muchas veces banal o simplemente pueril—, sino más bien en cierto tono entre nostálgico y alegre, en una especie de saudade, algo que en poesía probablemente se identificaría como el ánimo del hablante lírico, pero que dentro de una columna apenas resultaría en intención, ansiedad, etc.

Es, por cierto, un conjunto disímil como solo puede ser la continuidad de años y años escribiendo periódicamente, contra el plazo fatal que apura la inventiva. En ocasiones las columnas en su brevedad logran alcanzar una profunda belleza, tal como en el relato que contiene El subrayador y diría que especialmente los del primer tercio del volumen.

Confieso que a veces le robo cosas para mis columnas. Una vez, marcó un gran titular que decía “Plan “Más Vida” en La Matanza”; una frase que concentra en sí misma la larga historia de violencia nacional. (pág 12)

El subrayador, en particular, me parece de una belleza enternecedora. Luego el conjunto tiende a vagar entre los altibajos de cinco años de escritura periódica, con lo bueno y malo que aquello puede tener. Las notas finales sobre literatura, nuevamente, prometen un vuelo que no se materializa por completo, pero que sí son suficientes para producir un buen cierre.

Al final lo que importa es la lengua que usa la gente para escribir en las paredes del baño, la lengua que usa para amar, para reírse, para insultar. Es absurdo querer imponer un idioma. Es como si le impusieran a la gente de un lugar usar la ropa típica de otro lugar (…) En Puerto Rico no se percibe una lengua dominada por otra. Se siente la fuerza imborrable y viva del castellano que ya hace tiempo es el segundo idioma más hablado de los Estados Unidos. (página 44)

¿Hay algo así como una conclusión totalizante? Sí: bella prosa, temáticas amenas, trazo liviano y una sensación de alegría que logra transmitirse al lector, todo ello siendo conscientes de que el género posee sus limitaciones que se evidencian cuando, como es este el caso, devienen en recopilación unificada.

 

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