Correspondencia 1866-1876 (G. Flaubert, G. Sand)

cubierta_Flaubert_SandCorrespondencia 1866-1876

Gustave Flaubert y George Sand

Marbot ediciones (2010)

ISBN 978-84-927228-06-0

283 páginas

Precio referencial US$ 32

 

…El Artista no debe aparecer en su obra más de lo que aparece Dios en la naturaleza. (Gustave Flaubert, pág. 253)

En Correspondencia se recopilan precisamente las cartas entre el reconocido escritor Gustave Flaubert, autor de Madame Bobary, La educación sentimental y Memorias de un loco, entre otros, y la ahora menos vigente George Sand (escritora cuyo nombre real fue Amandine Lucile Dupin, quien además de utilizar un seudónimo masculino se vestía como hombre, para franquear ciertas barreras de la época).

Lo más interesante de esta recopilación probablemente sea presenciar el genio de Flaubert—hombre que solo vivía para y desde la literatura—, quien respetaba profundamente a George Sand, a esta escritora que en contraste resultaba un ser vital y repleto de vida y humanidad. Esta sumisión ante aquella escritora provocó que Flaubert siempre pareciera llano a escuchar los consejos que esta le daba e incluso dispuesto a discutir sus propias convicciones literarias, cosa que al parecer ni siquiera hizo con el gigante Víctor Hugo (el autor de Los miserables, con quien también comparten época y relaciones).

 

He seguido sus consejos: me he distraído. Pero eso me divierte mediocremente. Decididamente, no me interesa otra cosa que la sacrosanta literatura (pág. 186, Flaubert a Sand)

 

Se trata de una relación curiosa: es sobre todo fraternal (aún cuando Sand fue tildada de libertina en su época, jamás resulta que alguno haga intentos amorosos, eso sin considerar que ella tenía alrededor de 17 años más que él, lo que no es realmente un obstáculo), en la que Sand siempre reconoce la superioridad artística y genio de Flaubert, pero en la que, sin embargo, es quien llama “maestra” a la mujer, concediéndole superioridad moral y demostrando una humildad de carácter que solo engrandece su figura. Y la discusión entre ellos, a lo largo de los 10 años que recoge este volumen, además de cuestiones meramente domésticas, tiende a dirigirse, como es lógico en estos dos seres, a los más diversos aspectos relacionados a la literatura.

Desde el momento en que la literatura es una mercancía el vendedor que la explota no aprecia más que al cliente que compra, y si el cliente desprecia el producto, el vendedor le dice al autor que su mercancía no gustó. La república de las letras no es más que una feria donde cada uno vende sus libros. No hacer concesiones al editor es nuestra única baza, conservémosla y vivamos en paz, incluso cuando pone mala cara, y reconozcamos también que él no es el culpable. Tendría más criterio si el público lo tuviera (pág 205, G. Sand a Flaubert)

Flaubert, durante estos 10 años, se muestra normalmente agotado y hasta asqueado del ambiente literario, agobiado por su trabajo que en él se eterniza en revisiones y trabajos angustiosos, hombre incluso capaz de viajar en tren centenares de kilómetros solo para verificar la disposición de los árboles de cierta casa que cree no recordar bien (en comparación a Sand, que publica un libro tras otro). Coincide, en este período, con la publicación de La educación sentimental, libro enorme en calidad que en la época no tuvo una recepción muy entusiasta.

Se había perdido toda noción del bien y del mal, de lo bello y de lo feo. Observe usted la crítica de estos últimos años. ¿Qué diferencia aprecia entre lo Sublime y lo Ridículo? ¡Qué falta de respeto! ¡Qué ignorancia! ¡Qué caos! ¡«Hervido o asado, es lo mismo»! Y, al mismo tiempo, qué servilismo hacia la opinión del día, el plato de moda. (pág 158, Flaubert a Sand)

Es así como en el género de las epístolas, estas cartas nos permiten enfrentarnos de primera mano con el pensamiento artístico-literario de Gustave Flaubert, contrastado con una visión radicalmente diferente a la suya; mientras él cree que el autor ni siquiera tiene que aparecer en las líneas de sus libros, que no tiene derecho a opinar, a mostrarse, que no es interesante lo que diga sino que son los personajes quienes deben actuar, Sand le transmite la vitalidad desde la cual deben crearse los personajes, de cómo estos deben estar llenos de vida, y de cómo, según su punto de vista, el autor siempre debe ser capaz de mostrar algún tipo de bondad en el hombre.

Se trata, en suma, de una publicación que resulta interesante para conocer el pensamiento de estos dos escritores, en un contrapunto que sirve para realzar sus puntos de vista literarios, ya que no se limita a ser un ensayo o exposición pacífica, sino que existe una suerte de contraparte amigable que los obliga a desarrollar, profundizar y elucubrar. Y con ello se ve realzado su valor.

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1 Comment

  • Estupendo libro , que ud. Explica muy bien en su comentario. Tanto si eres lector de uno u otro, o por el contrario no lo eres, con estas cartas, nos hacemos más conocedores de ellos dos, de la vital y apasionada Sand, y del perfeccionista Flaubert, coincido en ideas más con ella. Y entiendo el trabajo de él..vivía más para ello sin duda, Sand escribía pero tenia subhogar, familia , relaciones, creo que también se relaciona más en ambientes literarios..vive más por asi decirlo. Obvio es que ella tiene razón cuando sabe que él llegara a ser más famoso por su obra, y ella por lo que represento para su tiempo y mujeres posteriores, una pionera más ,avanzada que rompio canones, y era escritora además. Me gustaría que alguien se fijase en esta pequeña gran obra e hiciera una pelicula. Es un libro muy recomendable, quizá Flaubert lo hubiese reprobado pues no queria sobresalir de su obra , se lo debemos a Maupasant que no siguio su consejo de no publicar nada que no fuese ficción una vez faltase él. Leer cartas o diarios no creo nos haga ser cotillas de intelectuales, es una puerta abierta a su época, qué les motivaba o preocupaba, ser más humanos, cercanos y poder entender mejor sus creaciones. Saludos.

     

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