Autoayuda (Matías Correa)

autoayudaAutoayuda (2014)

Matías Correa (1982 – X) –

ISBN: 9789568940508

Chancacazo

264 páginas

 

«Mi pasado, a veces pienso, es una versión del solipsismo en pretérito imperfecto: todo lo que realmente pasaba, me pasaba a mí».

Después de Geografía de lo inútil (2010) llega Autoayuda de Matías Correa. Con una portada poco convencional que de inmediato llama la atención, esta especie de libro-producto —que no esconde serlo— parte como una sátira desde su gran título acompañado por el símbolo de registrado (®). Un código de barras enorme, el número ISBN, la edición y la cantidad de capítulos, además de los detalles de la composición física en idioma imprenta, forman parte de su cubierta. Por si esto fuera poco, la última página del libro contiene un ex libris que data del siglo XVI, con el grabado de un rinoceronte inverosímil que acompaña las especificaciones y el origen de la publicación, también presente en la primera novela del autor.

 
Los mencionados son rasgos metaeditoriales en un texto que hace confluir a la industria con la literatura, un verdadero acto de habla en sí mismo para parodiar el género del crecimiento personal. En su interior encontramos la historia de Mena, un abogado agobiado por el éxito, condición estadísticamente poco común que para él es “error no forzado”, un “feliz tropezón”. No nos dice todo lo que tiene pero podemos intuirlo: vive en un departamento en el barrio alto, puede darse el lujo de no trabajar durante el tiempo que duren sus penas y combate las mismas comprando Cajitas Felices, un cóctel de drogas y prostitutas traído por Américo, un dealer travesti.

De lo que sí nos habla es de lo que ya no tiene, el motor de la historia. Su esposa lo ha abandonado sin dejarle carta ni razón alguna que logre calzarlo de manera lógica en el rumbo que tomará su vida de ahora en adelante. Sin catarsis, sin una discusión estruendosa de por medio, su casa y su vida se convierten en propiedad absoluta de su conciencia, cayendo de lleno en el tiempo detenido que propició el suceso.

Vi un par de viejos episodios de CSI, cinco minutos de la segunda o tercera temporada de Friends, medio tiempo de un partido de la Bundesliga, un capítulo de Futurama y otro documental más, uno de NatGeo sobre tiburones blancos. De pronto estaba oscureciendo y ella aún no había llegado. Llamé de nuevo y esta vez dejé un mensaje de voz. Entonces pensé que mi mujer no volvería más. Nada de despedidas exageradas ni conversaciones encendidas.

A detener este letargo teñido de recuerdos llega el otro protagonista de este libro, Genaro Scott, un hombre dedicado a pintar cuadros complementados con aforismos de desarrollo espiritual. Este artista mixto, quien también fue abandonado hace un tiempo y cuyo rostro ha sido desfigurado por el escopetazo accidental que se disparó durante un terremoto cuando intentaba suicidarse, se convierte en su amigo y empieza a socorrerlo entre alcohol y conversaciones que oscilan entre la vida doméstica en reclusión, Epicuro y el autoconocimiento.

Si bien los dos personajes son víctimas de la miseria amorosa, apoyado en la lejanía y la fuerza de los acontecimientos Genaro, el “monstruo”, ha asumido más las circunstancias que el otro. Es así como Mena se convierte en el objeto de la (auto)ayuda, formándose una relación de amistad en la cual ambos se acompañan en sus obsesiones: Genaro tratando de hacer hablar de corrido y con coherencia a una lora llamada Sandra, y Mena, como a lo largo de todo el libro, recordando a su esposa y procesando su partida. Un tramo de la novela en el cual no pasa mucho, donde queda claro cuál es el rol que pretende la autoayuda: enseñar a sus usuarios a no asustarse cuando se miran al espejo, aleccionar sobre lo que ya saben.

Algunos monstruos se aburren en las funciones de teatro y otros cuantos compran por internet cupones de descuento para depilaciones IPL, pero todos se lavan los dientes, usan desodorante, trabajan unas ocho horas diarias y son capaces de sostener conversaciones triviales sobre el estado del tiempo, la política y la selección de fútbol. El monstruo es un hijo de vecino cualquiera. Al igual que tú, ellos también saben cuándo conviene hablar y cuándo callar. Pero más elocuente que cualquier puñado de palabras, el silencio de un monstruo es distinto al tuyo.

Con cuatro capítulos largos, Autoayuda es un recordatorio en forma de libro que a ratos recurre a la segunda persona singular para apelar a algo o alguien irreconocible que está más allá del narrador y el lector. Una ironía de 196 páginas para no perder la memoria después de la desdicha y la abulia, simbolizadas por Mena y Scott. Un intento distinto en la narrativa chilena reciente cuyo contenido viene a debatir con los que todavía creen que las intrigas no existen en los lugares cerrados y privados, aquellos en los que la mente y las decisiones radicales marcan las pautas. Un libro para recomendar que nos muestra un mundo a la vez conocido y desconocido, donde la desesperación es la misma y solo cambian las salidas.

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