Sin destino (Imre Kertész)

sin-destinoSorstalanság (1975) – Traducción de Judith Xantus

Imre Kertész (1929 – 2016)

Acantilado 

ISBN: 9788495359537

264 páginas

Precio referencial: $9000

 «Por mucho que escuchara, siempre hablaban de lo mismo, la libertad, pero no decían ni una palabra de la sopa».

Tanto La vida es bella (1997) como El pianista (2002) y El niño del pijama a rayas (2006) son películas relativamente recientes basadas en el holocausto judío perpetrado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial: inhumanos trabajos forzados, drama entreverado con escenas fuertes y un sentimiento profundo de que estás presenciando injusticias que ya sucedieron y que no puedes detener conforman la idea transversal que rodea estas historias. Sin despechar la calidad de estos filmes, pareciera que la estrategia al abordar el tema ha variado muy poco en la segunda mitad del siglo veinte.

Esta es una aseveración que Sin destino, con una fecha de publicación muy anterior (1975), viene a desmentir.

Como todo arte, la literatura posee esa capacidad para interpretar el mundo y sus hechos de la forma que quiera el escritor. Kertész nos aproxima a su manera al tema en la voz de un narrador que cual científico naturalista u observador sin compromiso va describiendo la realidad que lo circunda durante un año y medio como prisionero, cuando esta se transforma en contraria al cotidiano vivir de un adolescente que va todos los días a la escuela, y en sinónimo de campos de concentración y exterminio.

Teniendo que cumplir con lo que él llama simplemente “trabajo” —a diferencia de los “trabajos obligatorios” a los que fue destinado su padre—, cierta mañana el protagonista es detenido en el trayecto usual y derivado de su natural Budapest a un sitio totalmente distinto: Auschwitz-Birkenau. Sin poder siquiera avisar a su madre, madrastra y tíos que visitará un lugar extraño que será su techo y su comida durante un tiempo indefinido, György Köves es impelido a dejar su vida normal y presenciar los métodos de los nazis para llevar a cabo la “Solución Final”. ¿Cuál es su reacción? La mayor parte del tiempo nada demasiado dramático. Y a veces, el sentimiento de que todo es una representación ficticia de la cual realmente no forma parte.

No sabía por dónde ir y sólo recuerdo que me entraron ganas de reír, por una parte debido a la situación inesperada, confusa y la sensación de estar participando en una obra de teatro sin sentido, en la cual mi papel me era en parte desconocido.

Bajo esta condición, se va acostumbrando al mismo tiempo que nota cómo desaparecen sus compañeros, conociendo a su vez a otros que se transforman en su compañía usual en los camastros que componen los galpones de su nuevo hogar rodeado de alambres de púas. Sin dejar de analizar, mesurar y dirimir empapado en un vaivén de emociones, llega a comprender entre otras cosas cuál es la relación de la desaparición azarosa de sus antiguos amigos con esa especie de fuegos artificiales que salen de las chimeneas que divisa todos los días, asumiendo sin chistar que esos caballeros de uniforme y modales rigurosos están acabando con los que son, como él, “diferentes”.

Si bien continuamente está sometido a recuentos diurnos y nocturnos, agobiado por un debilitamiento físico y mental progresivo, el narrador no cesa de exponer minuciosamente la naturaleza de aquellos lugares. Descubre que triángulos de distintos colores en la ropa ayudan a diferenciar las razas y países a los que pertenecen los presos. Observa que los que tienen un número menor o “elegante” tienen mayor jerarquía, por lo que frecuentemente pueden denostar a los que poseen números con más dígitos. Aprende que en algunos de los campos el alimento es un pequeño pedazo de pan y en otros este va acompañado de margarina, transformándose así en un ser humano agradecido de quienes le entregan una miseria mejor.

En medio de aquel aire frío, punzante y húmedo sentí el olor inconfundible de la sopa de zanahoria. Aquella visión y aquel olor me provocaron un sentimiento en el pecho entumecido que fue creciendo en oleadas (…) No servían ni la reflexión, ni la lógica ni la deliberación, no servía la fría razón. En mi interior identifiqué un ligero deseo que acepté con vergüenza (…), el deseo de seguir viviendo, por otro ratito más, en este campo de concentración tan hermoso.

Original e impactante, esta es una novela que lleva a reflexionar sobre aspectos fundamentales de la libertad sin el sesgo del que jamás la ha perdido. Una historia de crueles escenarios. Un viaje en donde lo único que va quedando es el instinto de supervivencia de un hombre de catorce años que da una cátedra sobre la conformidad en las circunstancias cuando ya no hay más caminos por donde huir.

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