El origen del mundo (Jorge Edwards)


Reseña remitida por Joaquín Pérez A

 

El origen del mundo (1996)

Punto de lectura

Jorge Edwards (1931 – X)

184 páginas

Precio referencial: $4000

Nos dejamos llevar por el soplo más mínimo.
Séneca 
No podíamos comenzar las reseñas de Jorge Edwards en este noble proyecto si no era con El origen del mundo; quizás no es su mejor libro, y en esto podrán darme la razón lectores mucho más agudos. Pero sí es, sin lugar a dudas, el más obsceno, visceral y emotivo de los que este escritor chileno ha publicado.
La historia se desenvuelve en París, entre chilenos que van a mirar luego de años de claustro la obra de Gustave Courbert “El origen del mundo”. Un médico, el protagonista, Patricio Illanes, observa dentro del Museo D’Orsay y, de la misma forma como expone nuestro epígrafe, se dejó llevar por el soplo más mínimo que le nació con la observación de tal cuadro. Séneca acertó como si estuviera deliberando, pero no previó que ese soplo pasó, en un instante, a un torbellino de celos que terminaría degradando a Patito.
            La historia va consumiendo un clímax intenso durante gran parte de la novela, estamos siempre bajo la mirada de Patricio que está constantemente mirando aquello que solo desea ver él, y todo por una foto. Los celos, o al menos un soplo de aquello, comienzan con una fotografía que le ve a un amigo suyo, Felipe, de una mujer desnuda puesta en la misma posición que el cuadro ya nombrado. Al mirarla detenidamente, se da cuenta de que aquella mujer no podía ser otra que su mujer, déjà interesante si consideramos que durante la exposición de tal cuadro en el museo francés, Patricio ya le había comentado cierta similitud que había entre esa mujer y su mujer. 

 

 —¡Es Silvia! —exclamó—: ¡No puede ser otra! —y se mordió la coyuntura de un dedo de la mano derecha, con fuerza destructora, con incontenible rabia.

         A partir de ahí la historia se convierte en una especie de frenesí celópata en donde se buscan respuestas en detalles, gestos y miradas acuciosas. Patricio Illanes, el médico chileno en Francia, buscaba por todas partes señales que detallaran aquello que sus instintos más básicos y solemnes a la vez le estaban acusando. Hurgó en su memoria, rompió su rutina para investigar, revisó la casa de Felipe para ver qué podía esconder, y todo para terminar destruyéndose a sí mismo, sin ver, en definitiva, lo que está todo ello generando en sí.
        Cada capítulo está siempre antecedido por una cita del gran pensador romano Séneca, dando justo en el clavo con aquello que justamente se trata de mostrar en el libro: las pulsiones más básicas pero elementales de todo ser humano, en este caso los celos. Y si aquello le sumamos una prosa muy cuidada, que cruza el límite de la sofisticación y alcanza la estación del castellano trovesco, damos entonces con una obra que somete las pasiones a la racionalización de la palabra, juego muy interesante. Explicar lo inexplicable, la desesperación de un hombre vulnerado y expuesto a experiencias depresivas que angustian su ser y la comprobación de un hecho aparente, pero que con el tiempo se va convirtiendo en realidad, hace de El origen del mundouna recomendación absoluta para todo lector.

 

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