El peso de la paja. Memorias: El cine de los sábados (Terenci Moix)


Reseña remitida por:
María Candel
Memorias. El peso de la paja 1. El cine de los sábados (La portada es referencial)
Editorial Planeta (2002)
Terenci Moix  (1942- 2003)
438 páginas
Precio referencial: 45 euros


Escribir sobre la propia infancia requiere de un ejercicio de retrospección y una sana paciencia, para armar el rompecabezas de nuestra historia. Es una labor minuciosa, de filigrana, que necesita del distanciamiento para encajar acertadamente cada pieza, en el momento, lugar y la razón precisa. Se dice que unos pasan la vida recordando la infancia, tratando de volver a ella. Otros, por el contrario, ponen todo su empeño en alejarse para olvidar. Terenci Moix, autor catalán, se recrea en los recuerdos felices amplificándolos hasta hacerlos fellinescos, en una caricatura de la realidad. Su admiración por el cine, o mejor su devoción, comenzó temprano, desde que se percató que la vida era bastante más divertida vivirla desde el cine y sus fantásticas historias en colorines, que el blanco y negro de la realidad.
Sus recuerdos familiares van etiquetados por los estrenos de las películas que lo acompañaron de niño; así, el recuerdo la primera comunión está asociado a Robín de los bosques con Errol Flynn y Lady Marian. Las tardes de los sábados, por las dobles sesiones que veía junto a sus tías, capitaneadas por la tía Custodia y las merendolas que éstas llevaban, dispuestas a pasar toda la tarde. Admira a Diana Durbin por “valiente y mentirosilla”, Eleonor Parker y Lana Turner le parece que habitan en un Olimpo, no apto para los demás mortales. El Kursal y el Coliseo fueron el ágora desde donde se inicia a la vida.” Los amores mueren, los afectos traicionan, la propia obra envejece. Sólo el cine se queda y manda”.

 

Sus memorias nos trasladan a los barrios trabajadores de la Barcelona en los años 50 y 60. A un cosmos cercado por callejuelas, pequeños comercios y artesanos, donde la familia regenta un popular negocio, cercano al Barrio Chino, desde donde irá descubriendo ese otro mundo lleno de vitalidad y placeres prohibidos. Pone en contrapeso la otra sociedad que ve con el distanciamiento de lo admirado; la Barcelona del Ensanche, de los barrios altos, que crece sin remedio como un adolescente, dispuesto abrirse paso con la energía propia de esta edad. Rodeado de todo un universo femenino, compuesto de madre, tías, primas y vecinas, el Maquiavelo que habita en el pequeño Ramonet se manifiesta en todo su esplendor, para manipular a todo aquel que se deje seducir por sus encantos de niño listo y ocurrente.
Todas las infancias se parecen. Todas las infancias repiten miedos, imitan sueños, inventan desdichas, se encierran en soledades agónicas. Todas las infancias son una y la misma. Prolongan a lo largo de los milenios la callada angustia del hombre por no alcanzar todavía la autoridad sobre sí mismo. Lo único que distingue a una infancia entre todas las demás es la capacidad de transgredirla. Ya sea por genialidad o por la estupidez, el transgresor infantil surge entre sus coetáneos y los domina erigiéndose en centro absoluto de una creación que solo a él pertenece y que los demás no están en grado de comprender.
 Relata en clave de humor su pasantía por el jardín de infancia y más tarde, los colegios públicos y privados a los que asiste, donde a pesar del humor, hace una fuerte crítica al sistema “educativo” de la época, marcado por la severidad del franquismo y una Iglesia complaciente con la represión individual y el aniquilamiento de las identidades regionales. Su lectura nos muestra también un retrato de la sociedad española, de la Cataluña que empieza a consolidar su industria generando las diferencias de clases y las peculiaridades de cada cual. El autor se detiene a reflexionar sobre su despertar a la sexualidad, materia que en la infancia es toda confusa, llena de tabúes, de adivinaciones por la falta de información. Su ambigüedad sexual durante la adolescencia queda definida en la madurez, donde se acepta como un individuo de abierta orientación homosexual, que trata de vivir según sus propias reglas y definiciones. 
Un gran autor, que en 1986 recibe el Premio Planeta por su obra No digas que fue un sueño, y en 1992 el Premio Letras d’Or por la novela El sexo de los ángeles.
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