Bestia dañina (Marta Brunet)

Bestia dañina (1926)
Marta Brunet (1897-1967)
Inscripción N° 373
94 páginas
Precio referencial $15.000
—Sería mi destino…
Bestia dañina es una novela breve, brevísima incluso. Es, al mismo tiempo, dueña de una fuerza demoledora. Marta Brunet, la autora, nos sitúa en la vida campestre que ella misma declara casi en extinción, por allá por la primera o segunda decena del año 1900. Es entonces, en nuestros días, un gran viaje al pasado de nuestras propias costumbres y vivencias, de todo aquello que es antecedente de la formación de nuestros países como hoy los conocemos.
La mujer huyó los ojos y dio un paso, tratando de acercarse a la puerta, pero el viejo le cortó el camino y a la par que hablaba azotándole el rostro con las palabras, ella iba retrocediendo y él avanzando.
—¿Qu’es esto, mala bestia, sino el cuello e tu querío? Canalla… Perdía —y en un paroxismo de ira que afinó sus facciones endureciéndolas y tornándolas grises, continuó diciendo—: Te di mi nombre y lo habís escarnecío… Te traje a mi casa y l’habís manchao… Me golviste loco con tu querer mentiroso y desoyendo too me casé con vos… Esperaba que me dierai un hijo y no me lo diste na… Por tu culpa se perdió la Meche… Por tu culpa morirá la Tatito… Por tu culpa me voy’acriminar… ¡Ah, perdía!…
En esta historia un hombre, don Santos, o Santos Flores, hombre de campo, en la época ya citada, ha quedado viudo, a cargo de sus tres hijas. Con su trabajo y esfuerzo logra salir adelante. Las niñas, que pronto tornan en muchachas, asumen cada una las labores y posiciones correspondientes a su vida, a su rol dentro de la familia. Está la mayor, que se convierte en quien lleva la casa, la muchacha del medio, coquetona y algo libertina, y la más joven, asustadiza y beata. El padre trabaja de sol a sol y las mujeres quedan en la rancha. Son pobres, tan pobres como lo era cualquier inquilino en la infancia de este país que hasta el día de hoy no pareciera alcanzar la adultez. El hombre decide que, luego de haber dedicado su vida largamente a abastecer y cuidar a sus hijas, es momento de casarse. Elige a una muchacha que tiene prácticamente la misma edad que su hija mayor y se lo comunica a sus hijas. Por supuesto, acostumbradas a cierta forma de vida, a ver su padre siempre entregado en exclusividad a ellas, aun con su brutalidad y rudeza de hombre de campo, sienten celos y se oponen. Pero la autoridad paternal, especialmente en aquellos tiempos, no tenía contrapesos. Desde ahí en adelante la vida de las muchachas cambia, cuando otra mujer, con intereses muy diversos, es insertada en lo que antes constituyera todos sus dominios y venga a robarles aquel espacio que fuera nada más que suyo, dicho sea de paso, sin intenciones muy limpias.
Muy en lo hondo una especie de remordimiento lo hurgaba. Como decía Tatito, aquello: la fuga de Meche, la pena de María Juana, el estado mísero de la niña, su propia pena, honda y callada, la vergüenza que la huida de su hija echaba sobre su nombre, no era sino consecuencia del matrimonio.
La causante de todo era Chabela, la bestia dañina, como la llamaba Meche, que por primera vez en su vida de hombre morigerado había despertado en él la pasión, tanto más fuerte cuanto más tardía; Chabela; que entornando los ojos con tan pudoroso recato le hacía olvidar todo lo malo que de ella se susurraba; Chabela embrujándolo con su voz cantante adormecedora de recelos; Chabela que le prometía un hijo —¡al fin! — con su juventud sana y pletórica de vida; Chabela…
—“¡Malhaya sea l’hora!… —alcanzó a pensar, pero luego, resignado, fatalista, murmuró encogiéndose de hombros la frase que sigila elpensar del roto—: Sería mi destino…”

Bestia dañina es un relato sencillísimo, pequeño, casi simple y es en ello mismo donde radica su grandeza. Marta Brunet logra, en escasos trazos, en sus muchos diálogos que traslucen cada uno de los modismos de época, los usos y violencias, retratar un momento que ya en ese instante estaba a punto de desaparecer y que hoy bien podríamos declarar extinto: el inquilinaje y la vida doméstica en el campo profundo. El criollismo, corriente a la que adscribe ese relato, sirve como testimonio para aquello, haciendo eco de las formas y maneras orales del campo. Además el relato toma tintes de retrato humano, de latencias y errores, de venganza y humillación.
Se ha estimado a este relato como uno de los más importantes en su especie, especialmente considerado dentro de su estilo. No me parece errada dicha apreciación. Bestia dañina es de una belleza mínima, refinada, escueta, que en su pequeñez demuestra ser una joya de la literatura chilena no solo por su trazo sino que también por su ritmo veloz, dureza, y por su capacidad de convertirse en documento de realismo, de un realismo que hoy por hoy pareciera ficción de tan crudo y lejano.
«Ni bonita ni fea, la novia. Pero extremadamente seductora con su frescura de manzana apetitosa y prieta, sin más belleza que los ojos negros, enormes y sombreados por tupidas pestañas crespas. Ojos de malicia que sabían mucho, que dejaban adivinar lo que sabían y que a su antojo cambiaban de expresión tornándose cándidos… A veces los ojos, alzándose, se posaban en don Santos y la malicia reía en las pupilas como diablillo maligno. A veces, luego de mirarlo, la boca se fruncía en mohín despectivo que después —al tocar sus manos el género de su rico traje— se tornaba en sonrisa complaciente y la sonrisa se hacía risa sonora al sentir como, sobre su cabeza, movía el viento la pluma del sombrero de lustrosa paja que la protegía del sol».
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