Uno y el universo (Ernesto Sabato)

Reseña remitida por:

Joaquín Pérez
Uno y el universo (1945)
Editorial Seix Barral
Ernesto Sabato (1911 – 2011)
144 páginas
Precio referencial $4900
“Durante muchos años me negué a reeditar este librito, a pesar de las insistencias de editores y amigos. Estoy tan lejos de la mayor parte de las ideas expuestas en él que siento, al reexaminarlas, la misma tierna ironía con que miramos las viejas fotos familiares: sí, claro, ahí está uno, ciertos gestos lo delatan, quizá una misma inclinación de la cabeza o una forma de colocar las manos. Pero ¡cuántas arrugas en torno de los labios y de los ojos nos separan!” (Pág. 9)
            “La ciencia ha sido un compañero de viaje, durante un trecho, pero ya ha quedado atrás” (pág. 14)
            El principio sanador de la literatura es un ámbito en el que Ernesto Sabato ha ahondado de manera profunda, y son amplias las consideraciones que este autor nos ofrece al respecto. ¿Nos preguntamos acaso del por qué escribir, del sentido que tiene manifestar ad eternum las cavilaciones que tiene uno con respecto a su universo? Difícilmente lo hacemos, y cuando se hace, las respuestas dejan demasiado que desear, o no plantean al menos razones verdaderas que permitan empatizar con tales ideas.
            Por su parte, Ernesto Sabato nos habría dicho que la escritura, para él y para la sociedad, ha sido una especie de ritual de sanación, en donde el escritor desafía un destino ya en proyecto e instala acciones sanadoras que permiten la pervivencia en la dura existencia del Hombre. Este, quien debe someterse a los exigentes sentimientos que provienen del inconsciente, ve en la literatura —en la verdadera literatura, aquella que es auténtica y real— una forma de destapar aquellos sueños reprimidos por nuestro lado racional pero que, sin embargo, pueden ir desatando crisis poderosas mientras más nos desentendemos de ellos. Por lo tanto, puede entenderse la escritura como una acción liberadora del inconsciente.

 

“A pesar de todo Colón hizo la expedición y el azar quiso que tardara justamente cinco semanas en llegar al nuevo continente, lo que explica que se afirmara en su idea errónea de haber llegado a las Indias. Hoy sabemos que Eratóstenes de Alejandría había calculado con asombrosa precisión y que Colón y sus asesores técnicos estaban equivocados. Pero con esta clase de equivocaciones es como avanza la humanidad” (pág. 38)

             Así es cómo por ejemplo nacen libros como Uno y el Universo, el cual, dentro de la vida de su autor, sirve de término y de puntapié para una nueva vida bajo un paradigma absolutamente distinto. Este renacimiento es duro, complejo, difícil de sopesar; pero a la vez es necesario, comprometedor y a la vez, imprescindible de hacer, ya que mantener aquellos aspectos psicológicos guardados por mucho tiempo puede terminar desencadenando una psicosis severa. Es quizá esta ambivalente función la que se ensaya en este libro.
            El libro está construido en forma de diccionario. Probablemente por una excesiva racional del mundo, o por una adoración al enciclopedismo, Sabato intentó describir algunos de los aspectos más relevantes del mundo de la ciencia de una manera que no responda a otra lógica que la del orden alfabético, confiscando la posibilidad de ensayar ideas con mayor profundidad por la de resumir en breves líneas las críticas que el autor hace a este universo.
            Pero como no solamente de ciencia vive el hombre —y mucho menos el señor Sabato—, el autor también comienza a ensayar algunas ideas que se irán replicando con mayor grado de profundidad en sus libros posteriores. Temas como el propio Borges, Dalí, educación, fascismo, entre otros, van separando al Sabato científico del neófito que está en proceso de transformación. Si intentáramos ensayar alguna interpretación sobre su vida y obra, podríamos aseverar que su transformación se ve realmente acabada seis años después con su Hombres y engranajes(1951), obra cumbre de su pensamiento; mientras tanto, va en su errante camino entre la ciencia y la literatura.
“La ciencia estricta —es decir, la ciencia matematizable— es ajena a todo lo que es más valioso para un ser humano: sus emociones, sus sentimientos de arte o de justicia, su angustia frente a la muerte” (pág. 30)
             Decíamos que este cambio era duro, complejo pero necesario, y Sabato nos da la razón. Cuantitativamente, vemos en el libro muchas definiciones —recuerden que es un diccionario— ensayísticas que tienen relación con el mundo de las ciencias, criticando algunas teorías, riéndose de otras, ironizando inteligentemente acerca de algunas creencias y, principalmente, viendo con suma preocupación la falta de moral que inspira la ciencia de nuestro tiempo —en cuanto a la ciencia, los tiempos de Sabato y los nuestros no distan en muchas diferencias—. Recordemos además que hasta último momento el autor no se retractó de aquellas ideas fundacionales que planteaba ya en 1951; por el contrario, las reafirmó en libros como La resistencia (2000) que, estando ya en los albores del siglo XXI, el diagnóstico acerca de este tema parece ser el mismo. Este mismo hecho hace que en ocasiones el libro se torne de difícil lectura, lo que en general no supone que el lector deba autoexigirse para entender lo que tiene en entre manos, sino que —creo yo— debiera enfocarse en las críticas que se hacen en torno a esta realidad. Al menos en lo personal, difícil me sería entender a un docto en ciencias físico-matemáticas hablar de su campo de estudio siendo yo un pergenio en el tema.
            De todas maneras, es un libro interesante de apreciar en la medida de que se tenga conocimiento del contexto en que se escribe y de la vida del autor que motivó tal experimento literario. Quizás me equivoque en esto, en lo de “literario”, ya que no me parece ni por mucho un libro de literatura, ni por menos un libro de ensayo; o al menos la tradición ensayística que caracterizó a Sabato se contradice con la estructura superficial de este libro. Así se entiende que el autor se negara a reeditar tal obra. Pero contradiciendo aquello, debemos mencionar —en honor a la verdad— que este libro fue galardonado por la municipalidad de Buenos Aires en la categoría de prosa, en donde hubo jurados de la talla de Adolfo Bioy Casares.
            Para quien le interese la vida del autor, es un libro imprescindible. Para quien no, tarde o temprano, después de la lectura de sus demás libros, picará la idea de tener entre sus manos esta obra y leerla al menos una vez.  
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