Un perdido (Eduardo Barrios)

Un perdido (1918)
Eduardo Barrios (1884-1963)
N° Inscripción
Ed.  Espasa-Calpe
Tomo I, XXX páginas
Tomo II, 312 páginas
Precio referencia $10.000
 
Un perdido es una novela ambiciosa, como todas las de Eduardo Barrio y, al mismo tiempo, posee la gran virtud de esconder aquella pretensión, tiñéndola de una simpleza que no es tal, justamente como lo logran sólo los grandes narradores. Considerando que fue publicada apenas a comienzos del siglo diecinueve, cuando todavía se podría postular que no se encontraba bien asentada en este “Nuevo Continente” una verdadera novela latinoamericana, podemos todavía entrever en ella rasgos de la Novela Romántica, de un tipo con resabios europeos —que no son más que eso, resabios en la forma de tratar la temática—, y que, sin embargo, ya se circunscribe en un contexto propiamente chileno (en este caso), trasladando aquellos sentimientos que afloraron en la novelística europea a un clima de calles pobres y fealdad, de hambre dolorosa.
 Estuvo Lucho a punto de soltar una carcajada; mas algo lúgubre, feo, feo como una vergüenza, como la vergüenza de sentirse fracasar, estranguló la risa y le detuvo.
 En el prólogo a esta edición española, decía Manuel Gálvez (escritor argentino de la época)  que se trataba de la mejor producida por un hispanoamericano“. No sé si será completamente cierto, no soy capaz de hacer eco de un comentario a tal punto absoluto, pero sí sé que al menos podría estar discutiendo aquel lugar de honor. Y, no obstante lo anterior, considero que el mismo Barrios se superó a sí mismo cuando publicó su “Gran señor y rajadiablos”. Pero vamos a Un perdido.
Luis Bernales es apenas un niño al comienzo de la historia, creciendo al alero de su familia materna, sumido en una vida campestre que se ha extinguido en Chile, al menos en el punto en que se relata. Desde su primera edad muestra ser un muchacho sensible, delicado. Su padre, hombre de carrera militar, ha hecho su vida lejos de su esposa y de él y de sus otros dos hijos; es esa profesión, sumado a su quizás poco amor, quizás a una especie de timidez, la que lo llevan a aquella lejanía no solo física, sino que también espiritual. Siendo así, Luis, o Lucho, no tiene más padre real que su abuelo. Pero sus abuelos son precisamente eso, personas de edad avanzada, y la vida se les agota, así como también de pronto a la madre. Y, lo que jamás hubiese querido ni imaginado: sucede que se ve entregado al padre, con quien ningún lazo real une, y quien desea que haga carrera militar.

La novela es extensa. No deseo abundar en detalles. La narración sigue a Luis por su desarrollo hasta llegar a ser un adulto joven, vivir y enamorarse, e irse dando cuenta que está sometido a un montón de casualidades que marcan su vida, que lo hacen ir a la deriva, sin que apenas pueda él comandar resoluciones que en algo influyan en el curso de los hechos. Se siente un despojo en la marejada de la vida, un perdido. Y el hambre, el dolor, la falta de carácter, todo se conjuga sobre él, en hechos que se repiten una y otra vez para ir demostrando aquella teoría que se expone en el libro.
Hay varios aspectos de la novela que podríamos ligar a la vida misma del autor, hechos que se asemejan a su propia biografía y que nos hacen pensar que aquella sensación de estar perdido también le fue propia, ese desarraigo de la fortuna, aquel mareo embrutecedor.
En suma, se trata de una novela bellísima, más cercana, diría yo, a la novelística europea del siglo anterior que a la que vendría después en Chile, con tanto realismo y, sin embargo, no niega aquel nuevo movimiento que va tomando fuerza, sino que en cierta forma podría considerarse que ayuda a fundarlo. Juzgándola en sí misma, fuera de su contexto e influencias, no puedo decir menos que se trata de una gran novela, que estando muy bien construida, nos conduce por su estructura repleta de circunstancias, con esa aparente simpleza lograda solo por los mejores escritores.
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