Islas en la ciudad (María Elena Gertner)

Islas en la ciudad (1958)

María Elena Gertner (1927-2013)

Editorial del Nuevo Extremo (1958)

Inscripción N° 20.303

190 páginas
 

 —Encontrar algo… No sé, algo que nos deslumbre. Algo en que afirmarse, y descubrir que los días no ruedan y se deshacen, y que los seres y las cosas no son islas flotando en medio de una marea sin sentido.

La literatura chilena del siglo pasado (y quizás también en buena parte hasta nuestros días) está repleta de ejemplos de autores que, desde una situación precaria se lanzaron a las calles, a sus propias calles repletas de baches y hoyos, se lanzaron a los bares, a la noche, a la vida, y desde su situación de pobreza hicieron excelentísimas obras sobre su entorno, retratando con fidelidad y lirismo la situación del hombre base de la sociedad, del ciudadano común. Más complejo es encontrar el ejemplo contrario, la novela bien lograda sobre las altas esferas, que no resulte en caricatura si no en trazo firme y conocedor de su medio, donde no medie la crítica ramplona si no que la observación exenta de prejuicios facilistas. Apenas se me viene a la mente el ejemplo contemporáneo de Arturo Fontaine con Oír su voz, fuera de eso tendría que estirar un poco el ejercicio, ampliar sus márgenes quizás para encasillar una obra dentro de este aspecto. Probablemente el antecedente más claro de dicha novela sea la que ahora comentamos.

Islas en la ciudad, publicada en el año 1958, es justamente eso: el retrato de la vida de la gente de “buena familia”, personas con problemas tan humanos como su símil más carente, con desordenes familiares, intrigas, y amor y falta de amor. En ella nos encontramos con Carolina, una mujer de vida acomodada, a quien conocemos a través de las recepciones que realiza en su casa, recibiendo a artistas, bohemios y otras personas de vida que pareciera bastante ociosa, entre tragos, conversaciones lacónicas y tiempos muertos. Se reúnen para pasar el rato, pasar la vida, embriagarse un poco, olvidarse otro tanto. Su marido, gerente y socio de una empresa, vive la vida apurado, repleto no solo de trabajo si no también de infidelidades que su mujer pasa por alto como si nada le interesasen, como si realmente no tuvieran que ver con ella. Esta pareja no es única, se repite en las otras parejas que aparecen en la historia, como si fuera una sola que se va multiplicando y luego entrelazando para confundirse en infidelidades que se suceden como si fueran cualquier cosa. La historia sucede en las habitaciones, en los salones de visitas de las casas de cada una de estas familias, en las salas de clases de sus hijos que van sufriendo este mismo aislamiento de sus padres. Es como si lo único que la autora pretendiese realmente retratar fuera aquella falta de unión, de real conexión entre todos esos cuerpos que se encuentran, coinciden, interactúan en la superficie, mientras por debajo las grietas se esparcen sin que ninguno de ellos haga nada para detener aquel resquebrajamiento.

Haz que cese mi nostalgia, mi vacío, mi búsqueda. Muéstrame el milagro oculto a los ojos sin fe… Yo no quiero ahogarme en hazañas miserables…, no quiero perderme en una historia que caerá en el olvido…, no quiero que me traguen… Señor, no puedo resignarme a  la muerte. Quiero vivir.

Sus personajes no muestran ninguna desesperación en su actuar; reflejan un estado social, un sentido de pertenencia a una clase, pero jamás a una humanidad ligada a otra persona, a un afecto fuerte, real y que perdure en el tiempo.

Islas en la ciudad es usualmente considerada como la mejor novela de María Elena Gertner. Por supuesto tiene grandes méritos. El principal logro, a mi parecer, es conseguir aquel contexto inútilmente laborioso en el que se mueven sus personajes, aquella clase social que tiene sus problemas económicos resueltos y centran su vida en la problemática del aislamiento moral, sin que en el mismo libro exista un juicio contra ellos, por el contrario, la autora logra tomar distancia, para no intentar un ataque ni una defensa, si no que simplemente para dejarlos jugar y expresarse frente al lector, mostrando cómo estas islas en la ciudad van destruyéndose moralmente, aunque luego, de alguna manera extraña, como si se tratase de la vida misma, finalmente todo cuaje en una nueva normalidad que pareciera ahora sí, esta vez por fin, ser estable, real, firme y feliz. Es, en suma, una bella novela que consigue hacerse cargo con calidad de un espectro de la sociedad normalmente lejano del análisis desprejuiciado y cabal, para asir realmente sus problemáticas humanas.

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