La Ciudad de los Césares (Manuel Rojas)

La Ciudad de los Césares (1936)
Manuel Rojas (1896 – 1973)
Zig-Zag
N° inscripción: 20.631
153 páginas
Precio referencial: $8.000

 

Hubo una época, una larguísima época me atrevería a decir —y quizás no completamente dejada atrás, por suerte—, en que nuestro continente americano estuvo plagado de historias, mitos, leyendas. Uno de estos mitos fue especialmente difundido y que perduró en el tiempo, uno tras el que corrieron infinidad de hombres, creyendo férreamente en su veracidad: esa fue la de La ciudad de los Césares.
Se creyó por mucho tiempo que en el extremo sur de América Latina, en terrenos ya sea de Argentina o Chile, existía una ciudad escondida, ciudad que tenía la particularidad de ser riquísima, de haberse desarrollado culturalmente separada de cualquier otra civilización, con un vasto conocimiento del mundo y, por si fuera poco, donde no solo sus edificaciones sino que hasta sus calles eran de oro. El misterio principal: su ubicación. El motor de tantos hombres que corrieron en su búsqueda: la codicia.
Hubo un sinfín de explicaciones de cómo se conformó esta ciudad, los que dejaremos de lado para ceñirnos a nuestra novela. Manuel Rojas hace eco de dicha leyenda y nos cuenta el siguiente relato.
Presenciamos el nacimiento y primeros años de desarrollo de un ona (aborigen de Tierra del Fuego). El relato es ágil, introduciéndonos escuetamente en su forma de vida y sus creencias. Pronto llega el hombre blanco a esos parajes. Es el encuentro de dos razas completamente diferentes. Onaisín, el aborigen, joven bastante particular en su etnia, no les teme, por el contrario, se acerca a ellos y entabla relación. Los hombres blancos le ofrecen llevárselo con ellos, subirle a la embarcación. Y él acepta. Desde ahí su vida cambiará de trayecto, dejándolo todo atrás, siendo reeducado en esta nueva cultura, transformándose en marino y más tarde, con el paso de los años, en buscador de oro. Es aquí donde el relato entronca con el argumento principal de la historia: la búsqueda de un lugar donde, según datos que han recibido, se extrae el oro en cantidades inmensas. Allá va la expedición de hombres, integrada por Onaisín, en búsqueda del preciado metal. Y en vez de hallar únicamente oro, lo que encuentran es toda una ciudad de dicho metal.
La llegada de la expedición, que uno esperaría fuese un instante triunfal, ocurre en un momento decisivo en la historia de la ciudad, donde toda su estabilidad está pronta a derrumbarse y en la que estos foráneos tendrán un rol principal… pero todos esos detalles se los dejo a quien desee enterarse del argumento de primera fuente.

Al releer esta novela ahora, con una visión adulta y conociendo con mayor profundidad la narrativa del autor, Manuel Rojas, se me hizo curioso entender el por qué de esta historia. ¿Cómo es que un hombre que temáticamente radicaba sus preocupaciones en el hombre común y corriente, en los conventillos, los lenocinios, en el sufrimiento más cotidiano y humano, hizo el giro hacia una temática prácticamente fantástica? No tengo una respuesta muy clara. Sí noto que no es completamente inédito: es, asimismo, “El hombre de la rosa”, su cuento sobre un hombre que era capaz de transportarse a otros lugares con su mente. ¿Cómo este escritor realista aborda estas leyendas? Esbozo una teoría que logra convencerme: su vida, hecha a pulso, repleta de viajes a pie, de gentes, de historias y conversaciones, que no pudo, siendo habitante de este país repleto de mitología, menos que también haberse llenado de esta. Y, sin embargo, ni aún en estos casos, los hombres dejan de ser hombres, de sufrir; el ona no deja de ser un aborigen reencontrándose con sus orígenes (aunque no sea el tema central) ni los hombres dejan de luchar, cada cual por sus propias ambiciones. Es cierto, esta novela escapa un tanto de la línea trazada por el mismo autor en su novelística, pero no deja de ser alentador este intento ameno de retratar aquello que es también parte de la realidad de estas tierras, de la domesticidad y del día a día: la fantasía.
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