Lina y su sombra (Óscar Castro)

Lina y su sombra (1958)
Óscar Castro (1910-1947)
Ed. Zig-Zag (1958)
 Inscripción N° 20.339
244 páginas
Precio referencial: $10.000
—Yo buscaba en ti la felicidad que nunca quiso concederme la vida.
—No he sabido dártela. Y es porque soy como me hicieron. (…)
Lina y su sombra es otra de las novelas que quedó inéditas a la muerte del autor, celosamente guardada por su mujer y publicada únicamente tras su muerte. Desconozco si fue él quien no quiso publicarla, quizás por no encontrarla a la altura de las otras a las que él daría su “visto bueno” en vida, quizás simplemente porque se trataba de una novela inicial, escrita en su primera juventud, en la que Óscar Castro todavía hacía su propio camino, puliendo su pulso.
El argumento corre por varias líneas paralelas, que en momentos se entrelazan. Ambientada entre fines del 1800 y principios del 1900, la historia tiene como motor de origen a Lina. Ella es una muchacha, de clase más bien humilde aunque sin llegar a ser pobre, secretaria de una oficina de abogado. Se ha entregado, en un acto consciente y “vicioso” (como ella lo describe), al acto oculto de mantener relaciones físicas con un individuo de mala condición: jugador, tahúr, estafador, inmoral. Ella lo sabe y aún así se entrega, no solo una vez, sino que conforma una relación con él, que no es amor, sino que es física, meramente física. Por otro lado tenemos a su hermano mayor, Gerardo, quien es un poeta o literato. Él, un ser un tanto especial y elevado a través de la literatura, siente la urgencia de escribir, expresarse por palabras, hacer cosas en aquel mundo de libros y papeles. Elsa, su hermana adolescente, es una mujer en formación, que sufre el sentimentalismo del crecimiento, de su paso de niña a mujer. Finalmente está el resto de la familia de Lina, el padre, la madre, otro hermano; todos ellos conforman el resto del paisaje, de la vida familiar en aquella casa.

Esta vida cotidiana, de aspiraciones medianas, nada de heroicas, tiende a cambiar cuando, para alivianar la carga económica familiar, aceptan la solicitud de un estadounidense radicado en Chile para que le den “pensión” (que en Chile se refiere coloquialmente, aunque ya algo en desuso, al hecho de darle a una persona las comidas diarias a cambio de un pago: desayuno, almuerzo, cena, etc.). Aquel personaje bonachón, inmenso aunque algo infantil, se enamora de Lina. Esta, quien sigue manteniendo relaciones con Ramiro (el tahúr), va contrastando poco a poco su vida con las sutilezas de aquel otro hombre que la trata con una dignidad que no cree merecer. El nudo de la historia es múltiple: por un lado la intención de Lina de zafarse de Ramiro, sin que “el gringo” se entere de que ella es o ha sido ya de otro hombre (consideren la carga social de la perdida de la virginidad antes del matrimonio en aquella época, más aun si esta ni siquiera se ha dado por amor, sino que meramente por placer sexual), por otro lado están los frutos del desarrollo poético y literario de Gerardo y, finalmente, como tercer ángulo, el crecimiento de Elsa, la hermana menor, que pasa de ser una niña a alguien con un interés real en la vida, con virtudes que desarrollar.
Qué decir de esta novela. Antes que todo, deseo aclarar que es muy superior a muchas cosas que se publican hoy por hoy: largamente superior. Pero, al mismo tiempo, dada la calidad literaria inmensa que logró Óscar Castro, logro entender por qué él mismo no consideró la publicación de esta novela. Entiendo que era apenas un muchacho cuando la escribió. Claramente puede percibirse a Gerardo como un “otro yo” de sus propias intenciones literarias, del fulgor que él sentía por la belleza estética de las palabras, sus propios pensamientos. En Lina existe, por otro lado, una proyección anticipada de sus temáticas futuras: la vida de los hombres y mujeres del pueblo, la de la clase predominante, la cotidianeidad de los sufrimientos humanos, sin romanticismos baladíes. Elsa, por el contrario, resulta en un personaje menos logrado, que más bien pareciera estar ahí para contrastar y poner un bemol en la relación entre Lina y “el gringo”.
Esta novela es esencial para cualquiera que guste y haya leído antes las demás obras de Óscar Castro, habla profundamente sobre el autor, sus intereses, su evolución, su manera de pensar la literatura y conceptos que posee sobre ella (llegué a lamentar que no fuera principal el personaje de Gerardo), la proyección de sus temáticas. Es, así mismo, menos aconsejable quizás para quien empieza recién con el autor, porque la impresión puede ser dispar, ya que estructuralmente el libro no resulta todo lo armónico que es la composición de Castro. Es, en todo caso, para cualquier lector, una bella novela, ingenua, juvenil, ágil, que proyecta ya en un momento tan primigenio, el nacimiento de un autor de fuste.
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