Fuerzas especiales (Diamela Eltit)


Fuerzas especiales (2013)
Diamela Eltit (1949 – )
Seix Barral (Ed. Planeta)
ISBN 978-956-247-710-9
165 páginas
Precio referencial: $9.000
El cíber ha sido maravilloso con toda la familia, con mi mamá, mi hermana y yo, pero no con mi papá, con él no, ni menos con los que ya no están con nosotros.
Fuerzas especiales es la última novela de Damiela Eltit, escritora chilena, quien viene planteando una incomodidad ante el statu quodesde la época de la dictadura. Se trata de una de las narradoras chilenas más reconocidas, cosa que resulta, no diría extraño (porque claramente tiene los méritos para tal reconocimiento) pero sí curioso, ya que no es para nada una autora a la que se pueda acceder fácilmente.
Fuerzas especiales “retrata”, en el estilo tan particular de Eltit, la situación de una población marginal, una población chilena, indeterminada e indeterminable, pudiendo serlas todas, cualquiera o ninguna, que se encuentra inmersa en una especie de asedio policial permanente. Nos evoca, rápidamente, a barrios como La Legua (la nombro como ejemplo más conocido, aunque no me parece que sea el único), que por causa de los altísimos niveles de droga que en sus interiores se comercia y/o fabrican, se encuentran hoy rodeados por fuerzas policíacas. Es cierto, el eufemismo estatal nos intenta convencer de que se trata de planes de seguridad, de combate a las drogas, de lucha contra la delincuencia, pero ese mismo eufemismo no logra disimular todo aquello que se tapa con el velo de la noticia bien contada, es decir en este caso, todas aquellas vidas que quedan sitiadas, rodeadas y asediadas por un nivel brutal de represión policial, siendo o no culpables del hecho que las ha generado (que ya de por sí resulta opinable si amerita o no, no digamos tan solo la intervención, sino que el nivel en que esta es llevada a cabo). De eso trata, como contexto, Fuerzas especiales. Es una historia, narrada en primera persona, que permite vislumbrar trazos de la vida de su protagonista —una muchacha que ejerce la prostitución en un cíber café, como única forma de subsistencia posible—, así como de sus amigos más cercanos —uno, quien administra el cíber, y otro, Omar, muchacho que, como la protagonista, también usa los cubículos del local para prostituirse—. La vida en los departamentos por bloques, así como en los parques, plazas, en todo aquel contexto, no es parte de la historia, sino que lo es, principalmente, el lenguaje y las pulsiones que va desarrollando la narradora. La historia es mínima y en ella no hay una real progresión de hechos. Juegan, por sobre todo, las sensaciones precarias de aquel que se sabe marginal y marginado, al costado de la vera. Más que una construcción, consiste en una deconstrucción de aquella sensibilidad.

Entrar al departamento con la lengua afuera porque estoy gorda y no puedo correr cemento arriba a tanta velocidad, entrar con sed y precipitarme sobre el vino que ahora es de mi mamá y de mi hermana, mío no, todavía no, no es mío el vino porque no me alcanza la plata pero chupo el golletede la botella igual que el Omar chupapico y me duele algo en el primer espacio de la garganta y es espantoso chupar tantas para sacar algunas gotas que no compensan el esfuerzo.

Fuerzas especiales es un libro que obliga al lector a enfrentarse a la complejidad narrativa de la autora, a enfrentar sus maneras de entender la literatura, a sus intentos por combatir las formas tradicionales de la novela, reiterando sus esfuerzos ya bien definidos en lograr un ritmo y estilo narrativo que consiguen escapar de la construcción tradicional de la novela. Su intención siempre pareciera ser provocar en el lector ciertas preguntas, preguntas relativas a la marginalidad, al poder, el Estado, la sexualidad, la mujer. “Provocar”, insisto con el concepto porque me parece que es lo más adecuado.
Se trata de una novela bastante difícil de clasificar, que ya en su creación escapa de los cánones, más aún se niega a someterse a sus escalafones. La pregunta válida, la única que me parece válida como intento de juicio, es la de qué tan bien logrado está este intento. Hay que decirlo: Damiela Eltit ha creado, para sí misma y para la literatura, una forma particularísima de hacer novela, agrediendo el statu quo, poniendo el acento en los temas que, como su literatura, están fuera del centro social. Hay una concordancia en todo lo anterior. Esa concordancia provoca que, mientras siga tocando esa tecla, seguirá generándose la armonía consabida.
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