Mr Gwyn (Alessandro Baricco)


Reseña remitida por:
Juan Jabbaz


Mr Gwyn (2011)

Editorial Anagrama (2012)
ISBN: 9788433978493
Alessandro Baricco (1958 – X)
184 páginas

Precio referencial: $14 700
Un día me di cuenta de que ya no me importaba nada de nada,
y de que todo me hería mortalmente.
La historia es conocida. El protagonista quiere un cambio: Un autor relativamente exitoso decide, para sorpresa del resto, dejar de publicar. Lo confirma a través de una lista compuesta por cincuentaidós cosas que no volverá a hacer, las dos últimas: publicar libros; escribir libros. La historia parece conocida. Alessandro Baricco es conocido y uno sabe, al abrir cualquiera de sus novelas, con lo que no se encontrará. Y por eso lo leen los que lo leen. Para encontrarse con su ritmo, con su poda, con sus silencios. Para encontrarse, sobre todo, con sus personajes. Y aquí reside la decisión de esta última novela que lo anuncia desde el comienzo con una portada que lleva el nombre y la huella dactilar compuesta por palabras del protagonista. Baricco está consciente de sus recursos y de lo que exigen sus lectores. Esta vez centra su trabajo en Jasper Gwyn, un personaje que se vuelve copista, porque tiene que definirse como algo o porque fue seducido por la palabra. Un personaje que tomándose un vaso de whisky al día da la bienvenida a la misma vaguedad a la que acostumbró desde Océano mar. Historias breves, bocetos de vidas ficticias que el lector debe imaginar escenas de libros que nunca se van a escribir.

Créditos: Naiel Ibarrola
Se daba cuenta de que las premisas eran absurdas, pero precisamente por eso le atraía, ante la sospecha de que si uno le arrebataba a la escritura la posibilidad natural de la novela, algo haría ella para sobrevivir, algún movimiento, algo.

Baricco no busca profundizar en el drama del autor que deja de escribir a causa de la muerte del tío Celerino (el de Juan Rulfo), sino del que tiene la idea de escapar de la carga que implica llevar el título de escritor. Al momento en que Jasper Gwyn escribe la lista en el Guardian, tiene publicadas tres novelas con su nombre y decidido desafiar a duelo a la literatura: para ver cómo responde ella, para ver qué hace él. Así es que comienza una búsqueda basada en contemplar el desnudo desde diferentes sombras, sin traspasarlas nunca. Un estilo que a veces roza lo meramente voyerista y que en un comienzo solo se realiza a través de los ojos del protagonista, pero que luego se traspasa a los otros, observados que se observan. Junto con el cambio de miradas será que las sombras se irán convirtiendo en soledades cada vez más íntimas, donde el ingreso y las consecuencias producidas por su aceptación se supondrán a través de gestos inacabados que aluden al reconocimiento de una autenticidad: la niñez, el regreso a casa.

Jasper Gwyn me enseñó que no somos personajes, somos historias, dijo Rebecca. Nos quedamos parados con la idea de ser un personaje empeñado en quién sabe qué aventura, aunque sea sencillísima, pero lo que tendríamos que entender es que nosotros somos toda la historia, no solo ese personaje. Somos el bosque por donde camina, el malo que lo incordia, el barullo que hay alrededor, toda la gente que pasa, el calor de las cosas, los ruidos. ¿Lo comprende?

Será a través de este proceso contemplativo propuesto por Baricco que nuevamente nos encontraremos con trazos de sus personajes entrañables que desaparecen de nuestra vista sin alcanzar a haber aparecido, y por eso quizás la relación sentimental que alcanzamos a formar con ellos y con sus gestos indescifrables: una mujer que quería olvidarlo todo, excepto a sí misma y cuatro poemas de Verlaine —en francés; un viejo artesano que hacía las bombillas a mano y era capaz de que estas dieran, por ejemplo, una luz de un color infantil y que duraran casi treintaidós días encendidas y luego se apagaran de golpe o agonizando un poco; una señora mayor que llevaba un fular impermeable en la cabeza y un paraguas empapado que se le caía continuamente, y que estando ofrecía dulces redondos de algún cítrico que iban desparramados por su bolso, y que no estando era capaz de ofrecer una cita de Proust (Las resoluciones definitivas se toman siempre y solamente en un estado de ánimo que no está destinado a durar); Audrey, una muchacha —y ese fue el error
 En Mr Gwyn nos volvemos a encontrar con la prudencia característica de Baricco y la belleza poética de su prosa. Estamos nuevamente frente a una novela breve, redonda, límpida, donde no existe el personaje común, completo, y donde los giros muchas veces son la opción consciente de no tomarlos. Baricco ofrece una nueva muestra de lo que es escribir con lo que no se dice. Quienes disfrutaron con Océano mar, Seda, Novecento y Emaús, seguramente lo harán con este libro. A Baricco otra vez le sobraría dar la excusa utilizada por Gwyn con Tom Bruce Shepperd, su amigo y editor, al mostrarle un escrito:
Me ha quedado un poco largo, dijo. Cuando se va con prisas siempre queda todo un poco largo, ya lo sabes.
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