Inquilinos en la hacienda de Su Excelencia (Tancredo Pinochet)

Reseña remitida por:
Joaquín Pérez A.
 
Inquilinos en la hacienda de su Excelencia (1916)
LOM Ediciones
ISBN: 9789560002105
Tancredo Pinochet (1879-1957)
63 páginas
Precio referencial: $1800


Las fiestas del Centenario de nuestra República fueron bien pomposas. No se escatimaron recursos para ello, ya que estos abundaban por esos días. La minería del salitre, en donde Chile a partir de 1883 había capturado gran parte de los dividendos que este mineral le podía ofrecer no como estado extractor, sino que como estado protector de los intereses extranjeros, había configurado gran parte de los aspectos económicos y sociales de la época. Las grandes fortunas de este país habituaban las fiestas en el hipódromo, en el Club de la Unión y en varios otros lugares de refinada cultura. En la política, Chile vivía un régimen parlamentario que, cimentado desde 1891 con la muerte del presidente José Manuel Balmaceda, propició la autoridad del Congreso nacional por sobre la figura del Presidente de la República. Este no tenía más relevancia que representar los intereses de los parlamentarios, cosa que de suceder lo contrario, estos harían lo posible para debilitar el Gobierno de un presidente hereje. En lo cultural, el centenario ofreció al país grandes obras arquitectónicas, de gran valía para el ambiente cultural y social de la época, entre las cuales se pueden nombrar la Biblioteca Nacional, el Parque Forestal, el Museo de Bellas Artes y la Estación Mapocho; todas obras magnánimas. Y en lo social, los chilenos no tenían qué celebrar…
 
  
Por aquel entonces Chile vivía dentro de lo que se conoce como “la cuestión social”, entendida esta como el problema que viven los sectores de la población más desposeídos y con mayores carencias materiales básicas para su existencia. En este caso estamos hablando de una vivienda digna con un mínimo de tamaño que permitiera una cómoda habitación en cada hogar, elementos de subsistencia primarios, artículos higiénicos, etc. En síntesis, hablamos de toda una podredumbre que vivía la sociedad más popular tanto en la ciudad como en el campo. Y ante esta situación, existieron variados intelectuales que salieron al paso con críticas al Chile del Centenario. Uno de ellos fue Tancredo Pinochet (1879-1957), periodista, profesor de Estado y, principalmente, un crítico social de la realidad chilena, que le valió varios despidos y varias incomodidades en su vida. En su obra Inquilinos en la hacienda de su Excelencia, publicada en 1916, hace una crítica directa al presidente de la época (Juan Luis Santelices) por la mala situación que vivían los inquilinos en la propia hacienda del primer mandatario. Lo que el autor realiza es un viaje a un submundo ubicado dentro de la misma nación, para entender en carne viva cuál era la situación del inquilinaje en aquella época de esplendor y gloria. Él mismo lo presenta así:
Excelencia, por cerca de diez meses he estado recorriendo nuestro país desde Santiago a Punta Arenas (…) Sin prejuicios sociales ni políticos, he llevado la mirada investigadora a todos los pliegos de la actividad nacional; no he rehusado el champagne de los opulentos ni el mate de los humildes; he alojado en palacios y en conventillos. En Arauco, cuando me esperaba un banquete, encontré una manera discreta de comer en la ruca de un inquilino. En Coronel, en las minas de Schwager, alojé un día en el palacio del gerente y otro día en la covacha de una familia de mineros. (Pág. 5)
Aquí vemos que al señor Tancredo lo mueve un afán etnográfico: busca la mirada objetiva, real, concreta de la sociedad chilena, no siendo cargada por prejuicios que enturbien el foco crítico. Y la mejor idea que tiene es dar un último vistazo a las clases más bajas en la misma hacienda del presidente, hecho absolutamente desafiante, valiente y de mucha hidalguía.
Quizás lo que más escalofríos genera no es el tono directo con que el periodista le habla al presidente  a través de su escrito, sino que el momento en que relata la enorme transformación que debió realizar para poder pasar inadvertido entre las demás personas inquilinas de “su Excelencia”:
(…) os declaro que el acto de esa transformación, dentro de mi alma, era un acto fúnebre. Yo me posesionaba de mi papel, Excelencia. Es bello y alegre que muera una crisálida y nazca una mariposa; pero es triste y hace llorar, Excelencia, que muera un hombre y nazca una bestia. Y es todavía mucho más triste, ¿no lo creéis Vos mismo, Excelencia que dos hombres hayan tenido que morir y dos bestias hayan tenidos que resucitar para ir a vuestra hacienda a trabajar, para que Vos y Vuestra esposa y vuestros hijos tengáis pan y abrigo? (Pág. 16)
A partir de ahí Tancredo Pinochet empieza una larga descripción de un mundo en donde pareciera no haber Estado: los jóvenes no van a la escuela y se educan en los ranchos, los hombres y las mujeres son a-políticos, no por deseo propio, sino que por determinismo hacendal, los inquilinos son víctimas de humillaciones constantes, viven bajo el alero de “protección” de sus patrones que no hacen más que explotar hasta las pochas “chauchas” que ellos mismos les dan, etc. 
De escritura sencilla, capítulos cortos, narrativa desafiante y una fuerte crítica a la pomposidad inerte del Centenario de este país, Inquilinos en la hacienda de su Excelencia es un excelente material didáctico para la enseñanza de una época que no nos es ajena. Si nos ponemos a pensar, la gran mayoría de los chilenos proviene de una ascendencia inquilina y muy probablemente sus bisabuelos hayan vivido lo que el señor Tancredo nos muestra en su libro. 
Tancredo Pinochet
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