Gente en la isla (Rubén Azocar)


Gente en la isla (1938)
Rubén Azocar (1901 – 1965)
N° Inscripción 6450
Ed. Zig-Zag (1961) 320 páginas
Precio referencial: $ 10.000
—Es un pecado muy grande mi niño…
—Uno se irá al infierno por eso, ¿sabes?
—No he sentido decirlo; eso ha de saberlo el señor párroco…
Chiloé en un lugar mágico, donde las casas fluyen hacia el mar luchando por apoderarse de él y el mar, a su vez, pugna por adueñarse de esa isla de ensueño. Ahí hay barcos fantasmas, brujos, pájaros agoreros y la fantasía y mitología reinan como ciencia en todas las mentes. Es un lugar curioso, extremo, extrañísimo para el que no lo conoce y fantástico no solo en su geografía y paisajes sino que también en sus gentes, que se han criado dentro de aquel contexto. Hubo algún momento en el que, cuando todavía Chile apenas se reconocía a sí mismo con ese nombre, los chilotes casi no se consideraban chilenos y, al mismo tiempo, rivalizaban contra Chile por su propia identidad, tan distinta del hombre continental.
Es en este Chiloé donde se sitúa la novela que ahora comento y también donde quiero ubicarlos imaginariamente con esta reseña. Ese es el Chiloé de hoy. Ahora retrocedan el tiempo casi cien años, hasta alrededor del 1920 o antes incluso. Lógicamente, Chiloé se volverá mucho menos que una ciudad o poblado provinciano, será, más bien, una isla-campiña, un lugar con más bosques inexplorados que terrenos dominados por el hombre, en conquista y explotación. Justo en ese momento campestre es el cuando esta novela se desarrolla. Justo en ese Chiloé más repleto de mitología, más carente de ciencia incluso.
Las gentes se movieron entonces al borde de la Isla; unos caían con la frente en tierra; otros huían a ocultarse tras los pilotes, o volteaban el rostro hacia las llamas; se golpeaban el pecho, conturbados, o alzaban los brazos al cielo en actitud de penitentes. Un sordo clamor se arrastró sobre las aguas:
—“El Caleuche”. . . “El Caleuche”. . .         
Resonaban los gritos despavoridos en la inmensa soledad del mar, y el eco, agrandándolos, los devolvía hacia la costa.

Gente en la Isla es una novela que hasta el día de hoy puede ser hallada en librerías de viejo (librerías de libros usados o antiguos) gracias, principalmente, a que fue la primera novela ganadora de un premio que, en el siglo pasado, tuvo una altísima valoración en Chile: el premio Zig-Zag. Esta novela fue tan bien recibida por la crítica que llegó a editarse en Argentina y Uruguay. En ella nos encontramos con un cuadro de la vida de la gente en Chonchi (uno de los poblados de Chiloé), en los que, en un amplio concierto de particularísimos personajes por su conexión con la isla y su forma de vida, así como del clima cerrado que esta conforma, sufren y viven, vida que es particularmente retratada en la historia de un hombre y, posteriormente, de su único hijo, quienes crecen y se desarrollan sumergidos en las creencias y oportunidades estrechas de la misma isla. 
Es una novela criollista, regionalista, repleta de modismos, del reflejo del habla y de las costumbres (en lo personal me costó un buen tramo habituarme a la forma de expresarse de sus habitantes, aún prevenido del glosario de términos incorporado al final del texto). La múltiple historia es a un tiempo una historia de amor, de traición, de desarrollo humano, de crecimiento y de cumplimiento de metas. El autor no hace lujo de recursos, sino que logra la inflexión del reflejo, la sutil capacidad para retratar las voces de sus personajes, las formas, los errores y también sus vicios. Y claro, si él mismo nació y vivió en las tierras que describe, son suyas tanto como sus problemas y aquel aislamiento exacerbado, así como el empobrecimiento, la falta de expectativas, los mitos y leyendas que se transforman en verdades como lo más palpable.
Esta es una de esas novelas que, desde su visión regionalista, deberían ser un paradero prácticamente obligado para cualquier habitante de dicha región. Asimismo, me doy cuenta que va perdiendo interés en tanto menos compenetrado pueda estar el lector de aquella realidad y, no obstante lo anterior, aquel villorrio que fuera la isla constituye un paraje mágico que, tal como sucedió en el momento en que fue por primera vez editado, recorra países, interesando a gentes en este lugar tan particular, desconocido y extraño. Es, desde ese punto de vista, que invito a que sea abordada esta novela, la misma que alguna vez pudo ser leída como historia, y que al día de hoy es testimonio y documento.
A la izquierda Pablo Neruda, a la derecha el autor de Gente en la Isla, Rubén Azocar.
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