Poesía completa (Paul Auster)


Collected Poems (2012)
Seix Barral (Planeta)
ISBN: 9789507317408
Paul Auster (1947 – X)
328 páginas

Precio referencial: $11.900

Las palabras son todo lo que tenemos.
 
Samuel Beckett

Según la contratapa de esta edición, el mismo Auster piensa que su poesía es probablemente lo mejor que ha escrito. Sin embargo, su nombre es mayormente conocido por su prosa, con libros como La trilogía de Nueva York (1985-1987), Leviatán(1992) o El libro de las ilusiones (2002). Es difícil, entonces, aproximarse a su creación en versos cuando la ficción del autor es lo que ha acostumbrado al mundo literario y a sus seguidores durante décadas. Pero aquí estamos, y el resultado es profundamente fértil.
Si al aproximarse a este libro se quieren hallar puntos colindantes de la poesía de Auster con su narrativa, es difícil lograrlo. En sus novelas la mayoría de las veces todo son vínculos sociales entre hombres —que a veces tienen álter egos—, edificios, crímenes misteriosos, algo más bien urbano, de entrevero. En estas páginas se cola a ratos una sonoridad de lo eterno, en donde el sentido de las palabras y la percepción a través de ella, la naturaleza y sus ríos, mares y animales, dan para pensar que la lírica de Paul Auster es distinta, casi radicalmente distinta a su obra precedente. ¿Una publicación que se hizo solo por el peso de su nombre, como suelen hacer las editoriales? ¿O en verdad una compilación de los primeros intentos literarios del estadounidense, valiosos hoy pero en su momento ignorados?
Desde principios de los años 70, fecha de los primeros poemas del libro, la temática y los conceptos se vuelven transversales y recurrentes en miras a sus poemas posteriores: parece haber una idea poética clara sustentada en motivaciones y convicciones ligadas a la duda, la angustia, el miedo frente al mundo y el tremendo poder que tienen las palabras para configurarnos y modelar la realidad. En esta oportunidad, es esto el eje central de su escritura y, por qué no decirlo, filosófica.

Mediante versos que la mayoría de las veces tienen pocas sílabas, Auster alude a la unión entre la palabra y el medio, la realidad considerada de manera aislada, en donde la comunicación no puede darse al estar obstaculizada por un muro insalvable, un componente que bloquea la esencia; uno de los grandes temas de esta poesía. Esta noción recuerda bastante al mundo de las ideas de Platón, donde las sombras en el mito de la cueva son solamente eso: sombras, no el mundo de la luz. O en el mismo Fedro, también del filósofo griego, en el cual el alma (un carro alado tirado por dos caballos) viaja de un lado a otro en una región etérea, donde goza de su idealidad, lejos de los hombres en los cuales se transmigrará para que vivan lo cotidiano e incompleto.
Queda claro que el escritor reafirma su creación en ciertos postulados filosóficos personales, en donde los cuestionamientos sobre la vida y la muerte, el uso de la palabra o la percepción ocluida a causa del muro como barrera, juegan un papel fundamental en su concepción vital. Al mismo tiempo que en sus estrofas seres vivos que en su mayoría no son seres humanos, estaciones y transiciones climáticas, plantas y árboles, e incluso su propio yo apelando a lo intemporal en la voz del hablante lírico.
DE SOMBRA A SOMBRA

Contra la fachada del atardecer:
sombras, fuego y silencio.
Ni siquiera silencio, sino su fuego,
la sombra
que arroja un respirar.
Para entrar en el silencio de este muro
debo dejarme atrás a mí mismo.
Estas páginas también poseen la historia vital de Auster. Como decíamos, actualmente no es conocido especialmente por lo que escribió en esta materia, sino que por su narrativa. Y esto porque él dice —como podemos ver en el prólogo, por lo demás muy útil— que hasta cierto punto la poesía fue su elección de escritura, pero luego llegó a cuestionarse su propia actividad, perdiendo la esperanza de convertirse en un escritor. En efecto, llama la atención percatarse cómo uno de los mejores autores actuales se desencantó de su meta, la olvidó por convencimiento, y luego de una epifanía —que no develaremos aquí— se dispuso a seguir escribiendo. Esta vez, en prosa, pero sin perder el ritmo y la música natural dentro de toda literatura.
     En cierta medida, escribiendo poemas estaba pavimentando pacientemente el camino de consolidación que lo extasió hacia la narrativa, el procedimiento literario donde se desplegó como el narrador que es, publicación tras publicación.

Aún siento gran apego por la poesía que escribí, todavía la defiendo. En un análisis global, es probable que sea lo mejor que he escrito (…) Mis poemas eran la búsqueda de lo que llamaría una expresión unívoca. Expresaban lo que sentía en un momento determinado, como si nunca hubiera sentido nada antes ni fuera a sentirlo después.
Palabras fugaces como partículas físicas con vidas mínimas, y sin embargo significativas. Es eso es la poesía plenamente austeriana. Sí, su poesía recogida, pero además su filosofía y visión de mundo en un solo libro: la aprehensión de la realidad mediante una poética que es espejo de la senda de perfección que recorrió quien a los treinta años dejó de concebir poemas (teniendo hoy más del doble). Un transcurso que queda al descubierto en esa especie de ensayo con notas y aforismos, de 1967, que se encuentra al final de la selección.
Esta edición bilingüe ayuda de paso a entender por qué Auster creía que la traducción de una lengua extranjera en poesía —como el francés de Rimbaud y Baudelaire para él— era otra forma de alejarse y acercarse a la realidad. Con un prólogo conciso y no molestosamente académico a cargo de Jordi Ponce, el mismo de la traducción, y una cantidad de páginas razonable para constituir un corpus suficiente, este texto es una buena manera de seguir descubriendo el universo de Paul Auster.
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