Memorias de España (Giacomo Casanova)


Reseña remitida por:
María Candel
Memorias de España (1986)
Giacomo Casanova ( 1725 – 1798)
Editorial Espasa Libros, SLU
ISBN: 9788467020748312 páginas
Precio referencial: 14

    Y sí, es verdad que fue todo esto, pero también mucho más; un personaje poliédrico que vivió la vida con intensidad y, como un día dijera el poeta, amó todo lo que las mujeres tienen de hospitalario.
     Nació en Venecia. Hijo de comediantes, parecía destinado al olvido de todos por un problema de pólipos nasales que le dificultaban la respiración. Vivía con la boca abierta, por lo que pensaban que era corto de luces, hasta que una tía suya ,en Murano, lo hizo operar por una curandera, y este hecho le cambió la vida para siempre.
     Estudió leyes en Padua, le encantaba el ocultismo, la magia y la cábala, y como era de espíritu inquieto, empezó a viajar desde temprano, a conocer mundo, “cultivar los placeres de mis sentidos, fue mi principal ocupación durante toda mi vida; nunca he tenido nada más importante. Como me sentía nacido para el sexo diferente al mío, lo he amado siempre, y me he hecho amar todo lo que he podido”.
     En 1768 decide conocer España, donde pasará un año, expulsado de Viena por hacer trampas en el juego, se traslada a Paris y desde allí a Madrid.
     Como era costumbre en la época entre la nobleza y las clases altas, trae cartas de presentación para diversos personajes de la política en Madrid que le presentan en sociedad, sobre todo, en las tertulias de mujeres aristócratas y personajes del mundo farandulero, como La Pichona, antigua amante del conde de Medinaceli, que le abre las puertas de su corazón y del Madrid de las intrigas y pasiones desbordadas.
     Le impresiona España, la gran influencia de la iglesia y de su brazo armado: la Inquisición. La siente pacata y en constante contradicción con su carácter vivo y animoso.

     Escribe extrañado de que su habitación en la posada tenga el cerrojo por fuera y no por dentro, como es usual. Cuando pregunta al posadero, le dicen que son disposiciones de la Inquisición hacia los extranjeros, para saber y controlar en cualquier momento las actividades de estos con respecto, por ejemplo: ¿ si come carne en vigilia?, ¿quiénes duermen en el cuarto?; en caso de que sean hombre y mujer, asegurarse de que estén casados.


     Se da cuenta que las iglesias son un punto importante de encuentro social, donde se acude para ver y dejarse ver, que las mujeres sobre todo viven subordinadas a sus padres y “el qué dirán” pesa más que las autenticas convicciones.
     Aunque no se le puede considerar un hombre de carácter religioso, se deja llevar por las costumbres locales, acude a la misa mayor y aprende a descifrar el lenguaje de las miradas, y comenta: “En las plazas, en las iglesias, en los espectáculos, hablan con los ojos a quien quieren, pues poseen a la perfección este seductor lenguaje”.
     Historie de ma vie, escrito en francés, es el libro al que se dedicó en sus últimos años, cuando se retira resignado a Dux, en Bohemia, como bibliotecario del conde de Waldenstein y a falta de vivencias, decide escribir su vida, su historia, sus aventuras, quizás algo noveladas, pero donde puede volver a sentir el latido de la vida que poco a poco se le va escapando; y dar fe de haber sido un ciudadano del mundo.
     En él narra, con lujo de detalles, sus viajes y sus impresiones sobre personajes, países y costumbres que conoció a lo largo de su vida. Le interesa el ser humano y sus reacciones ante los aconteceres. Ama profundamente la vida, la saborea a bocados a veces pequeños y delicados y a veces, grandes e intragables, pero todo lo da por bien vivido. Y entre lo más valioso; las mujeres, seres a los que adora y respeta, disfruta de sus conquistas y no discrimina entre criada y señora, las seduce, pero busca el goce mutuo, el placer de los cuerpos que se encuentran para el disfrute de los sentidos, con la naturalidad y la pasión inherentes al ser humano; a nuestra especie. Se enamoró pocas veces, al corazón lo solía dejar por fuera. Sus biógrafos mencionan a Henriette, un amor de juventud, en el tiempo en que todo está aún por descubrir y no existe el miedo al compromiso ni adquirir responsabilidades.
     Casanova, junto al personaje de Don Juan, pasaron a la historia como mitos eróticos, arquetipos del hombre seductor por naturaleza; del hombre que necesita del amor, reconocimiento y la admiración de sus aventuras, debido, probablemente, a sus carencias afectivas y como una distorsión en la forma de concebir las relaciones entre un hombre y una mujer.
     Para Casanova, la mujer es fuente de placer en un juego amatorio mutuo, admira su belleza e inteligencia, y al finalizar el enamoramiento, mantiene con buena parte de ellas una relación amistosa, o les consigue una buena dote, o un hombre con quien pueda tener un vínculo estable y en aceptables términos económicos. Para Don Juan, proveniente de la nobleza, católico y conservador, la mujer es una presa que una vez gozada deja de tener interés y después abandona a su suerte. Vive en un vacío afectivo que solo se sacia con la conquista pasajera, y el control afectivo sobre esta.



Casanova, sano epicurista, hombre que tuvo contacto con sus sentimientos y apetencias llevándolo a trasgredir las normas sociales, vivió plenamente su vida, apurando el momento, y como buen romántico y fiel a sus circunstancias, antepuso su espíritu individualista al mundo que le rodeaba tratando de balancear la pasión con la razón.
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