Fedro (Platón)


Fedro | Φαίδρος(370 a.C.)
Losada
ISBN: 9789500395175
Platón (427-347 a.C.)
224 páginas
Precio referencial: $89 argentinos / equivalencia: $8900 chilenos aprox.
(…) y en la iniciación final contemplábamos un resplandor puro, puros también nosotros y sin la señal de ese sepulcro que ahora llamamos cuerpo, y al que llevamos a nuestro alrededor, prisioneros cual ostras.
 
Un imperdible de la filosofía griega del que probablemente sea el pensador más importante de la historia de la Humanidad en Occidente: Platón. Este intelectual de la Antigüedad, a pesar de querer expulsar a los poetas de la ciudad por faltar el respeto a la Verdad (un tema para tocar en otra ocasión), hizo filosofía de la ficción, o tal vez viceversa… con una de las dos cosas al servicio de la otra o nunca mutuamente excluyentes. Este diálogo en particular, al igual que partes del conocido texto de La República del mismo autor, explora aspectos relativos al amor, la locura, los favores sexuales entre amo y discípulo, los discursos, la retórica, la dialéctica, el objetivo de la filosofía y la naturaleza humana en relación al alma y el conocimiento.
El texto comienza presentándonos al joven Fedro retirándose con Sócrates a los extramuros de la polis para llevar a cabo una conversación relativa a los discursos de Lisias sobre el amor, a quien Fedro ha estado prestando mucha atención últimamente. Criticados por Sócrates, estos discursos refieren a la ventaja o desventaja de hacer un favor sexual a quienes no se ama en despecho de los que sí; un tema que suscita otros y así sucesivamente, los que, hacia el final del libro, son retomados nuevamente con las distintas facetas de la discusión ya exploradas para otorgar una conclusión suficiente sobre la cuestión. Son temas variados y sesudos, sí, pero de ninguna manera una porción considerable de la obra del clásico.
Por lo dicho, antes de todo hay que dejar en claro que el pensamiento de Platón no es único ni inmutable. Verbi gratia, aquí en el Fedro se expresan algunas planas del mismo, en relación a ciertos temas específicos como el amor y la esencia del alma. Cual la energía, tales ideas no murieron nunca; solo se transformaron con el paso del tiempo dando paso a escuelas, modos de pensar e incluso formas de vida. Así es cómo las distintas fases de su filosofía se reparten en varios de sus textos, de los cuales este es solo uno de ellos, complejo y breve, pero realmente significativo.
En un contexto bucólico de un mediodía cualquiera, Sócrates explica al lozano Fedro, con ayuda de metáforas, anécdotas, apologías y ejemplificaciones, su pensamiento con respecto a cómo y en qué medida debe otorgarse amor a un par, la expresión de las palabras o la escritura y su función, y el transcurso del alma entendida como metempsicosis (reencarnación) constante en distintos tipos de seres humanos (filósofos, poetas, gimnastas, artesanos, etc.) o animales. Para explicar la naturaleza y el transcurso del alma en el mundo, alude al mito del carro alado, el fragmento medular del libro que trataremos de explicar a grandes rasgos.
Según Platón —según Sócrates— todo ser está compuesto de cuerpo y alma. Esta, por su parte, es inmortal e ingénita, pues está siempre en movimiento autogenerado, independiente, y además no hay nada que la genere, pues es principio. Se la imagina como un carro con alas y dos caballos manejados por un auriga (conductor) que la lleva por el cielo de un lado a otro, contemplando parcialmente las verdaderas realidades, las Ideas, el conocimiento auténtico, en una competencia descarnada y circular entre almas. Cuando conquista regiones altas y divinas, el alma es perfecta como las de los “dioses bienaventurados”; cuando no, pierde sus alas y cae, buscando un cuerpo que tomarse y reencarnándose en un ser que tiene reminiscencias de esas realidades que vio en la región suprema, de las cuales depende el tipo de persona que encarnará. Así, el atalaje de los dioses está hecho de buenos elementos; en el caso de nosotros los mortales, hay una combinación de la bondad y la maldad instauradas en ambos caballos contrarios, por lo cual manejar todo este equipo resulta una tarea tediosa y difícil.
Es sencillamente una bella imagen para explicar una idea preciosa. Como decíamos, el espíritu del libro. 
(…) la única que con justicia echa alas es la mente del filósofo: en efecto, por medio del recuerdo y en la medida de sus posibilidades está siempre próxima a aquellas cosas por apegarse a las cuales es divina la divinidad. Así pues, el hombre que se sirve correctamente de tales recordatorios, al sin cesar ser iniciado en misterios perfectos, es el único que se torna realmente perfecto. Pero al apartarse de las preocupaciones humanas y apegarse a lo divino, sufre los reproches de la multitud como si estuviera fuera de sí, sin que ella advierta que está poseído por la divinidad.
En su vida y obra, Platón recurrió constantemente a los renombrados “diálogos platónicos”, una forma en la cual mediante preguntas y respuestas, aclaraciones o malentendidos, ironías o declaraciones serias, se da arranque a explicaciones rigurosas sobre problemas filosóficos universales, sin dejar de lado la mencionada veta literaria que cultivó el filósofo para ilustrar de un modo estético las distintas situaciones surgidas, a veces por hechos cotidianos y otras por paseos mentales de parte de Sócrates y sus discípulos: Glaucón en La República, Timeo en el diálogo del mismo nombre, y por supuesto el mismo Fedro en este caso.
Al igual que Orestes, esta publicación corresponde a la colección Griegos y Latinos de Editorial Losada; la traducción y las notas son de una calidad considerable y esclarecedora. Una edición que no se debe dejar pasar, cuyo prólogo aconsejamos se lea antes y después de aproximarse al contenido, aunque —para ser honestos— libros como estos deben ser tomados según cómo acomode al lector.
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