Los ojos de bambú (Mercedes Valdivieso)

Los ojos de bambú (1964)

Mercedes Valdivieso (1924-1993)

Ed. Zig-Zag

N° Inscripción 28.328-1965 

250 Páginas

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“Escribir era una forma de aprehender la libertad, de equipararme al sexo que tenía el poder, de crecer a la altura de quienes eran valorados por el mundo.” Mercedes Valdivieso

 

Mercedes Valdivieso fue una mujer. Punto. Fue una mujer que escribía; una escritora. Punto. Mercedes Valdivieso fue una mujer y punto. Desde ahí construyó toda una obra, desde esa característica que puede parecer una obvia pero que para ella y su época tuvo una gran relevancia, y que gracias a personas como ella adquirió una preeminencia mayor, reivindicando el papel femenino en la sociedad.

Mercedes Valdivieso es comúnmente definida como la primera novelista chilena feminista. Probablemente la acepción no sea errada. Y es que su obra no solo tiene aquel tono tan íntimo suyo, sino que además en ella la mujer es el centro y desde ahí —y no desde la figura paternal y supuestamente poderosa del hombre, aún vigente en buena parte— se van leyendo los acontecimientos que la rodean. Este carácter reivindicatorio, este apoderamiento del lugar que la mujer merece pero que no detenta es, probablemente, uno de sus mayores méritos.

(…) No es fácil hacer entender a muchos la importancia de la estadía en china; de un hecho trascendente y vital en realidad humana y artística, sólo ven el “rojo” como los toros. (…)

Los ojos de bambú pareciera ser un experimento. Una creación a medio camino entre la crónica de una experiencia personal y el velo lírico, novelístico, con que se ha revestido dicha experiencia. La protagonista de la historia, tal como la autora en algún momento, ha sido invitada a China, a trabajar allá durante un tiempo, en una China convulsa, refulgente, en la que se está abriendo paso la instauración del comunismo y, en contra partida, la abolición de un sin número de pequeñas cotidianidades que les son tan propias. La protagonista es el resultado de un trasplante, viajando de Sudamérica hasta China, para vivir la experiencia, como artista, de aquel renacer político y, a través de su arte —o eso es lo que las autoridades que la han invitado esperan— ayudar al mundo a comprender su camino hacia el comunismo.

—Somos residentes en un hotel internacional para extranjeros contratados en los sitios más diversos del mundo. Es difícil y arriesgado, por lo tanto, formular juicios sobre nada, porque todo puede adquirir de pronto contornos insospechados. En un medio tan artificial como éste, el ser humano para sobrevivir recurre a cualquier forma de defensa, y así uno enfrenta, a veces, los hechos más insólitos. Pero tiene sus virtudes; a pesar del aparente caos, tarde o temprano, la mayoría termina por descubrirse. Ha sido para nosotros una fuerte lección, pero que bien valía la pena sufrir.

La protagonista, vive durante cuatro meses en un hotel para turistas extranjeros, completamente apartados de la realidad doméstica del quehacer chino, recibiendo a cuenta gotas lo palpable en las calles, casi en contra de la voluntad de sus anfitriones. La relación con el país, al menos en las líneas de la novela, resulta escasa y difusa, casi irreal. La vivencia de la autora, quizás también alejada de sus propias expectativas, pareciera haber tenido más de frustrante que de grata, aún cuando sí puede apreciarse el cariño que aquellas tierras ha dejado en ella.

—Creo que has actuado con ligereza.

—Desgraciadamente, no tuve otro camino— dijo ella.

El amigo se echó a reír sin mirarla:

—Es la valentía de quienes han vivido siempre hartos.

El objetivo, la aventura, el conocimiento de aquel pueblo, están deliberadamente truncos. No existe una experiencia, real o ficticia, que logre efectivamente traspasarse a través de la novela más allá que la del encierro y esa sensación extraña. No existe realmente la mujer, como personaje, enfrentándose a una sociedad que no conoce, anquilosada en añosas costumbres pero sorprendente por los mismos motivos; sí se encuentra, en cambio, aquella frustración dejada por la falta de ese contacto ansiado. El resultado es un testimonio literario sobre una experiencia personal a medio camino entre la novela y la autobiografía que es necesario rescatar en nuestra narrativa por ser quizás el único testimonio de una experiencia que efectivamente causó y causa hasta el día de hoy una modificación en los equilibrios políticos a nivel mundial. Es una novela muy adecuada y recomendable para quienes conozcan y gusten de la generación literaria del 50 en Chile, quienes seguramente no se sentirán defraudados.

Desde esta frustración por la falta de contacto real con la sociedad China y, considerando ciertas escapadas que sí lo hacen posible, la autora escribe una historia donde la mujer toma un papel relevante y donde se construye un relato desde lo íntimo, que es al mismo tiempo sutil y breve, bastante alejado de lo anecdótico como cabría suponer y, quizás por lo mismo, deja un regusto un tanto extraño. Es uno de aquellos libros que, por su temática específica, consiguen ser mejor leídos si nos situamos mentalmente en la época y contexto de la autora. Dicho lo anterior, no se crea por ningún momento que se trata de una novela frustrada, sino que más bien, es tributaria y consecuencia de sus tiempos.

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