Exploradores del abismo (Enrique Vila-Matas)

Exploradores del abismo (2007)
Enrique Vila-Matas (1948 – X)
Anagrama
ISBN: 9788433971555
293 páginas

Precio referencial: $21000

Toda mi vida he estado deambulando por el borde de un abismo insalvable, saltando de piedra en piedra. A veces he tratado de abandonar mi estrecho sendero para unirme a la arremolinada corriente principal de la vida y me he sentido atraído hacia atrás, hacia el borde del precipicio y he seguido allí esperando que alguien llegara y me precipitara en el abismo.

 

Edvard Munch, pintor del célebre cuadro “El grito”.

Este es uno de los libros más recientes del autor español Enrique Vila-Matas. No exactamente un volumen de cuentos, no, porque a ratos se da un título que da paso a un cuento pero habla de sí en tanto autor, de sí en tanto hombre que posee experiencias propias, y siente cambios en su cuerpo y piensa sobre la utilidad real de la literatura. O a veces hay algo, un aspecto transversal, un funambulista o la recurrencia de una “analítica” médica completa, que da para pensar si esto es un solo gran relato con distintas aristas y protagonistas.
Como dice en el prólogo, aquí el autor va a regresar al género del texto que no tiene mayor extensión: el cuento, ese que lo vio nacer como escritor. Así, luego de exhibirnos “La modestia”, una historia donde un coleccionador de frases de autobús especula con las vidas de los pasajeros, presenta su propia voz en “La gota gorda”, segundo “relato” del libro, diciéndonos que cuando volvió al género fue difícil tener que narrar con un tempodistinto al ritmo pausado del novelista, contándonos además cómo es que, luego de haber recibido las críticas de sus “odiadores” por su tendencia a los excesos metaliterarios y sucesos surrealistas, se dedicó o quiso dedicarse con mucho esfuerzo —y por qué no, con espíritu burlesco hacia sus críticos—  a escribir sobre personas normales del mundo real, con carne y sangre. Personajes con problemas para él demasiado cotidianos, desdeñosos y vulgares, que hacen excursiones en la cornisa del precipicio del que habla Vila-Matas, a quienes finalmente terminó estimando en su estúpido simplismo de errores cometidos una y otra vez.
Ocurre que de estos cuestionamientos nace un libro, al fin y al cabo muy bien constituido, de cuentos alternados con pequeños textos que evidentemente provienen del narrador-autor que reflexiona sobre el vínculo ineludible de la literatura y la vida.
 
A veces parece
que estamos en el centro de la fiesta
Sin embargo
en el centro de la fiesta no hay nadie
En el centro de la fiesta está el vacío
Pero en el centro del vacío hay otra fiesta.
Roberto Juarroz

En este libro los personajes son variados. Sin embargo, todos están supeditados a esa predilección por el abismo, divirtiéndose con la idea de la caída inminente, viviendo un mundo interior bastante movedizo. Un hombre que habiendo pasado ya las tres décadas de edad, todavía pide dinero a su padre y alucina con pensamientos extraños que para él tienen mucho sentido y para su progenitor son una pura farsa intrascendente, como visitar el volcán Licáncabur. Una pareja que discute sobre la relevancia o insuficiencia del concepto de la materia oscura, y se hace el amor, y discute de nuevo, observados por Dios que no es nada más ni nada menos que su vecino. O la historia de un hombre que debe sufrir el alargamiento inverosímil de un viaje en una nave espacial cuyo destino original era Nueva York, arribando a un planeta donde el humor, y no la esperanza, es lo último que debe perderse.
Es este un libro donde los personajes parecen de una u otra forma comunes y corrientes, pero cada uno de ellos tienen algo que no sale a la luz, y ese algo es precisamente lo que los mantiene pendientes del equilibrio que los suspende en el no precipitarse, pero acercándose a ello gradualmente hasta caer o salvarse. Como Iluminado, el niño que se comunica con su padre muerto apoyando la cabeza en bancos de plaza o paredes; o la periodista francesa que encuentra un trabajo en México, cuyo sueño recurrente, en el cual ve el día de su muerte, de lluvia, vestido negro y un baile, aspectos cada vez más cercanos en la vigilia.
De modo que Vila-Matas, a pesar de tener  que plantear —no sabremos si de buena fe— seres con los pies en el suelo a expensas de sus odiadores que le enrostran la carencia de “higado y hueso” en sus personajes, no olvida su interés por la literatura y sus múltiples posibilidades, haciendo comentarios narrativos que pueden leerse como las inquietudes del autor mismo, o derechamente mostrando historias vitales en cierta medida ligadas, como la de los gloriosos solitarios que se escondieron del mundo (el hastío a los escenarios del pianista Glenn Gould o Robert Walser y sus microgramas, por ejemplo). Por supuesto no deja de introducir personajes en algunos de los cuentos para hacer ver qué es definitivamente el arte para él, como el artista retirado que estuvo condenado al anonimato, y que por lo mismo dejó la actividad.
“El grito” (1893) del pintor noruego Edvard Munch.
Solitarios de gran coraje, ciertos genios atrincherados me traen siempre el recuerdo de esos deseos en Kafka de ser como un piel roja, siempre a caballo, pero sin ver ya la cabeza del caballo, a galope desenfrenado. Solitarios de sí mismos, exploradores de la nada más vacía que hay detrás de toda platea repleta de público (…)
       Frases que parecen tener mucho contenido pero que finalmente son inmensamente irónicas, arte, literatura, metaliteratura, el proceso de escribir, un conjunto de cuentos con ideas obsesivas que atraviesan las casi 300 páginas, conceptos redundantes que se reiteran tal cual pero en personajes distintos para que el lector no los olvide, la enfermedad y posterior convalecencia indefinible de cada personaje, del propio Vila-Matas…
¿A dónde va la literatura cuando quiere cruzar los horizontes e internarse en el abismo? ¿De qué le sirve al escritor escribir sobre la vida, o bien escribir lo que vive? ¿De qué diablos le sirve al artista pensar que desde que abre los ojos hasta que los cierra el arte que lo define está pendiente de su vida?
Luego de leer este texto lleno de conexiones solo es suficiente con conocer un axioma que parece justo:, lo que varias veces profiere el autor: la vida no sabe qué clase de vida lleva.
¿Te gustó este artículo?
More from Luis San Martín

Cuentos para una futura niñocracia (Juan Pablo Sáez-Gil)

Cuentos para una futura niñocracia (2015) Juan Pablo Sáez-Gil Editorial Muchas Nueces...
Read More

1 Comment

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *