La ignorancia (Milan Kundera)


Reseña enviada por:
Pascuala Küyen
L’ignorance (2000)
Milan Kundera (1929 – X)
Tusquets 
ISBN 8483108879
199 páginas
Precio referencial: $7.420
     Desde tiempos inmemoriales que el tópico del regreso llena los abultados volúmenes de literatura. La añoranza, la nostalgia, la saudade por ese lugar que se ha dejado, son la columna vertebral que compone la trama del libro. Kundera nos prepara para recibir la llegada  de un par de emigrantes haciendo la simbiosis con Ulises y su odisea, elabora un escenario acuciante de significados y frases que pueden representar con la palabra la desolación del viaje, los resabios de una etapa que apenas asoma con una evocación y el acogimiento de los otros “yo” que renacen después de haber sido abandonados en pos la huida.
     Sin embargo, esta morriña no es del todo confortable para los propósitos del retorno, los años que han transcurrido fuera de su Ítaca les han borrado las viejas costumbres e incluso los rostros de quienes eran sus condiscípulos incondicionales. Lejos de un nimbo patrio que se les hizo prescindible con el trasiego de las décadas, han formado familia, han elaborado sus metas vitales que se tornan más asibles que los pueriles sueños imberbes.
 
     Es la desaparición del comunismo en Europa, particularmente la caída del muro de Berlín en 1989, lo que incita a los personajes a volver a Praga.
     Por un lado se encuentra Irena, radicada en Francia luego de haber escapado de los espías comunistas que vigilaban a su marido. Sola, con dos hijas, tuvo que forjar su porvenir a través de la solidaridad de los franceses quienes veían en los emigrados la ratificación humana de su pensamiento. Es ella, quien aconsejada por su amiga vuelve a Praga para reencontrarse con una realidad que prefería evadir.
     El ambiente que la recibe no le es del todo agradable, refleja sus pesadillas de los primeros años de exilio en los conocidos que no hacen preguntas sobre lo que ha vivido, sino que la ven como la hija pródiga de la que no importa el pasado que escribió al marcharse e intentan en innumerables ocasiones recordarle la persona que era antes de partir.
     Del otro extremo está Josef, un veterinario viudo refugiado en Dinamarca, quien enarbolando motivos políticos como espejismos se exilió de Praga, pero que regresa también a reconstruir —sin quererlo— el adolescente que permaneció incógnito en su memoria los veinte años que estuvo fuera de su terruño natal.
     La reminiscencia de los lugares transitados se fusiona en una comparación que los amputa, que los categoriza como parias en sus propias vidas construidas en el extranjero, provoca una la mezcolanza de recuerdos que no encajan. No obstante, aunque el olvido y la confusión cimenten su presente —para ellos sin hado alguno, deciden de manera tácita hermanarse en sus ostracismos medularmente semejantes.
     ¿Quién no se ha embarcado en una aventura que luego lo transforma y lo obliga a volver al estado anterior?
     Kundera nos atrapa en un nudo retráctil, una revelación a los itinerarios de la existencia. Por mucho que uno conozca y visite ciudades, siempre se escribe a sí mismo desde el interior, desde el sitio que lo encadena como un útero materno. Por eso Enrique Lihn afirma no haber salido de nada, porque la escritura (y la vida) está avezada a las raíces que nos forman desde el nacimiento, lo que a mi percepción es el mensaje del escritor checo.

 
     ¿Cómo afrontamos una separación de nuestro Ítaca? Júzguelo a partir de la lectura de La ignorancia.
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