Gran señor y rajadiablos (Eduardo Barrios)


Gran señor y rajadiablos (1948)

Eduardo Barrios (1884-1963)

Editora Espasa-Calpe Argentina S.A
ISBN S/I
348 páginas
Precio referencial: $9.000

 Bajo la encina centenaria, desdibujado dentro de la húmeda sombra, inmóvil como zorro al acecho, está el patrón… El poncho de vicuña cae desde su hombros fuertes a todo el largo de su talla empinada sobre los tacones huasos. Veo el destello de sus ojos claros, que pone reflejos en la barba rubia, recortada en punta…”

     Me faltarán palabras elogiosas para escribir esta reseña. Siento que cualquier tibieza a la que recurriera sería injusta para con el autor y la novela. Porque sí, esta novela es un milagro. Eduardo Barrios, de quien ya hemos hablado antes, escribió esta en el año 1948, cuando el costumbrismo y el criollismo ya habían desaparecido o estaban a punto de desaparecer. Lo hizo con su lenguaje acostumbrado, con aquel tono bellísimo que él poseía, tan distinguido e incluso tan anómalo al concierto chileno. Era superior en calidad literaria, en su trazo, en su composición. Y cuando aquella virtud tan de él coincidía con una temática que lo hiciera lanzarse y abocarse por completo a ella nacieron obras casi perfectas, como esta, Gran señor y rajadiablos.
Sí, considero a esta obra prácticamente perfecta.
No; él debe casarse, con su igual y ante Dios.
Algo lo acusa de miserable, sin embargo. Poco a poco el vino va encendiendo su doctrina católica, enfermándosela con fuegos de delirio acaso. Pero es que su existencia, ¿no viene a ser bastante triste, pensándolo bien? Desalientan, su bestialidad en el sexo y el fracaso de su camino sentimental. (…) A él, ciertos hechos le condenan, sí. Otros empero señalan…, ¿qué? ¿La fatalidad? ¿La insondable voluntad de Dios? ¿Los poderes del Mal? ¡Bah! Desvaría. Nunc est bibendum; tiene razón Horacio: hay momentos de beber.
     La historia versa sobre un hombre, un hombre particular hoy por hoy pero que en el Chile en el que transcurre la historia (desde alrededor del 1860 y tantos en adelante) fuera mucho más frecuente. José Pedro Valverde es un hacendado, un patrón de fundo, de aquellos que ayudaron con su trabajo y voluntad a construir el Chile que es hoy por hoy, el que se preocupó de volver tierras inhóspitas en terrenos agrícolas, fértiles, productivos. La novela es su vida, desde muy pequeño hasta el último de sus días, de su legado, de sus fuerzas, así como también de sus brutalidades e impertinencias, de su arbitrariedad de amo y señor de sus tierras y de no solo su propia existencia sino que la de muchos otros. Es un huaso de tomo y lomo, aquel ser del campo chileno que, montado en un caballo, fue capaz de combatir la delincuencia incipiente en nuestros campos, labrar la tierra, ser líder de hombres y terror de mujeres. Sí, porque es también un hombre repleto de defectos e injusticias.
Murió hace días apenas. Amagó los ochenta, y aunque debilitado, no vencido. Aun cuando su cuerpo se doblara, intacta seguía su feroz virilidad. Poseía el don del superior. ¡Ay!… para el bien como para el mal.  

  Aunque en algún momento se pensó que esta obra formaba parte de aquel criollismo tan resistido prontamente, lectores más atentos percibieron cuán diferente era a aquel movimiento y las particularidades que hacían a esta novela un caso único, al menos hasta ese momento: no es al hombre de campo, sencillo, sobre el cual se habla, no es sobre sus maneras y virtudes, no es una mera oda a la vida bucólica. Por el contrario, el personaje principal es un hombre de abolengo, un patrón de fundo, aquel que siempre fue el aborrecido es, en este caso, el admirado, aquel que es dueño del látigo y no solo de las espaldas encorvadas al sol. No hay sumisión a la vida, hay rebeldía. No solamente hay contemplación  del entorno, si no que hay lucha constante del que no pretende adaptarse, del que tiene fuerza tal que intenta y efectivamente logra que sea el entorno, el país mismo, el que se vaya adaptando a él. Es tirano, benévolo, padre, hombre, etc. En razón de esta elección del personaje principal fue víctima de críticas:
“En su visión realista del campo chileno, Barrios se despreocupa absolutamente del inquilino, del afuerino, del peón agrícola y del mediero, los auténticos héroes de cualquier creación literaria de la vida campesina nacional para fijar toda su atención en el señor feudal de nuestros campos, el rico agricultor en héroe de leyenda”. (Muñoz Lagos, Marino. “Un personaje singular”, El Magallanes, Punta Arenas, 28 de mayo, 2000, p. 3)
     Pero las mismas son solo sostenibles en tanto se tiene un concepto utilitario de la literatura, no estético, no artístico, sino que panfletario. Y hay que leer a Barrios para darse cuenta de las cimas que puede alcanzar la belleza en el lenguaje y la composición en la literatura.
     Esta es una obra esencial de la literatura chilena. Imperdible, de aquellas que no solo debiesen leerse, si no que incluso estudiarse.
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