Orestes (Eurípides)



ρέστης(408 a.C)
Losada (Introducción, trad. y notas, Nora Andrade)
ISBN: 9789500393164
Eurípides
200 páginas
Precio referencial: $9500 aprox.
La solución
¿se arroja desde el cielo
encaramada
desde el infierno?
los caprichosos
irresponsables
del execrable
deus ex machina.
La cultura griega, junto a la romana, son sin lugar a dudas los orígenes de la civilización occidental. Desde ellas se desarrollaron conceptos imprescindibles, como la justicia o la democracia, o disciplinas fundamentales, como la filosofía y la literatura, de gran importancia para los antiguos griegos y hoy carentes de la relevancia de la que gozaron antaño, apartadas de manera sistemática por la sociedad utilitaria de esta época.
La primera representación en escena de esta obra trágica que reseñamos se hizo hace más de 2400 años; un texto que a ojos nuestros es una muestra infalible de cómo se planteaba aquel sistema social lejano, y sin embargo tan vigente. Sus personajes principales, el dios Apolo, Orestes, Clitemnestra, Electra y Menelao, forman parte del imaginario colectivo  cultural de la época —tal como Ulises de La Odiseay Aquiles de La Iliada—, al punto de aparecer frecuentemente como personajes de obras de otros trágicos de aquel tiempo.
Con una estructura (un prólogo, tres episodios, un éxodo, etc.) que atiende en lo medular a la que tenían las antiguas tragedias, tratadas en la Poética de Aristóteles, Eurípides escribió esta obra de crítica social y estilo irónico pasada la Guerra del Peloponeso (431 – 404 a.C.) entre atenienses y espartanos. En este contexto se inscribe esta pieza, cuya temática alude a la maldición del linaje de los Átridas arrojada por el Olimpo hacia esta familia a partir del crimen primigenio de Tántalo, hijo de Zeus, quien engañó y ofendió a los dioses ofreciéndoles un banquete de carne humana. En este caso el protagonista es Orestes, hijo de Agamenón y Clitemnestra, quien debe lidiar con las causas y consecuencias de la maldición familiar y su crimen particular: el haber asesinado a su madre para vengar el agravio de esta hacia su padre, a quien asesinó con la ayuda de Egisto cuando aquel arribaba de la Guerra de Troya.
Clitemnestra titubeante antes de matar a Agamenón, P.N. Guérin (1819)
Luego de esa guerra con proporciones míticas que comenzó cuando los aqueos invadieron Troya porque Paris se llevó a Helena, la mujer de Menelao, todos vuelven a casa. Pero como decíamos, en casa el comandante de los griegos, Agamenón, no es recibido como quería. Todos estos hechos son los antecedentes —contados en La Orestíada de Esquilo— que desencadenan el nudo de esta tragedia. Orestes yace en cama convaleciente, enfermo, loco, envuelto en llanto, y es cuidado por su hermana Electra. No puede soportar el crimen de sangre que cometió, es acosado por las Euménides (diosas que persiguen a los culpables), pero está consciente de que su acción fue por una razón válida y por cierto leal, y por supuesto piensa que tiene el apoyo del dios Apolo, quien lo estimuló. Pero olvida contar con el capricho de los dioses, suficiente para dejar en el olvido y sin cuidado a los mortales.

ORESTES
Somos esclavos de los dioses, sean lo que sean los dioses.
MENELAO
¿Y después de eso no te defiende en sus desdichas?
ORESTES
Tarda. Lo divino es así por naturaleza.
El remordimiento de Orestes, William-Adolphe Bouguereau (1862)
De forma que en la apertura del texto Orestes y su hermana están a la espera de su tío Menelao, que viene llegando más tarde a Argos (Grecia), pues es él quien podría salvarlos de su destino inexorable —eventualmente, claro está, ya que su verdadera intención es heredar el poder de su hermano difunto, y en este plan no está contemplada la existencia de nuestro protagonista—.  El ajusticiamiento se acerca, los ciudadanos de la polis están a punto de llevar a cabo una asamblea que decida su lapidación, acontecimiento colectivo relatado en la tragedia a través de un mensajero, un acto que otorga muchas señales de cómo se manejaban los crímenes de sangre en apariencia irreconciliables en la cuna de la civilización; es decir, a ojos públicos, considerando atrocidades como la de Orestes de una manera universal.
Los sucesos comienzan así a adoptar un cariz vertiginoso. El culpable se enfrasca en diversas competencias (agon) verbales, ya sea con Menelao o con el viejo Tíndaro, padre de la asesinada Clitemnestra, planteando sus fundamentos para hacer lo que hizo y dejando ver que, junto a su hermana y Pílades, colaborador del crimen, merecen la vida. El remordimiento y la decisión de Orestes de salvarse a como dé lugar, la resignación de Electra, la corrupción de Menelao o el comportamiento errático de Febo (Loxias, Apolo), complementan los armados diálogos de los personajes, que exudan a cada verso esta completísima trama en donde la decadencia personal y social pone en entrevero la justicia de las instituciones o bien la que se toma por las propias manos.
ELECTRA
¿Quieres afirmar tus pies sobre la tierra,
dando pasos que hace tiempo no das? El cambio en
todo es agradable.
ORESTES
[Lo deseo] muchísimo. El andar alienta la creencia en
| la salud.
Y creer es mejor, aunque diste de la verdad.
El poeta trágico Eurípides (480 – 406 a.C.)
 Se puede extraer mucho más de este eterno depósito de datos sobre esta cultura de la cual el ateniense Eurípides fue gran exponente. Pero en este instante, por extensión, no corresponde. Sin embargo es preciso leerlo, entender la importancia de este clásico universal, sopesar la imposibilidad en esta situación de corresponder a la idea de que una obra teatral no lo es si no se la ve en escena. Si hasta el día de hoy resulta tremendamente valiosa, cabe imaginar cómo habrá sido presenciarla en los festivales teatrales dedicados al dios de la embriaguez Dionisio, cuando las obras dramáticas competían sobre el escenario representando a sus creadores, hace miles de años.
Mención aparte para la edición de Losada y la Colección Griegos y Latinos a la que pertenece Orestes: se podría decir que esta es una de las mejores, considerando entre ellas también a la útil Ediciones Cátedra. Este libro, como explica la profesora Nora Andrade (encargada de la traducción, introducción y notas), está hecho tanto para el público general como para los más especializados. Por ello las notas filológicas para aquellos que estudian y hacen exégesis de estos clásicos y las notas explicativas de cada nombre o detalle relevante, que acuden en ayuda del lector que recién se adentra en estas lecturas.
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