La mala educación. Ideas que inspiran al movimiento estudiantil en Chile (Fernando Atria)



La mala educación. Ideas que inspiran al movimiento estudiantil en Chile (2012)
Editorial Catalonia / CIPER Chile

ISBN: 9789563241143
Fernando Atria Lemaitre
186 páginas

Precio referecial: $8900


La educación es el desarrollo en el hombre de toda la perfección de que su naturaleza es capaz.
Immanuel Kant

Con prólogos de dos de los protagonistas de las masivas protestas estudiantiles del 2011, Giorgio Jackson y Francisco Figueroa, ex presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC) y ex vicepresidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH) respectivamente, este compacto libro es una especie de depósito de ideas, infaltable además para el que quiera entender cuáles son los argumentos que esgrimen los que defienden un cambio radical en el sistema educacional chileno.
Apoyándose en una vía que en cuanto a lógica y lucidez argumental es bastante limpia, Fernando Atria, abogado y profesor de la Universidad de Chile, desarrolla uno a uno los contrapuntos a los enunciados expuestos por el libro La buena educación presentado a fines del 2011 por la fundación Libertad y Desarrollo, el cual alude a los supuestos mitos que, según la organización, se estaban asentando en la discusión nacional en desmedro del discurso esclarecedor. Así es, una vez más llega al mundo editorial un caso de “contrapublicación”: Atria en contra de los postulados de Libertad y Desarrollo, partiendo por la absoluta inversión del adjetivo planteado en el título de su libro y terminando con un contenido estructurado en pos de la educación en los hombros del Estado.
Comenzando la obra con breves análisis referidos a cómo ha contribuido la movilización estudiantil al sentir del pueblo sobre la crisis de la democracia y la representatividad política, se da paso a los lugares comunes que alzan sobre el tapete los que, ya sea de uno u otro lado político, pretenden perpetuar —quizás por desidia, pero lo más probable es que por conveniencia— el orden construido por la dictadura de Pinochet en Chile.

Las palabras de este libro son las de un abogado que no acepta postulados oscuros, y por qué no, las de un abogado experto en temas de derecho constitucional y economía, quien desea dar en el blanco con toda la fuerza del método. Cada lugar común está basado en lo que ha visto que se ha dicho en diversos canales sobre la educación y la condición que esta debe tener. Por ejemplo, está aquella afirmación, tan manoseada en discusiones cotidianas y hasta por altos cargos de poder, que dice algo así como: “Que la educación sea financiada por el Estado es injusto, pues los ricos también serían financiados”. ¿Qué responde a esto el autor? Sin muchos detalles, que una afirmación tan tajante como esta olvida algo: el concepto de lo que es “progresivo” o “regresivo” para el desarrollo de un Estado y su educación, y además, el hecho de que un argumento como este suele invertir subrepticiamente los términos, mostrando el beneficio del rico como una carga indefectible.
Aquí cada lugar común es precisamente atendido, analizado y finalmente discutido a través de los conocimientos de Fernando Atria. 

Al identificar y redactar los lugares comunes, he intentado mantener su fuerza. Los he puesto como serían formulados por quienes creen en ellos, como yo los he oído no una, sino mil veces, como los repiten en “papers” académicos y en discusiones de sobremesa legos y “expertos”. Pero son todos falsos. Y no son solo falsos, son evidentemente falsos.

Multitudinaria protesta estudiantil en el Parque O’Higgins, Santiago,agosto 2011
 Vale destacar el concepto de “bullshit” al cual hace mención el autor en los diversos apartados que cierran el libro. Un concepto que toma prestado del filósofo Harry Frankfurt para referirse al libro La buena educación, afirmando sin ninguna especie de miramiento que aquel es bullshit, pues los argumentos allí usados para defender el sistema actual son incorrectos. Sí, válidos, susceptibles de ser publicados y expresados —dice él—, pero al fin y al cabo incorrectos, puesto que están hechos no en base a una exposición de buenas razones para conservar la educación chilena hoy en día, sino que para despistar utilizando cifras manipuladas o definiciones tergiversadas. Algo muy parecido a bullshitters desperdigando sofismas que, por sonar “atractivos” retórica o argumentalmente hablando, confunden y manipulan a la población.
Concluyendo, este es el tipo de texto que verdaderamente hace falta en el mercado, y que incluso puede ayudar —con razones— a cambiar el sistema si es que de alguna manera los estudiantes lo tienen presente o literalmente lo “llevan en la mochila” (como lo reconoce el mismo Giorgio Jackson en el prólogo). Con su claridad, ayuda a elevar la discusión, apartando los mitos y la verborrea hacia un lado y dando paso a la radiografía de una organización social que la mayoría de los políticos no quiere cambiar pero que cada año contribuye al descontento. Al descontento de los estudiantes, por supuesto, pero también al que sienten miles de familias chilenas que a raíz de la persistencia de este sistema deben ver cómo crecen sus deudas por tratar de pagar, año a año, un derecho que debería estar garantizado de antemano.

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