Ida y vuelta (Martín Caparrós y Juan Villoro)


Ida y vuelta. Una correspondencia sobre fútbol (2012)
Seix Barral (Planeta)
ISBN: 9789562476416
Juan Villoro (1956 – X) y Martín Caparrós (1957 – X)
192 páginas
Precio referencial: $11500


Jugamos como nunca y perdimos como siempre.
Dicho en algún lugar de Chile luego de la eliminación de la Copa América 2011 contra Venezuela

Juan Villoro y Martín Caparrós son dos escritores que se llevan un año de diferencia. Uno es mexicano y el otro argentino. Y a ambos les gusta el fútbol. Son estos los pocos ingredientes para dar vida a un libro que toca un tema polémico en el mundo actual, pero a la vez tan apasionante.
Borgesdetestaba el fútbol, al punto de declarar alguna vez que “es popular porque la estupidez es popular”. Camus lo respetaba realmente, de hecho llegó a ser portero en un club de Argel, e hizo conocida su frase que a primera vista parece tan antojadiza: “Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”. La Academia, por su parte, aborrece esta pasión de multitudes que desvía las luces hacia problemas insignificantes, oscureciendo los que hay que estudiar o resolver con urgencia. Por otro lado, las multitudes, estadísticamente hablando, la adoran, no por nada el tema más común —entre hombres al menos— es esa sufrida remontada del fin de semana, en que el delantero metió esa deslumbrante “palomita” al costado del arco en los descuentos, haciendo explotar el estadio.
¿Qué quiere decir todo esto? Que los creadores de literatura no tienen por qué estar alejados de los gustos mundanos, como el mismo fútbol, pues en ningún caso son radicalmente distintos a los demás o habitantes de otra esfera, y por ello existen dos como estos que se dedican a comentar el mayor evento futbolístico por medio de cartas, ácidas y burlonas muchas veces, serias y literarias otras.
Martín Caparrós y Juan Villoro
(…) en mi caso, siempre sospeché que el fútbol era el espacio de mi salvajería feliz. Me paso la vida tratando de pensar cosas, de tener cierta mirada sobre el mundo, de no perder el tiempo —en síntesis, soy muy insoportable, sobre todo para mí— salvo en esos momentos: durante dos horas un par de veces por semana toda mi atención, todo mi esfuerzo, todas mis emociones dependen de que ese cuero inflado pase o no pase una raya pintada en el suelo.
 La serie de misivas expuesta en este libro se publicó en el transcurso del Mundial de Sudáfrica 2010 en la revista colombiana SOHO y la mexicana Letras Libres. Escritas por un Villoro sedentario, con la televisión a la mano para ver los partidos, y un Caparrós nómade, que viaja por distintos países de África viendo los encuentros cuando la oportunidad lo permite, en estas páginas se presenta el porqué del fútbol desde la perspectiva de dos fanáticos. ¿Por qué hace gozar a tantas personas de los cinco continentes? ¿Por qué existen las que tienen un equipo favorito durante toda su vida y lo siguen, y se alegran cuando gana y se entristecen cuando pierde? ¿Por qué el tremendo desahogo que trae el potente grito de “¡gol!”? ¿Por qué diablos entretiene tanto ver una pelota rodar entre 22 hombres?
El texto toca diversas aristas en torno a esta temática. Caparrós, por ejemplo, reflexiona en cuanto a la hegemonía de los medios de comunicación con respecto a ver el fútbol: antes la posibilidad de presenciar un partido solo se encontraba en el estadio, y ahora, al contrario, basta con tener una radio con un “abuelo eufórico” relatando o una televisión exhibiendo cada detalle a millones de espectadores (como botón de esto, baste mencionar que para la final España – Holanda más del 90% de los televisores del país peninsular estaban encendidos transmitiéndola).
También Villoro coopera en esta especie de conversación deportiva con contenido. En cierto momento nos habla de las rivalidades intrínsecas entre los equipos y las hinchadas, contándonos cómo él le va al Necaxa y el Barcelona y no le va a sus rivales, y disfruta cuando ellos pierden. Al respecto, nos presenta el concepto alemán del Schadenfraude extrapolado a lo futbolístico: la satisfacción a partir de los infortunios del otro, esa que sienten los del River Plate argentino cuando pierden los archirivales de Boca Juniors, la de los argentinos cuando los brasileños caen —a lo que precisamente se refiere Caparrós cuando Brasil es eliminado por Holanda— o, a nivel chileno, el gozo de los hinchas de la Universidad de Chile cuando Colo Colo es eliminado de una Copa importante, o viceversa.

 

Sabes, por supuesto, que el fútbol se constituye por binomios, mellizos enemigos, rómulos y remos. Ser de uno es ser contra algún otro (…) El gol no está completo si no lo ven los enemigos, el esclavo o el amo de la dialéctica gastada. El binomio se ha establecido en todos los lugares futboleros —y, en general, uno de los equipos se supone burgués y el otro plebeyo, porque la diferencia se armó en una época en que esas dos culturas existían y se enfrentaban claras, belicosas. River y Boca, el Madrid y el Atleti, el United y el City, la Juve y el Torino.
Constantemente va quedando clara la razón por la cual los autores eligieron este evento para aludir al fútbol y sus implicancias. Y no es nada más que por la naturaleza de sus 64 partidos entre 32 países del orbe, es decir, selecciones con jugadores convocados para defenderla como sea, esforzándose por llegar colectivamente a las redes del arco contrario y hacer avanzar a sus equipos entre las distintas fases del torneo; eso es el Mundial. Un espíritu competitivo muy distinto, dicen los dos escritores, al que se da en el corrupto y fastuoso mundo de los clubes, donde el interés mercadista prima y las motivaciones son distintas, el dinero corre a raudales y sociedades anónimas se vuelven millonarias a costa de las piernas de otros, que también perciben grandes sumas.
Querido nómada que deja de serlo: sin nuestros favoritos en el campeonato, hemos pasado a una región espantosa: ¡ahora podemos ser objetivos!
Finalmente, este es uno de los pocos libros de no ficción en que la falta de objetividad se agradece, ya que sus dos autores a cada tanto basan sus ideas en sus subjetividades, más como hinchas del fútbol y buenos escritores que otra cosa, pues les cuesta muchísimo ser imparciales, y no lo son hasta el momento en que sus respectivas selecciones son eliminadas. A quienes les gusta el fútbol sabrán que esto es absolutamente comprensible: no por nada cuando se ve una patada evidente de un jugador del equipo que se sigue, cuesta reconocerla y no ver en ello una actuación teatral perfecta de la víctima. 
Quizás esa carencia de objetividad sea el fútbol: la emoción de ver la pelotita rodando por el césped, el grito tremendo, la pasión ciega.
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