El sur (Daniel Villalobos)

El sur (2012)

Daniel Villalobos

Los libros que leo
ISBN 978-956-9015-09-0
131 páginas
Precio referencial $8.990
      
     El sur es el primer libro de Daniel Villalobos. Es muy reciente, publicado recién el mes pasado. Eso me ha hecho posible leer varias críticas sobre él, de los pocos críticos de oficio que tienen alguna tribuna en un medio escrito tradicional. Las críticas han sido favorables, ello impulsó aun más mi lectura.
     El sur es algo que se queda a medio camino entre la novela y el volumen de cuentos. Al principio parece mucho más cercano a lo primero, sin embargo, su estructura fraccionada temáticamente, que va dibujando anécdotas casi desligadas una de la anterior, provoca esa sensación que, hacia el final del conjunto, nos hace considerar cada parcialidad como una unidad en sí misma, autoconclusiva, y por ende, uno queda con la impresión de que acaba de leer un grupo de cuentos con un único narrador.
Por eso escucho a Perales, me banco sus metáforas de colegio, sus teclados setenteros, su voz de profesor de música y vuelvo a tener diez años, vuelvo al sur, a esa casa donde el único ruido de noche era el rumor de la estufa a leña consumiéndose en la madrugada; vuelvo al perfil de mi madre escuchando la radio en la oscuridad y fumando un cigarrillo, mi madre sintiendo pena por cosas que mi hermano y yo no entendíamos, mi madre con una edad menor de la que tengo ahora, criando sola a dos hijos y escuchando música en la medianoche de un viernes. Vuelvo a pensar que no entiendo cómo de pronto se volvió todo tan cínico, cómo a veces uno era feliz y no se daba cuenta, cómo me he pasado años negando en público las cosas que me importan en privado.
     En este libro, su autor confecciona un relato (o conjuntos de relatos) que, otra vez, queda a medio camino entre la ficción y la realidad, utilizando un protagonista con su mismo apellido, un relato en primera persona (que lo hace aun más confesionario) y relatando hechos que, creo no equivocarme, parecieran tener directa consonancia con sus propias vivencias. Aunque esto que parece tan evidente (el hecho de que el autor esté contando su propia vida, ficcionandola un poco), no lo es tanto si consideramos que no sabemos de este más que su nombre en la tapa y que todo lo que dice ha seguramente pasado por el cedazo de su propia memoria, y luego, por el de la ficción.
     Uno de los puntos más altos de esta novela es su lenguaje desgarbado, exento de complejos, como si no tuviese ningún otro anhelo más que contar de la manera más inmediata aquello de lo que quiere enterarnos, que hace muy buena consonancia, además, con aquel sentido extraño, aquella inusual doble sensación que producen las evocaciones del protagonista hacia ese sur que añora, que extraña, pero que lo extraña con una cuota importante de rabia, como identificación directa de sus muchas trancas, así como de algunos malos recuerdos.
Venía a darse una vuelta a la salita con pegatinas de Jesús y los discípulos, a explicarnos que la Biblia era una cosa muy seria y «aunque algunos» encontraran que Dios mandando a Abraham a matar a su hijo y luego abortando la misión era algo muy gracioso, no lo era en absoluto.
Qué aprendimos de esta historia, preguntaba el pastor.
Yo aprendí que Dios era un conchadesumadre de cuidado, pero eso no se podía decir.
     El conjunto resulta en una especie de anecdotario de la nostalgia, una nostalgia a veces rabiosa, que conserva una cuota de reticencia hacia ese pasado pero, sin embargo, igualmente hay un cariño hacia todo aquello, porque claro, es lo propio, lo que define o ha marcado la existencia del narrador, y en ese doble juego radica una belleza que distingue a este conjunto.
     Quizás lo único que se le pueda sacar en cara a este libro es la débil ligazón entre un relato y otro, más allá de poseer un mismo narrador, un vínculo claro que sostenga la idea de un único conjunto, con una tensión común y no parcializada. Entonces, lo dichose logra o no dependiendo de cada unidad, y aun así hay algunos relatos que no se sustentan a sí mismos sino que dentro del contexto. Esto que menciono lo hago, más que nada, para también dar cuenta de sus posibles bemoles y que no parezca que hago un examen sesgado de este libro, y que, por demás, este detalle no es suficiente para deteriorar la calidad del total.
     Mención especial merece la edición de la editorial Los libros que leo: bellísima, bien cuidada, que produce ganas de tocar, palpar este libro, que provoca buscarlo en la estantería y leerlo. Un muy lindo trabajo de edición.

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