Gracia y el forastero (Guillermo Blanco)

Gracia y el forastero (1964)

Editorial Zig Zag (61ª edición, 2005)
ISBN 956-12-1280-3
Guillermo Blanco (1926 – 2010)
170 páginas
Precio referencial: $ 4.000
     
     El ejemplar que tengo en mi mano me dice que esta es la edición número 61 de esta novela. Sí, en un país donde poco y nada se lee, desde el año 1964 a esta parte se ha reeditado y agotado 60 veces esta novela titulada Gracia y el forastero. ¿Por qué? ¿Cómo es posible que un libro que no cumple, en apariencia al menos, ninguno de los requisitos básicos para convertirse en un Best Sellerde pronto explote en tal cantidad de tiradas de imprenta agotadas? Mentiría si dijera que tengo la respuesta inequívoca, mentiría.
     Pueden ser tantas cosas: su historia juvenil, de jóvenes enamorados, tan simple y al mismo tiempo tan compleja, la inmediatez con la que la temática puede alcanzar a cualquier lector de cualquier edad, no solo a uno joven. Quizás sea su tenor, la forma en que está escrito, esa aparente simpleza en el habla que permite que la comunicación entre la novela y el lector sea tan fluida, amena incluso. No lo sé. Quizás sea un poco de todo. Quizás esto mismo es lo que lo ha llevado a convertirse casi en lectura obligatoria para los adolescentes que cursan su educación básica en los colegios de Chile (cosa que explica buena parte de su tiraje, pero no el hecho de que haya llegado a ser valorada al nivel que lo es).
     Guillermo Blanco, el mismo de Revolución en Chile, se despacha en esta entrega una novela que cumple todos los requisitos para ser catalogada soo de juvenil, pero que de la misma manera pugna por escapar sin aspavientos de ese margen, y no por el tratamiento temático sino que por la virtuosidad con la que acomete a dicha narración.
¿Cómo puedo decir que Gracia era bella sin decir: “Era bella”, ni cómo puedo decir que su voz era tibia sin decir: “Su voz era tibia”? No es culpa mía que el uso haya reblandecido los adjetivos, que las palabras se han hecho débiles, o que los oídos se hayan puesto duros a ellas.
Pero donde yo digo amor, digo todo el amor.
Donde digo mujer, digo todo lo que es la mujer.
Donde digo que había magia, o milagro, es porque no hay otros términos para describirlo.
¿Y qué importa, entonces que yo sea adolescente? ¿Siento, sufro, vivo menos por eso? ¿Ha dejado, por eso, de ocurrirme cuánto ha ocurrido?
     Es la historia de dos jóvenes que se enamoran desbordantemente, sin medida alguna, al borde de una playa. Se quieren, se enamoran —como ya dije— creyendo, como suele pasar a dicha edad temprana, que aquel es el amor único para toda la vida, que luego no habrá más y que no deben escatimar esfuerzos ni arrojo para conseguir estar juntos. Porque sí, claro que habrá una barrera y, como es típico en el estilo que aborda esta novela dicha oposición será el padre militar de la muchacha, basándose en la diferencia social existente entre ambos jóvenes; él, parte de una familia pobre y sin abolengo alguna, él, dueño de la arrogancia propia de los altos rangos militares.
Habría sido absurdo tratar de explicarle lo que yo entendía por patria. Hablarle, por ejemplo, del mar, de la gente humilde, del campo eglógico y tranquilo —que no es, no debe ser, campo de batalla—, del camino de Castuela a San Millán —que para él era incómodo y para mí era bello—, de Santiago… También de la bandera, pero no agresiva, no encerrada en hoscas bayonetas ni rodeada de cañones, sino flameando, quieta, noble, indeciblemente alegre, en lo alto de un mástil, frente a la cordillera o al mar, o contra el cielo. Y algún lugar apacible del bosque. Y Gracia. La poza donde ella arrojara el anillo. Mi casa, tan vieja y tan humilde y tan nuestra… Todo lo que constituiría mi nostalgia si estuviese fuera, lejos. Las cosas que formarían mi dolor en un país extraño…
     Sería un despropósito detenerme mucho más en la anécdota que constituye el relato. Si son lectores adultos, un tanto avezados, pueden suponer fácilmente que a esa oposición se sucederá una tragedia y de la tragedia el desenlace. No esperen ser sorprendidos. Y ojo, todo está muy bien urdido, no pretendo menospreciar la historia, aunque esta claramente no resulte novedosa más que por el escenario.
     Pero detengámonos en lo que le ha dado mayor valor a esta narración y es la manera en que se ha contado. El autor ha usado la primera persona, acercándonos así  a la carne misma del protagonista sufriente, un joven que es un extraño para su edad por la madurez extrema que demuestra en sus raciocinios, aunque también cae en los actos temperamentales que sería más fácil justificar. Es la prosa la que descuella. La que asume exitosamente la problemática del problema lingüístico manido, la de las frases clichés, la de la misma temática baladí. Guillermo Blanco logra el tono íntimo, apenado, en esta historia que es un gran raccontodonde subyace la sensación de angustia por el ser querido, por la perdida, por la soledad y la falta de esperanza o fe. Desde aquel artilugio literario cambia la perspectiva de la historia desde la simple constatación de la anécdota (lo que sería más propio del estilo romántico-juvenil) hacia la introspección de los sentimientos del joven protagonista.
     Como corolario quiero expresar que este relato es transversal. Los más jóvenes por supuesto que disfrutarán y se sentirán ligados a aquella trágica historia de amor adolescente. Los adultos también la disfrutarán, no hay por qué sonrojarse. Pero la belleza de la prosa será un excelente camino por el cual conducir a los más pequeños y un trayecto por donde los lectores más exigentes podrán recorrer y encontrarse varios parajes de una belleza muy bien lograda.
¿Te gustó este artículo?
Written By
More from G. Soto A.

Memorias prematuras (Rafael Gumucio)

Memorias prematuras (1999) Rafael Gumucio (1970)
Read More

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *