El vaso de leche y sus mejores cuentos (Manuel Rojas)

El vaso de leche y sus mejores cuentos (recopilación 1959)
Manuel Rojas (1896-1973)
Editorial Nascimento 
N° Inscripción 2945-1959
233 páginas
Precio referencial:  $ 6.000
—¡Bah! Primero la palomilla y ahora los ladrones… Se juntó el hambre con las ganas de comer.
     Qué fácil sería para un hombre como Manuel Rojas, quien vivió en carne propia historias similares a las que luego escribió a través de sus novelas y cuentos, haber hecho un retrato de Chile en cada una de sus líneas, un retrato de carácter político, convirtiendo a la literatura en un medio, en un pasquín de denuncia social. Qué simple para ese hombre que trabajó cuidando lanchas en el puerto, tal como el protagonista de su nouvelle Lanchas en la bahía, aquel que cruzó la cordillera de los Los Andes a pie, tal como el mapuche de su cuento “Laguna”, contenido en esta recopilación , o tantas y cualquiera otra de sus historias. Fácil habría sido tomar aquel camino consabido, tan manido, tan efectista. Pero de alguna manera extraña, de una forma que no se explica a través de la lógica, este autor chileno, anarquista, buscó en su manera de escribir algo más allá que convertir a la literatura en una medianía y, en cambio, se abocó a ella como también se arrojó a las calles de Chile, a vivir.
     ¿Quién fue Manuel Rojas? Él fue un inabarcable, un hombre que tuvo los más diversos e insospechados oficios, un autor que fue capaz de ver más allá de lo que existía bajo su nariz: el criollismo tan enraizado en nuestras letras. Fue Manuel Rojas quien, haciéndose a sí mismo de manera completamente autodidacta, espoloneó nuestra literatura nacional para hacerla avanzar más allá, incorporando la vida diaria del hombre sufriente a sus renglones, del hombre común, del hombre del pueblo. Y no se limitó sólo a eso, sino que lo hizo a través de una prosa depurada, con reales recursos literarios, al punto de ser quien introdujo por vez primera en las letras nacionales el monólogo interior.
     La edición de la presente recopilación de cuentos estuvo a cargo de una editorial desaparecida hoy por hoy. En ella se reúnen una serie de relatos que cualquier persona que haya estudiado en estas tierras seguramente ha leído alguna vez como parte de su formación académica básica… y luego ha olvidado. Porque sí, otra vez estamos frente a uno de esos autores magistrales que ha sido llevado al canon de “Lectura complementaria” para ser olvidado en lecturas adultas, serias, formales. Gran error nuestro.
      Las historias que recopila esta edición son todas de excelente factura, de lo mejor de Rojas. Tenemos entre ellas, solo por destacar algunas, “El delincuente”, la historia del ladrón que es descubierto desvalijando a un ebrio a la entrada de un conventillo y que luego, por ese hecho, es conducido por dos hombres a la policía. Ahí pasan la noche esperando que aparezca el mandamás, mientras tanto van conociendo al ladrón, viéndolo tan humano, tan hombre como ellos, ellos que también son pobres y luego, una vez que por fin pueden irse a dormir lo poco que queda de noche a sus piezas ruinosas, les queda esa sensación amarguísima de haber hecho algo injusto, incorrecto, a un igual. El cuadro es de una belleza exquisita, contado de una manera precisa, sin aspavientos; “simple” se diría si desconociésemos lo difícil que es lograr aquella falta de afectación que significa pulir el lenguaje hasta hacerlo parecer simple.

Y después, el regreso en el alba, patrón, el regreso a la casa; cansados, con los rostros pálidos y brillantes de sudor, sin hablar, tropezando en las veredas malas, con la boca seca y amarga, las manos sucias y algo muy triste, pero muy retriste, deshaciéndose por allá dentro, entre el pecho y la espalda.
     O “Canto y baile”, la historia que se sitúa en una de esas tantas casas de remolienda que hubo alguna vez en Chile, dentro de la misma ciudad. Aquellas donde lo más marginal de nuestra sociedad (y lo no tanto también) se reunía a derrochar el dinero a manos llenas, con baile, canto, mujeres, vino. Donde también se daban las peleas más brutales, los golpes más asesinos, empuñando siempre un cuchillo. Fiel reflejo de una época que, con sus vicios y virtudes, ha quedado en nuestro pasado reciente.
     Qué decir como corolario. Es difícil abarcar las historias en una sola reseña, no solo por su gran factura sino que también por la amplitud de su registro, de sus temáticas, pasando por el relato de suspenso fantástico del sacerdote en “El hombre y la rosa“, hasta la historia infantil pero adultamente humana de “El león y el hombre“.
    Es tal la complejidad de Manuel Rojas como autor. Es tan extraño su trayecto. Es tan especial su obra, de tal calidad, que no solo debiésemos leerlo por completo, si no que prácticamente deberíamos estudiarlo así como aprendemos de cualquier otro gran clásico, para poder entender con fidelidad el por qué de su obra, no solo dentro del contexto de la obra misma sino que de su vida como escritor y de la época en que le tocó vivir.
      Otro esencial.
 
Como entiendo que puede resultar difícil hacerse de exactamente esta misma edición que acá comento, les dejo el nombre de los cuentos que en él aparecen:
Laguna
El delincuente
El vaso de leche
Un ladrón y su mujer
El colocolo
Canto y baile
El hombre de la rosa
El bonete Maulino
El león y el hombre
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